DESDE MI MUNDO
- Por Carlos Mariano Nin
- Columnista
Vamos terminando esta semana con una sobrecarga de estrés. Generalmente a todos nos sucede. El tiempo parece acelerarse y detenerse cuando vamos llegando al fin de semana. El tiempo frío, caluroso, los baches, el tráfico, el colectivo, todo parece atentar contra nuestra supervivencia, o al menos, siendo menos exagerados, contra nuestra paciencia.
La cosa no termina en las cuentas o el tráfico, el frío o el calor. Si debemos recurrir a una institución pública la cosa se complica hasta el hartazgo.
Pareciera ser que la primera condición para la contratación de gente en la función pública es el “maltrato profesional” en la mayoría de los casos, personas autosugestionadas a hacernos pasar un mal rato. Porque sí nomás. No hay explicación alguna. Sucede aquí y allá.
Me cuenta un amigo que en una institución que atiende a pacientes especiales, los funcionarios no están preparados para atender a personas con discapacidad.
Es fundamental que el trato sea, cuando menos, afable. Las personas vulnerables muchas veces no entienden o sufren cuando además de no poder expresarse con claridad los funcionarios que las atienden no las entienden, y eso lleva irremediablemente al maltrato y la frustración. Muchas veces quedan esperando horas por atención. Es inhumano. Desagradable. Cruel.
Muchas veces, este caso es solo un ejemplo, debemos protestar con fuerza. No hay que tener vergüenza porque el salario de esas personas lo pagamos todos. Sí, lo pagás vos, lo pago yo, lo paga el paciente del hospital público y el que pide permiso en su trabajo para ir a pagar la luz o el agua.
Nadie, por más grande que sea su cargo, tiene el derecho de tratarte mal. Quienes trabajan en la función pública nos deben respeto, atención digna y eficiente porque tienen el deber, es su obligación y quienes no lo hagan están violando los preceptos fundamentales de los DD. HH.
Hoy arrancate la mordaza. Gritá si tenés que hacerlo, que otros te escuchen para que reaccionen y esos funcionarios sean sancionados con todo el peso de la ley.
Todos lo merecemos. Yo lo pienso así. Pero claro... esa es otra historia.
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“Hijas del Bosque”, la iniciativa paraguaya que conquista Iberoamérica y emociona al mundo
Hijas del Bosque, del Centro Educativo Mbaracayú, fue distinguido con el segundo puesto en el IV Premio Iberoamericano de Innovación y ODS, posicionándose como uno de los proyectos educativos más inspiradores de la región por su impacto en la vida de jóvenes rurales e indígenas.
¿Puede la educación cambiar el destino de una generación cuando nace en el corazón de la selva? Si, y esto se observa desde el mismo corazón del Bosque Mbaracayú, con la iniciativa “Hijas del Bosque” que vuelve a poner a Paraguay en el mapa de la innovación educativa internacional, demostrando que las grandes transformaciones no siempre nacen en las ciudades, sino en los territorios donde la educación se convierte en oportunidad real de vida.
Recientemente, el proyecto del Centro Educativo Mbaracayú obtuvo el segundo puesto en el IV Premio Iberoamericano de Innovación y ODS, un reconocimiento que reúne a las iniciativas más destacadas de toda Iberoamérica en educación, inclusión y desarrollo sostenible.
El galardón fue otorgado el 15 de abril de 2026 por la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI) y el Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes de España. El premio incluye una dotación de 5.000 euros destinados a fortalecer el modelo educativo del centro.
Pero detrás del reconocimiento hay una historia más profunda que refleja la vida de jóvenes mujeres rurales e indígenas que encuentran en la educación una herramienta concreta para cambiar su futuro. Hijas del Bosque no es solo un programa educativo, sino un modelo que impulsa liderazgo, igualdad de género y conciencia ambiental en el entorno de la Reserva Natural del Bosque Mbaracayú.
Silvani Giménez, directora académica del Colegio Mbaracayú, mencionó que “este premio representa mucho más que un proyecto; es un reconocimiento a cada joven mujer que se animó a soñar con un futuro distinto. Hijas del Bosque demuestra que la educación con un enfoque alineado a los ODS transforma vidas, comunidades y generaciones”.
El jurado internacional destacó especialmente su impacto social, la inclusión, la creatividad y su capacidad de replicarse en otros contextos. En el caso del proyecto paraguayo, se subrayó su aporte directo a mejorar las oportunidades educativas y laborales de cientos de jóvenes, muchas de ellas primeras graduadas en sus familias.
Hoy, Hijas del Bosque no solo representa un premio internacional. Representa una idea más poderosa: que desde un rincón del Bosque Mbaracayú, Paraguay está construyendo un modelo educativo que emociona, inspira y demuestra que el futuro también puede crecer entre árboles, comunidad y esperanza.
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Lanzan Hippy Empresas: herramientas sobre educación temprana para padres trabajadores
- Fotos: Mariana Díaz/Gentileza
La plataforma que ayuda a empoderar a los padres en la educación de sus hijos pequeños pega el salto de los hogares a las empresas, ofreciendo herramientas educativas valiosas a los trabajadores con niños de entre 2 y 5 años. Te contamos todo sobre esta nueva propuesta de Hippy, el revolucionario programa de educación temprana que llegó desde Israel para apoyar el fortalecimiento de las familias paraguayas.
El nuevo modelo Hippy Empresas busca acercar herramientas educativas a las familias trabajadoras a través de alianzas con empresas comprometidas con el bienestar de sus colaboradores.
Hippy (Home Instrucción for Parents of Preschool Youngsters) es un programa educativo presente en 15 países y con más de 50 años de trayectoria, que trabaja fortaleciendo el rol de los padres como principales educadores de sus hijos durante los primeros años de vida.
En Paraguay, el programa acompañó hasta la fecha a más de 900 familias en distintas comunidades del país, promoviendo el desarrollo del lenguaje, la alfabetización temprana y habilidades socioemocionales en niños de 2 a 5 años.
El programa internacional de educación temprana desarrollado en Israel, Hippy Paraguay, anunció el lanzamiento oficial de Hippy Empresas, una iniciativa que busca sumar al sector privado como aliado estratégico para fortalecer a la primera infancia y apoyar a los colaboradores que son padres de niños aún muy pequeños.
Hippy (Home Instrucción for Parents of Preschool Youngsters) es un programa educativo presente en 15 países y con más de 50 años de trayectoria, que trabaja fortaleciendo el rol de los padres como principales educadores de sus hijos durante los primeros años de vida.
En Paraguay, el programa acompañó hasta la fecha a más de 900 familias en distintas comunidades del país, incluyendo comunidades de: Luque, Paraguarí, Cambyretá, Chaco, Remansito y Concepción, promoviendo el desarrollo del lenguaje, la alfabetización temprana y habilidades socioemocionales en niños de 2 a 5 años.
María Laura Duarte, directora general de Hippy Paraguay, destacó a La Nación/Nación Media que esta herramienta se enfoca en padres, ya que no existe nada más significativo que el aprendizaje que viene de los mismos. “El vínculo con papá y con mamá o un cuidador puede ser un propulsor del aprendizaje o una barrera, ya que es el canal más importante”, explicó.
EMPRESAS QUE APUESTAN POR LAS FAMILIAS
El nuevo modelo Hippy Empresas busca acercar herramientas educativas a las familias trabajadoras a través de alianzas con empresas comprometidas con el bienestar de sus colaboradores.
“Creímos que sería importante sumar al sector privado a esta cruzada por la primera infancia, ya que sabemos que funciona en el mundo y también en Paraguay, y poder contribuir a la comunidad y al funcionamiento interno de la empresa”, mencionó.
A su vez, indicó que las actividades de Hippy cuentan con un triple impacto ya que se realiza la estimulación en niños, el acompañamiento y capacitación a padres, y brinda empleabilidad con enfoque de género. “Las empresas hoy en día necesitan tener un proyecto de responsabilidad social empresarial y Hippy tiene un valor agregado de trabajar con los colaboradores, contribuyendo a la educación del país, pero también creando un espacio de bienestar para sus colaboradores”, mencionó.
APLICACIÓN EN CECON
El primer plan piloto se implementó en Cecon, empresa de materiales para la industria de la construcción, donde 15 familias participan del programa a través de un modelo híbrido, que combina encuentros dentro de la empresa con visitas domiciliarias.
Al respecto, Romina Vera, gerente de Talento y Cultura de Cecon SAE, mencionó a LN/NM que ya llevan adelante el segundo año de implementación, y a través del programa los padres se involucran en la educación de sus hijos dentro del hogar. “La idea es terminar esta primera camada que empezó el año pasado su formación y el año que viene duplicar ya que con la aplicación dentro de la planta empezaron a aparecer nuevos interesados”, dijo.
Igualmente, subrayó que además se realizó la formación de dos tutoras que son esposas de los colaboradores que fueron identificadas para adquirir conocimientos para luego ser capacitadoras y que hoy ayudan a implementar el programa dentro de la empresa.
FRIGORÍFICO VICTORIA COMENZÓ ESTE AÑO
El programa amplió esta experiencia junto al Frigorífico Victoria este año, empresa paraguaya dedicada a la comercialización y exportación de productos cárnicos, donde el acompañamiento a las familias se realiza principalmente dentro de la empresa en horario laboral, complementado con visitas domiciliarias esporádicas para mantener la esencia del modelo.
Estas experiencias buscan explorar nuevas formas de acercar el programa a las familias trabajadoras sin perder los principios fundamentales de Hippy: presencia, participación y progreso en el aprendizaje de los niños.
Yrene Páez, gerente de Recursos Humanos y Responsabilidad Social del Frigorífico Victoria, mencionó que se realizó una preselección de 54 familias y 7 tutoras que son colaboradoras del frigorífico que tendrán a su cargo a las familias. “El lunes pasado arrancamos con el programa y esto va hasta noviembre”, comentó.
Resaltó que mediante Hippy se logran momentos de calidad y los padres se involucran en la formación y desarrollo de sus hijos, mientras que el beneficio para la empresa es el mayor compromiso y facilidad para la retención de los colaboradores, el impacto social, y el desarrollo comunitario de las zonas vulnerables.
INVERSIÓN EN BIENESTAR FAMILIAR Y DESARROLLO DEL PAÍS
El programa parte de una realidad cada vez más visible: muchos padres enfrentan el desafío de equilibrar las demandas laborales, con el acompañamiento educativo de sus hijos durante los primeros años de vida. A través de actividades simples que pueden realizarse en pocos minutos al día, Hippy ayuda a los padres a transformar momentos cotidianos en oportunidades de aprendizaje y desarrollo para sus hijos.
Además de beneficiar a los niños, iniciativas como esta también generan impactos positivos para las empresas, contribuyendo al bienestar familiar de los colaboradores, al fortalecimiento del vínculo entre familia y trabajo, además de una cultura organizacional más comprometida con el desarrollo social.
INVITACIÓN A NUEVAS EMPRESAS
Hippy Paraguay invita a empresas interesadas en fortalecer el bienestar de sus colaboradores y contribuir al desarrollo de la primera infancia a conocer esta iniciativa y explorar posibles alianzas. El objetivo es que cada vez más familias puedan acceder a herramientas que les permitan acompañar el aprendizaje de sus hijos desde los primeros años de vida.
SOBRE EL PROGRAMA HIPPY
Hippy (Home Instrucción for Parents of Preschool Youngsters) es un programa internacional de educación temprana que fortalece el rol de los padres como primeros educadores de sus hijos.
El modelo combina materiales educativos, acompañamiento semanal y talleres para padres, promoviendo el desarrollo del lenguaje, habilidades cognitivas y socioemocionales en niños de 2 a 5 años. Actualmente el programa se implementa en 15 países y ha alcanzado a más 600.000 familias en todo el mundo.
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Datos, empleo y migración: los desafíos estructurales que enfrenta Paraguay
Paraguay enfrenta un desafío clave para mejorar la calidad de sus políticas públicas, fortalecer su sistema estadístico y avanzar hacia estándares internacionales como los que exige la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
Así lo planteó el director del Instituto Nacional de Estadística (INE), Iván Ojeda, quien advirtió que el país debe producir más y mejores datos para tomar decisiones más precisas.
En ese sentido, explicó que Paraguay ya cuenta con una Estrategia Nacional de Desarrollo Estadístico, pero que el principal reto es consolidar su implementación. Esto implica fortalecer los registros administrativos, como las cédulas de identidad o fichas sociales, estandarizar indicadores y aumentar la producción de estadísticas.
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“Tenemos que ser más transparentes y mejorar la calidad y frecuencia de la información”, dijo a Unicanal. Este proceso cobra aún más relevancia en el marco del llamado “desafío OCDE”.
Ingresar a este grupo de países, considerados entre los más avanzados en materia de desarrollo, exige no solo mejores datos, sino también estándares más altos en políticas públicas. Según Ojeda, este camino obligará a Paraguay a mejorar en áreas clave y a sostener información continua y comparable a nivel internacional. “No es solo tener datos, sino tenerlos con frecuencia y calidad”, señaló.
Migración
En paralelo, el análisis de datos también permite entender mejor fenómenos estructurales como la migración. De acuerdo con el INE, en los últimos 20 años salieron del país unas 700.000 personas más de las que ingresaron, especialmente entre 2002 y 2014, periodo en el que la economía era más pequeña, con un producto interno bruto (PIB) cercano a los USD 8.000 millones. Hoy, con una economía que supera los USD 43.000 millones, la tendencia comenzó a cambiar.
Los principales destinos de los paraguayos siguen siendo Argentina y España. En este último caso, el crecimiento fue significativo: de apenas 2.000 paraguayos en 2002 a unos 127.000 en la actualidad, en su mayoría mujeres jóvenes. Sin embargo, desde 2014 se observa una desaceleración en la salida de compatriotas, lo que, según Ojeda, refleja una mejora en las oportunidades dentro del país.
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Inteligencia artificial y educación: avanzar con criterio nacional
- Dr. José Duarte Penayo
- Filósofo. Presidente de la Aneaes
Pocas discusiones condensan hoy el problema del desarrollo como la relación entre inteligencia artificial y educación. Allí convergen la disputa por el capital humano del futuro, la capacidad de los Estados para gobernar la aceleración tecnológica, la defensa de la soberanía cultural y la posibilidad de que nuestros sistemas educativos dejen de correr detrás de los cambios vertiginosos de la época.
Para países como el nuestro, esta cuestión es un tema que exige un debate nacional de forma urgente, porque de la forma en que ingresemos en esta transformación dependerá la calidad de nuestra formación, así como el tipo de inserción productiva y cultural que el país logre construir.
Como señalan Reimers, Azim, Palomo y Thony en su libro Artificial Intelligence and Education in the Global South: A Systems Perspective, publicado por Springer Nature en 2026, la inteligencia artificial puede ampliar capacidades pedagógicas, aliviar cargas docentes, producir materiales contextualizados, personalizar apoyos y hacer más eficiente la gestión del sistema en el denominado “Sur Global”.
Sin embargo, sus potencialidades positivas se pueden materializar si y solo si su adopción se articula con estrategias públicas de conducción, formación docente, evaluación y adaptación a contextos concretos.
Por citar algunos ejemplos del trabajo mencionado, en el Uruguay, el centro de innovación educativa con tecnología Ceibal contribuyó a ordenar la discusión regional con marcos para enseñar inteligencia artificial y para enseñar con inteligencia artificial, subrayando que el punto no es el dispositivo aislado, sino su integración pedagógica y ética.
En Brasil, Nova Escola desarrolló una herramienta accesible por WhatsApp que permitió a más de 15.000 docentes generar más de 63.000 planificaciones, reduciendo tiempos de preparación y ampliando apoyos para la práctica docente.
En Mali, la iniciativa RobotsMali utilizó IA para producir más de 180 libros infantiles en lengua bambara en menos de un año, mostrando que la innovación también puede servir para fortalecer lenguas y contextos locales, no solo para importar contenidos ajenos.
A las experiencias anteriores debemos sumar un aporte fundamental para nuestra realidad. Se han documentado casos en los que la baja conectividad y otras carencias de infraestructura tecnológica no bloquean la posibilidad de innovar.
Iniciativas como Kolibri, que utiliza un modelo diseñado para funcionar sin internet, junto con Artificial Intelligence in Education Unplugged en Brasil, han logrado resultados comparables en escuelas rurales y urbanas. Estos ejemplos demuestran que los contextos de conectividad restringida ofrecen vías legítimas para integrar estas herramientas con un criterio de inteligencia y equidad.
Los autores sostienen que la integración de estas estrategias debe estar anclada en los contextos locales. En el caso del Paraguay, el desafío trasciende la mera adaptación a las tendencias globales. Nuestra realidad nacional exige una incorporación soberana de la inteligencia artificial fundamentada en el criterio propio y en el resguardo de la identidad cultural.
Resulta indispensable atender a los sesgos algorítmicos y promover la alfabetización digital para asegurar que el proceso responda a las necesidades del entorno. Estas condiciones evitarán que la adopción de soluciones externas imponga modelos extraños a nuestras lenguas y a nuestro proyecto de país.
Abordar con seriedad la inteligencia artificial en el ámbito educativo requiere distanciarse tanto de las posturas apocalípticas como de los entusiasmos eufóricos. No alcanza con repetir advertencias terminales sobre el dominio tecnológico, como plantea Éric Sadin en L’intelligence artificielle ou l’enjeu du siècle, donde observa en la IA una forma de desplazamiento progresivo de lo humano por la racionalidad técnico-industrial.
Asimismo, conviene evitar la celebración acrítica de cada innovación como una promesa automática de emancipación, como ocurre en el Techno-Optimist Manifesto de Marc Andreessen, que presenta el avance tecnológico como fuente casi intrínseca de crecimiento, bienestar y expansión de la vida.
Entre la desconfianza absoluta y la fe ciega en la tecnología, hay un espacio más difícil, pero fecundo. Se trata del lugar de la conducción pública, del discernimiento pedagógico y de la deliberación nacional sobre qué usos deben promoverse, cuáles deben regularse y qué límites son necesarios para alcanzar un objetivo de bien común.
Ese punto obliga, además, a romper con cierto “pedagogismo dominante” que durante años degradó la discusión educativa, sustituyendo contenidos por consignas metodológicas vacías.
La inteligencia artificial puede ayudar a personalizar la enseñanza, pero no puede convertirse en un nuevo pretexto para licuar la exigencia intelectual. El Paraguay requiere una modernización ambiciosa que sea fuerte en ciencias, historia, lengua y formación del juicio crítico.
La inteligencia artificial abre la posibilidad de superar la estructura lancasteriana de la enseñanza, en la que una misma secuencia, el mismo ritmo y la misma explicación se implementan para grupos heterogéneos. Es posible trascender esa uniformidad sin renunciar a la escuela como institución pública fundamental. Las nuevas herramientas favorecen la existencia de apoyos diferenciados, materiales con distintos niveles de complejidad, retroalimentación más frecuente y un seguimiento más fino de trayectorias.
Además, pueden reposicionar la autoridad del docente y redefinir su centralidad, ya que el educador deja de ser un mero facilitador de contenidos homogéneos, para convertirse en un mediador intelectual, curador de materiales, intérprete del contexto, corrector de errores y orientador cívico del aprendizaje.
La incorporación de la inteligencia artificial a la educación paraguaya ya es un hecho, su uso ha sido introducido de la mano de estudiantes y docentes, pero sin mayores guías ni reflexiones institucionales sobre su implementación. Por ello, es urgente establecer un criterio nacional que permita fortalecer la alfabetización crítica y la revisión de los perfiles curriculares en función de un proyecto de desarrollo del país. La cuestión de fondo ya no es si Paraguay debe o no ingresar a esta agenda; el dilema central radica en la forma en que se integrará a ella. El país debe decidir entre actuar como un consumidor de soluciones ajenas o consolidarse como una nación capaz de conducir la tecnología según sus propias necesidades históricas, fortaleciendo con ello su identidad, su democracia y su proyecto común de desarrollo.