Con ellos se dan los pasos concretos del vivir. Son los que después se constituyen en recuerdo aunque le dan energía al hoy. Mientras se desarrolla el proceso para alcanzarlos ya se los vive, y ésta apreciación determina el valor de lo secuencial, de lo pasajero, de lo anecdótico, de todo aquello que sucede en el fluir existencial. Del latín fragmentum deriva el vocablo castellano fragmento. Su identificación alude a porción, fractura, división, términos que podrían ser interpretados de diversas formas, entre ellas la que sostiene la relevante función de aportar para la construcción de una misión. En esa órbita contextual lo que forma parte de un todo es significante.
En su magisterio silencioso el tiempo siempre está dispuesto a que cada uno lo viva a su manera. Al punto de brindarse a ser vivido como la consecución de etapas, de acontecimientos, de historias de una época, de fechas indicativas de episodios trascendentes, incluso a ser ideado como un potencial escenario de logros por llegar. En esa corriente de fragmentos se representa la vida.
El respeto a lo efímero es la puerta de entrada para ingresar al espacio de los asombros cotidianos. Esa consideración hacia lo que en principio se presenta como de corta duración es la que habilita la creación de momentos únicos, que traen consigo la chispa valorativa que sorprende y emociona. Y que permite la vivacidad plena del acontecer, al punto que anima a nuevas intenciones que están latentes a la oportunidad que las transforme en actos. Así el despertar de los sentidos produce episodios que validan una y otra vez la capacidad de percibirlos. Y al hacerlo entra en juego la libertad de apreciación, que caracteriza a la esencia del ser.
Los fragmentos aglutinan ejemplos. Una mañana y otra más, y así sucesivamente. Pueden ser años de dedicación, años de afecto, años de perseverancia. En el historial de cada uno hay abundantes testimonios acerca de la importancia particular de las vivencias. Quizás en determinadas situaciones interrumpir una labor fue necesario, e incluso dicha acción trajo aparejado otros aprendizajes, activando el rugir de los desafíos que requieren de una exhaustiva división de planes.
Cada fragmento impregna lo suyo, lo hace conforme a las circunstancias en donde se desliza, y su ímpetu es proporcional a la intensidad con que se lo manifiesta, otorgándole a quien lo vive la libre elección de qué hará con él. Por lo que a partir del mismo las opciones fabricarán sus propias apariciones, a los efectos de señalar que la vida es un constante decidir. Por consiguiente, en lo finito viven las alternativas.
Es la sociedad una madre que contempla el andar de sus hijas e hijos. En ella las historias personales están llamadas a construir vínculos que favorezcan el crecimiento colectivo. Siendo responsable cada uno de los actos que realiza, asumiendo la porción que deben aportar para el bienestar general.