• Por Felipe Goroso S.
  • Columnista político

En política, la configuración de fuerzas se da usualmente por motivos muy diversos, uno de los principales tiene que ver con las posibilidades reales de victoria. Las movidas se generan alrededor de aquellos que tienen posibilidades reales y hábilmente van construyendo aquello conocido en la estrategia y comunicación política como sensación de victoria. Algo tan pragmático como querer estar en el equipo ganador es lo que moviliza y va acomodando liderazgos con sus respectivas expectativas.

Los niveles de desgaste que implican cargar con una mochila tan pesada electoralmente como lo es representar al oficialismo, todas y cada una de las encuestas en contra, los armados que se están dando en los núcleos territoriales que son las seccionales de la ANR (la inyección que le dará la elección de estos marcará la diferencia entre las internas y las generales), estos y algunos otros más son apenas los ingredientes que toman en cuenta los dirigentes colorados a la hora de tomar la decisión de cambiar de carpa.

Los mensajes, aunque minimizados por algunos, tienen muchísima influencia. Por un lado, tenemos una campaña con mensaje optimista como es la de Honor Colorado y, por el otro, una con un mensaje que hasta ahora ni siquiera ha logrado mantenerse en el tiempo. Ha tenido tantas variaciones en un plazo tan breve que la consecuencia obvia ha sido que hasta ahora no ha logrado implantarse. Todo lo contrario a lo que indica la regla más básica de posicionamiento.

Una consecuencia colateral de la falta de liderazgo y las cada vez más reducidas posibilidades de revertir la situación es la lucha fratricida que se está dando en el oficialismo. Ni siquiera ya es por las candidaturas principales, lo que se menciona se está dando en aquellas más regionales, donde cada uno ya pelea por intentar al menos no perder su actual porción de poder, por más pequeño que este sea.

Algunos de los que ya en su momento firmaron su pase y que este grupo de medios publicó en la jornada de ayer son los senadores Juan Carlos Galaverna (Central), Silvio Ovelar (Caaguazú), Enrique Riera (capital) y Martín Arévalo (capital). En cuanto a diputados: Pastor Soria (San Pedro), Juan Carlos “Nano” Galaverna (h) (Central), Guadalupe Aveiro (capital), Martín Samaniego (Paraguarí), Rubén Balbuena (Itapúa) y Marlene Ocampos (Alto Paraguay). Parlasur: María Eugenia Crichigno. Lo mismo ocurrió con los gobernadores Carlos Giménez (San Pedro), César “Tigre” Ramírez (Canindeyú), Juan Carlos Vera (Guairá), Pedro Díaz Verón (Caazapá), Roberto González Vaesken (Alto Paraná). En cuanto a intendentes, Gil Amarilla (Obligado), Patricia Corvalán (Quyquyhó), Gustavo Penayo (Caapucú) y José Luis Benítez (San Juan Bautista Misiones). También los concejales Luis Fernando Bernal (Asunción), presidente de la Junta Municipal; Santiago Soto Villordo (San Juan Bautista de Ñeembucú), presidente de la Junta Municipal; María Gloria Rodríguez (San Ignacio), presidenta de la Junta Municipal; Nasser Esgaib (Asunción), presidente de seccional; Édgar Altamirano (San Juan Bautista Misiones) y José Molinas (Mariscal Estigarribia).

La política, esa mala palabra que empieza con p y termina con a, tiene un mensaje para nosotros: los hechos nos están mostrando que la dirigencia colorada no ha perdido su tradición de fortalecer las plataformas que se proyectan como ganadoras.

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