- Por Jorge Torres Romero
- Columnista
El horroroso episodio de supuesto abuso de un niño de apenas 6 años por parte de otros adolescentes que cursan la secundaria en la misma institución educativa desató no solo la ira de toda la opinión pública y los medios de comunicación, sino que instaló nuevamente el debate sobre la necesidad de una educación sexual integral (ESI) en las escuelas y colegios.
Ahora, la discusión gira en torno a qué tipo de educación es la que queremos.
¿Qué enfoque debemos asumir para dar una verdadera educación?
Ya de por sí los niños, adolescentes y jóvenes en la actualidad están expuestos a contenidos pornográficos que circulan abiertamente a través de las redes sociales sin ningún pudor, y a esto le sumamos la destrucción de las familias o la ausencia de los padres en la actualidad.
Lo acontecido en el colegio de Lambaré no es sino la consecuencia de una realidad alarmante que es la denominada hipersexualización, fenómeno actual que consiste en la exaltación de los atributos sexuales de una persona por encima de otras cualidades.
Hoy lo que predomina es un relativismo moral y se dejó de lado la formación humana verdaderamente integral. Pero no podemos dejar de lado los valores éticos y morales que deberían primar en la sociedad. Y el primer ámbito de formación es la familia, aunque nos encontramos en un momento de crisis familiar muy seria y requiere un apoyo real por su gran valor como institución social clave.
La semana pasada, una sobrina mía fue víctima de bullying. Una compañera de 8 años, todos los días, lanzando todo tipo de improperios. Esta niña fue educada por un papá y mamá ausentes. El padre trabaja en el campo y la madre en un consultorio médico. La menor, criada por el personal doméstico cambiado cada mes. Y para colmo, la niña observando escenas de agresiones físicas entre sus padres. Es natural que esa menor tendrá problemas de aprendizaje y comportamientos.
Por esto, el problema es mucho más complejo de lo que parece y deberíamos plantearnos la necesidad de recuperar el significado último de la realidad; aprender a distinguir lo que está bien y lo que está mal, la verdad y el error. Cuando los niños reciben amor y atención, el comportamiento cambia. Su mirada sobre la realidad es diferente. Y ser valientes para asumir el desafío que esta realidad nos plantea. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.

