El actual gobierno se encuentra a pasos de ingresar a su recta final, con una gestión debilitada y acorralada por casos de corrupción y crisis en diversos ámbitos, siendo la peor de todas la económica, donde los índices de pobreza, extrema pobreza y niveles de desempleo siguen marcando pautas de la falta de competencia de nuestras autoridades para ir revirtiendo esta maltrecha situación en la que nos encontramos sumidos.

Nuestro Presidente, en sus alocuciones de campaña política, critica a su principal oponente de andar por caminos torcidos, pero lamentablemente parecería que no se da cuenta que más torcido de lo que andamos sería imposible, por lo que sería bueno y recomendable que también de paso antes de criticar hagamos nuestra propia autorreflexión.

Llevamos 4 años de gobierno y hasta ahora no hay esperanzas ciertas de que podamos salir a flote. Todo lo contrario, nuestra microeconomía sigue cada vez más debilitada, al igual que la macro, lo cual se ve trasuntada en los pronósticos preliminares de un pobre crecimiento económico para este año que no superaría el 0,2%.

El crédito del 80% a su favor casi ha expirado. ¿Y si en 4 años no logramos avanzar qué es lo que podríamos lograr en un año más de gobierno?

El próximo gobierno que asuma la administración de nuestro país cargará sobre sus espaldas una muy pesada mochila llena de problemas que esperemos puedan encontrarle la solución inteligente en el menor lapso de tiempo posible a través de personas que transmitan confianza, responsabilidad y profesionalismo, que es lo que hoy día tenemos ausente, pues pesa mucho más la politiquería y “la mención de honor” de ser un seccionalero.

Los niveles de endeudamiento se han incrementado nada menos que en un 84% vs agosto del 2018, siendo una de las más “emblemáticas” la de US$ 1.600 millones contraída durante la pandemia sanitaria del covid-19, y que hasta ahora nadie sabe con certeza a qué se los han destinado.

Nuestro déficit fiscal vs PIB está en un 3,6%, vs 1,5% de lo acordado dentro de la Ley de Responsabilidad, una inflación imparable, elevados niveles de desempleo en todos los estratos, pobreza y extrema pobreza antes nunca vistos, una muy deficiente salud pública y calidad educativa, lo que nos demuestra que se han conjugado muchísimos problemas que no será nada fácil revertirlos positivamente en el corto plazo, si es que el próximo gobierno no se dispone de entrada a realizar una reingeniería y reestructuración profunda de las instituciones del Estado.

Se habla con mucho ímpetu de las obras viales, cuando que en realidad es una de las responsabilidades primarias de cualquier gobierno.

Lamentablemente en contrapartida tenemos en todo el país maltrechas escuelas que se caen a pedazos, obligando incluso en muchos casos a sus alumnos a tener que dar clases bajo la sombra de algún amable y solidario arbolito, tornando casi imposible poder hablar de calidad educativa.

Ojalá Dios lo quiera, que para el próximo año de darse las condiciones podamos alcanzar el ansiado grado de inversión que será de mucho beneficio, pues los potenciales inversionistas extranjeros nos mirarán desde una óptica distinta, ya que constituye una de las varas primarias para sus tomas de decisión.

Adolecemos de una deficiente administración de los recursos económico-financieros a nivel gubernamental, pues en el caso de los préstamos, si seguimos contrayéndolos a largo plazo para la cobertura de gastos corrientes iremos por mal camino porque técnicamente no es correcto y eso lo saben nuestras autoridades del ámbito económico.

La escalada inflacionaria que se observa tornando cada vez más disminuida e insuficiente nuestra capacidad de compra es preocupante, pues no nos permiten poder satisfacer las necesidades básicas que conforman los productos de la canasta familiar.

Un reciente informe del Instituto Nacional de Estadística (INE) habla de que tenemos 27.000 nuevos desocupados a nivel país.

No podemos dejar de mencionar la inseguridad a nivel país que estamos viviendo, donde todos los días se pueden ver y leer casos que conmueven como los cuantiosos feminicidios, por ejemplo, que ya han dejado sin sus madres a muchísimas criaturas justo en la edad en que más precisan de sus padres.

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