Seguimos atravesando por una de las crisis económica y social más complejas de los últimos años, afectando al normal desenvolvimiento y evolución de nuestra macro y microeconomía.

Resulta preocupante la situación de pobreza y extrema pobreza por la que pasan millones de compatriotas, además de los elevados niveles de desocupación, que fueron agravados por la última pandemia sanitaria, en un mercado pequeño como el nuestro, donde la evolución de la gestión económica-financiera de las empresas no han podido aún despegar a los niveles deseados, viéndose muchas de ellas obligadas a tener que reducir su plantilla de personal y otras a “bajar sus persianas”.

Nuestra actividad agrícola en lo que va del año, que ha sido históricamente el principal componente del PIB a nivel país también se vio afectada, con una sensible disminución en la cosecha de granos vs el 2021, impactando en forma directa en el nivel de ingresos de divisas y en nuestra balanza comercial.

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Se agrega los niveles de inflación acumulado, siendo la de este año probablemente la más elevada, restando capacidad de compra a nuestra gente, teniendo en cuenta los incrementos en precios casi generalizados de artículos de consumo de primera necesidad.

Nuestra industria procesadora de granos también se ha visto afectada, pues ante la menor cosecha de soja han podido trabajar hasta ahora a no más del 57% de su capacidad instalada de producción.

Estamos pasando por un período preelectoral donde la lucha más dura se viene dando entre las dos facciones del Partido Colorado, haciendo que nuestras autoridades les hayan venido dando una mayor relevancia, que a los problemas propios de sus ministerios y secretarías ejecutivas, lo cual no coadyuvan a que podamos ir superando más rápidamente la difícil coyuntura por la que venimos pasando en lo macro y microeconómico.

Nuestro gobierno debería tener un protagonismo más dinámico, pues como administradores de la cosa pública tienen la obligación de buscar todas las alternativas posibles que nos permitan revertir la situación económica actual para que podamos iniciar un mejor 2023.

En los últimos 4 años los niveles globales de endeudamiento público, se incrementaron en un 84%, en tanto que el déficit fiscal del 1,5%/PIB ha trepado al 3,6%/PIB, además de importantes montos de gastos corrientes que engrosan el PGN, equivalente a más del 70% de los ingresos tributarios, lo que debería obligar a realizar cuanto antes la necesaria reestructuración de los entes, de tal forma que la ciudadanía pueda ser acreedora de una mejor calidad de servicio, dado los niveles de burocracia administrativa que seguimos teniendo en plena era de la tecnología.

Resulta necesario que nuestros legisladores, se involucren mucho más en toda la problemática económica actual de nuestro país, pues hasta ahora al menos la gran mayoría de sus plenarias están orientados a tratar temas políticos y electoralistas preocupándose mucho más por la “salud” de sus propios bolsillos estando varios de ellos ensimismados en ser reelectos nuevamente.

Observemos objetivamente a toda esa gente que está pasando mal por no tener una fuente de trabajo y otras que siguen sin poder superar su situación de pobreza, a lo que se agrega el sistema de salud deficiente al igual que la paupérrima calidad educativa que seguimos teniendo en un país como el nuestro en donde la inversión no llega tan siquiera al 3%/PIB, cuando que lo recomendable es que no sea inferior al 7%/PIB.

El desbloqueo de las listas para las próximas elecciones seguiría dando a la ciudadanía un mayor margen de maniobrabilidad para poder elegir mejor a nuestros representantes, y no seguir circunscribiéndonos a votar por los mismos de siempre, que poco o casi nulo valor agregado siguen dando, salvo muy honrosas excepciones.

Los exponentes de la producción, el comercio y la industria han mostrado su preocupación, pues el mal desempeño observado en los últimos años, difícilmente podrían ser revertidos por este gobierno a quien le queda apenas un crédito del 20%.

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