Lo que nos interesa nos genera una constante generación de pensamientos. Estos forman parte del equipaje que llevamos mientras socializamos. La imagen de una maleta puede graficar la cosa material que se utiliza para trasladar pertenencias y representa de alguna forma aquello que se ha colocado conforme a las necesidades que serán satisfechas cuando se usen. Solo que en esta concreción de lo tangible es preciso ahondar un poco más, y es ahí donde hay espacio para detectar que el utensilio de mano está repleto de operaciones mentales.
Lo intangible también ingresa en el acervo que contiene el elemento de transporte. Hay en la intimidad un conjunto de valores que requieren una consciente atención. El cuidado permanente de la esencia que vive en el ser que los ejercita. En esa puesta en movimiento de un lugar a otro van los enseres útiles para los fines propuestos, y siempre habitan los sentimientos que sujetan la fluidez de los momentos que se viven. El efecto de sentir cada paso genera una valoración permanente de lo que se transita, por lo tanto todo lo que permite el pasaje de un hecho tiene su impronta significativa.
Sean cortas o largas las distancias por andar, sean pocas o muchas las horas para estar, sean pequeñas o grandes las ciudades que habitar, es el ser humano en su plenitud el que le otorga sentido al pasar. Entonces los bultos que se portan pueden ser vistos desde afuera, más lo que hay dentro forma parte de lo hondo, de lo intrínseco, de lo personal. Y se constituye en lo que impulsa las obras que se hacen y las que se realizarán. En las maletas van las ilusiones que exigen y exigirán esfuerzos concretos para ser cumplidas.
Las decisiones de qué colocar en una maleta activan el sistema de elección de conexiones entre deseos, planes, tareas, previsiones y tiempos. Las emociones tienen su espacio y marcan las preferencias que irán sucediéndose en el devenir de las circunstancias. Por lo cual al centrarse en el pensar, que construye la capacidad de abstracción, pueden orientarse una y otra vez hacia los cometidos fijados que motivaron la puesta en marcha.
Lo que nos afecta nos induce hacia aquello que nos interesa y es lo que también está en el equipaje de la vida. Eso que nos conmueve nos empuja imperiosamente a colocarlo entre las prioridades emotivas que nos acompañan durante el día. El otro también tiene su bagaje existencial y está repleto de sensaciones que estimulan su vitalidad. En el convivir se acrecientan las razones para aportar lo que cada uno lleva consigo, dando lugar a la constante renovación de los sueños que están en los diversos acervos que los contienen.

