La interna colorada está mostrando elementos novedosos, ambas campañas han tomado posiciones en sus respectivas trincheras y es oportuna una mirada analítica al respecto de las mismas. Obviamente, esto podría cambiar, las campañas están muy lejos de ser dogmas, pero vayamos a lo que está ahora en el escenario.

Las estrategias de cada campaña pueden ser muy disímiles, pero de lo que hay certeza es que usualmente los oficialismos suelen apropiarse de la felicidad y las disidencias del reclamo, de la bronca. En esta interna se está dando a la inversa. En este y otros espacios venimos exponiendo sobre la importancia vital de las emociones en nuestra vieja amiga, la política. Pensamos lo que sentimos, primero sentimos y luego pensamos. En esa línea, son las emociones positivas las que llevan a seducir; del otro lado, la tristeza no logra infundir ánimos colectivos, entre los que se encuentran las ganas de ir a votar el día de las elecciones, solo por citar un ejemplo.

Asumir que una plataforma puede instalar en la agenda un eje discursivo que apele a la transformación situado en un permanente pesimismo es un garrafal error. La tristeza no convoca. Pero tiene una explicación, así piensa el autoritarismo, es psicológico e incluso llega a nivel de cultural. Los pensamientos despóticos se fortalecen en presencia de la desazón y usan como vasos comunitarismo, es psicológico e incluso llega cantes a la rabia y la agresividad. Hacen de la severidad su religión. Se toman de la mano con el aburrimiento, el nihilismo. La desesperanza no comunica. Ojo, no pasa por trivializar. Menos aún promover la siempre superficial sonrisa hueca, las poses artificiales ni los gestos tan acartonados como previsibles.

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Se trata de la necesaria frescura que trae la renovación, de aportar una visión política y comunicacional que se plante en lo festivo, una conexión emotiva con lo lúdico. De crear un ambiente de pujanzas que traigan bienestar al electorado. Su vínculo con el optimismo y la creatividad a estas alturas ya está fuera de ninguna duda sociológica. No es sencillo, pues encuentra la férrea resistencia en los políticos que creen que esta es una actividad que debe practicarse con el ceño fruncido y que ven como un peligro a la alegría que contagia, aquella que desinhibe.

Para ganar es preciso contagiar ilusión, reivindicar la felicidad como un derecho. Los retos que deberá enfrentar la próxima administración son muy, pero muy serios. Eso sí, que la enormidad de los problemas se afronte con inteligencia y determinación, a eso apuesta Honor Colorado. Y del otro lado, pues del otro lado está la tristeza. Y a los tristes se les cuesta arriba ganar elecciones. Al final del día, de eso se trata la política, esa mala palabra que empieza con p y termina con a.

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