- POR BERNT ENTSCHEV
- Presidente y fundador de The Bernt
¿Usted ya paró para pensar en cuántas decisiones toma diariamente en su vida? Sí, a todo momento estamos decidiendo por algo. Sean ellas pequeñas o no, estamos siempre optando por una cosa u otra. Del simple acto de cepillarnos los dientes por la mañana, o no. De escoger un camino alternativo para el trabajo o hacer lo de siempre, de comer carne bovina o un pescado en el almuerzo y por ahí va.
Sin embargo, la vida también va a exigirnos, de tiempo en tiempo, que tomemos decisiones difíciles que pueden cambiar el curso de nuestras vidas o incluso de otras personas: como la venta de un inmueble, el cierre de una empresa, hacer un pedido de casamiento, cambiar de empleo, pedir demisión, alejar a alguien del equipo, entre otros.
Independientemente del grado, las decisiones forman parte de nuestras vidas. No hay cómo huir de ellas. No decidir por algo, también es una decisión.
En el mundo corporativo, veo que el éxito de profesionales tiene mucha relación con las decisiones asertivas las cuales esas personas toman en su día a día de trabajo, sumado al aprendizaje que consiguen extraer cuando se equivocan.
No debemos tener miedo de decidir por algo. Lo que debemos intentar ejercitar es mirar para el escenario y para las consecuencias de corto, medio y a veces a largo plazos. Lo bueno del mundo del trabajo, por ejemplo, es que en muchos casos podemos ser más asertivos a medida que planificamos nuestras acciones.
El planificar, sumado a experiencia técnica y a conocimientos generales, nos hace profesionales más aptos a tomar decisiones que mejores se encajan en determinados escenarios. Cuando en los posicionamientos, maduramos. Decidir nos deja más leves.
Luego, piense en esto: cuáles fueron en los últimos tiempos las decisiones en su vida profesional que lo llevaron para el punto actual de su carrera, sea ella de éxito, sea ella de turbulencia. Haga ese ejercicio. Si la respuesta fuera la de que usted está más acertando de que errando, siga en la línea y aproveche ese su punto fuerte.
Si identifica más errores de que aciertos, pare, respire y analice cuáles puntos están llevándolo a usted a tomar decisiones equivocadas y cambie el curso y/o la estrategia. Haga ese análisis, es valiosa porque siempre tendremos una repuesta por más dura que pueda parecer, pues en toda decisión que tomamos en nuestras vidas, siempre quedará un rastro de consecuencias.
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Noelia, porque así lo quiso, murió al atardecer
- Ricardo Rivas
- Periodista
- X: @RtrivasRivas
Desde la perspectiva de las audiencias y la lógica que impera en la producción de contenidos, tal vez su vida no terminó con su muerte. El debate sobre su decisión se mantiene y la mantiene con vida mediática.
Bob Murphy Kelly, un muy querido amigo en tránsito que durante largos meses frecuenté allá lejos y hace muchísimo tiempo, era un irlandés muy particular, misterioso y atrayente. Religioso católico, mientras estuvo en Buenos Aires no faltó a ninguna misa dominical en San Pedro González Telmo, el histórico templo católico que en 1734 –casi en el corazón de la ciudad vieja de Buenos Aires– comenzaron a construir Juan Bautista Prímoli y José Schmidt, dos curas jesuitas. Políticamente adhería a los ideales y a la lucha del Ejército Republicano Irlandés por aquellos años aún en combate contra el Reino Unido de la Gran Bretaña.
Escucharlo, un poco en inglés y otro poco en español con modismos tangueros vinculados al lunfardo, era atrapante. Incluso, divertido. Acompañado por mi tan querido amigo-hermano y maestro de periodismo y de vida Naume Velyanovsky –por entonces presidente de la República de San Telmo y de los Corresponsales de la Televisión Internacional– se integró a la mesa que litúrgicamente ocupábamos cada jueves en el bar Plaza Dorrego, justo en la esquina de Humberto Primo y Defensa.
Escenario perfecto para evocar ausencias y generar reflexiones, Naume recordó que alguna madrugada Eladia Blázquez, enorme poetisa, sentenció que “el miedo de vivir es el señor y dueño de muchos miedos más, voraces y pequeños, en una angustia sorda que brota sin razón y crece muchas veces ahogando al corazón”. ¡Tangazo! Sobre nosotros se instaló el silencio. Algunas horas antes, el colega JAP se había suicidado. La muerte –como presencia y debate– se hizo lugar entre nosotros a codazos. Ordenamos una vuelta de Hennesy 8, uno de los mejores coñacs del mundo que, justamente, lleva el nombre de un milico irlandés.
Los pensamientos de todos –cruzados, superpuestos, disruptivos– inquietaban, aunque emergía una coincidencia: la muerte no aparecía como una opción aceptable. De pie y en silencio levantamos las copas “por don J”. Bob adhirió. Sin embargo, luego de mirarnos a todos y a cada uno, en su lengua natal –seguramente en procura de precisión para expresar su sentir– no se guardó nada. “If we can help people come into the world, why can’t we help them or ourselves leave it? (Si podemos ayudar a las personas a venir al mundo, ¿por qué no podemos ayudarlas o ayudarnos a dejarlo?)”. Al parecer, nadie encontró palabras entonces para responder.
ÚLTIMA VOLUNTAD
Noelia Castillo Ramos (25), el pasado 26 de marzo, murió sesenta y ocho minutos antes de que el sol se pusiera en Catalunya. Así lo quiso. Recibió la práctica médica de la eutanasia que solicitara tiempo atrás en el hospital San Camilo de San Pedro de Ribes en Barcelona. Fuentes médicas aseguran que en treinta minutos se completó la operación. También agregan que “murió sedada y sin sufrir”.
Desde el 10 de abril de 2024, cuando ante la Comisión de Garantía y Evaluación de Catalunya (CGAC) solicitó ejercer su derecho a la eutanasia, se desató un fuerte debate global. Las y los a favor y/o en contra no escatimaron palabras para farfullar tanto sobre su presunta “mala” vida, como sobre su tan posible como presunta “buena” muerte.
Mmm. Mil doscientos setenta días antes había intentado morir, aunque sin la tutela del Estado español. No lo consiguió. Pero, desde entonces, su firme decisión estaba tomada. Psicofísicamente afectada y con secuelas graves como consecuencia de aquel intento –entre una extensa práctica de rehabilitación parcial de sus habilidades y la muerte– optó por morir. Quinientos cincuenta y cinco días después de intentar –aquel 4 de octubre de 2022– se hizo su voluntad. La incontinencia verbal global se reinstaló para debatir lo de siempre, en los términos de siempre.
“Jack” murió –naturalmente– el 3 de junio de 2011 en Michigan, donde nació el 26 de mayo de 1928. Más precisamente en la ciudad de Pontiac. Ochenta y tres años antes, cuando en el seno de una familia de origen armenio lo llamaron Jacob Kevorkian. En 1945, con honores, finalizó parte de sus estudios en el Pontiac Central High School. Siete años después alcanzó el grado universitario de médico en la Universidad de Michigan, Ann Arbor ya por entonces considerada como una de las más prestigiosas en los Estados Unidos.
“MORIR NO ES UN CRIMEN”
También fue músico, pintor, político y activista. “Dying is not a crime (Morir no es un crimen)”, fue la bandera pública más conocida que levantó. Como médico y activista. Desafiante, en 1987, a través de anuncios que publicó en los diarios “michinganders” (michinguenses), comenzó a ofrecer sus servicios profesionales de “orientación para la muerte”.
Aquella oferta llamó la atención y tuvo demanda. Por aquellas actividades, con frecuencia Jack era noticia en los medios más importantes de la prensa mundial. Sí, mundial. En este punto, es preciso comprender que la idea de lo global, como práctica operativa –aunque muy avanzada, dado que Ted Turner comenzó a operar la CNN el 1 de junio de 1980– estaba en desarrollo y en procura de consolidación. Pero, sin que ese dato histórico pese en el recuerdo de esta historia, Jack avanzaba. Y quienes lo consultaban y solicitaban sus servicios crecían.
Jacob Kevorkian, en aquel contexto y con aquellos fines, diseñó, desarrolló y construyó la que se conoció popularmente como la “máquina de la muerte”, a la que él denominó Thanatron. Con ella facilitaba la muerte a quienes le decían que querían morir y, para alcanzar ese objetivo, se aplicaban sustancias químicas letales que Jack les prescribía.
¡Escándalo! Su licencia para ejercer la medicina le fue retirada. Aquella decisión administrativa la asumió apenas como un obstáculo más. Reafirmado en su convicción de que “dying is not a crime”, fue por más. Creó la “máquina de misericordia”, a la que llamó Mercitron. Con ella, quienes deseaban morir se colocaban una máscara para inhalar monóxido de carbono. ¡Horror!, para millones.
Derecho a querer morir... y poder hacerlo, también decían millones. Kevorkian por sus prácticas terapéuticas era noticia. Siempre y en todo lugar. De hecho, Barbara Walters (1929-2022), la más popular periodista televisiva estadounidense por varias décadas –quien a la hora de morir en su casa de Manhattan dijo “no me arrepiento de nada. Tuve una gran vida”– no solo lo entrevistó, sino que el 11 de marzo de 1993 (ante millones de telespectadores) se calzó la máscara de Mercitron ante las cámaras.
“LA MÁQUINA DE LA MUERTE”
Tal vez, la pareja española constituida entre Tuteiro y Loredana Subiela hayan sido los primeros que se conocieron públicamente de los “asistidos” por Jack. Janet Adkins, docente en Oregon, diagnosticada con mal de Alzheimer, el 4 de junio de 1990, otra de ellos y ellas, se suicidó con la asistencia de la “máquina de la muerte” que creó Kevorkian y Janet misma la accionó.
“Con la muerte busco mi autoliberación”, dijo en un video casero que su esposo Rod distribuyó. Jacob Kevorkian fue arrestado entonces por la policía. Luego juzgado. Entre 1990 y 1998 –dicen algunos de sus biógrafos– asistió a unos 140 “enfermos terminales”. Otras fuentes aseguran que facilitó que más de 400 personas se suicidaran. Dudas. Polémicas. Debates. La primera versión de la historia, se suele afirmar, es periodística.
El diario Detroit Free Press durante el juicio al doctor Muerte –tremendo apodo popular epocal– reportó que no menos del 60 % de las personas a las que aplicó la eutanasia no presentaban enfermedades terminales. Fueron suicidios. Con el paso del tiempo los casos que alcanzaron máxima exposición se multiplicaron. Entre ellos, el 23 de noviembre de 1998, en el programa televisivo “60 minutos”, que todavía se emite en la cadena CBS de los Estados Unidos, se emitió una grabación de imágenes en las que, el 17 de setiembre de aquel año, Thomas Youk (52), diagnosticado con esclerosis lateral amiotrófica (ELA), se suicida asistido por Kevorkian, quien le administró una inyección letal (muy parecida a la que en muchos estados norteamericanos se utiliza para aplicar a las y los condenados a muerte).
Fue el límite y, casi, el punto final. Después de cuatro juicios, en tres de los cuales fue absuelto, en tanto que el cuarto fue anulado. Jack fue juzgado por homicidio en segundo grado y uso ilegal de una sustancia controlada. Entrevistado en The New York Times, Kevorkian aseguró que su “objetivo final es hacer de la eutanasia una experiencia positiva” y explicó que con sus prácticas apuntaba a “obligar a la profesión médica a aceptar sus responsabilidades (que) incluyen ayudar a sus pacientes con la muerte”. Fue condenado. Estuvo encarcelado menos de ocho años. El 1 de junio de 2007, Jennifer Granholm, gobernadora de Michigan, le concedió “libertad condicional”. El 15 de enero de 2008, ante una audiencia multitudinaria en la Universidad de Florida, aseguró que su propósito nunca fue “matar a los pacientes, (sino) evitarles el sufrimiento”.
PERPLEJIDAD
Borges, alguna vez, expresó su perplejidad respecto de la muerte. Ya era un adulto mayor cuando dejó escapar ese sentir. “Me resulta extraño pensar que, a mi edad, tan viejo, porque he tenido la imprudencia de nacer en 1899, cuando el siglo XIX finalizaba, habré de conocer algo nuevo como la muerte”.
Presencié aquel momento. Privilegio de periodista, seguramente... Como casi siempre que finalizaba un encuentro con don Jorge, me fui en profundo silencio. Desde Maipú 994, para llegar hasta la plaza San Martín no fueron necesarios más que 3 o 4 minutos. Entre 250 y 300 pasos. No mucho más. Tenía que regresar al diario para escribir sobre el cumpleaños de JLB. No fue aquel, por lo menos en mi memoria, un 24 de agosto muy frío, pero tampoco daba el clima invernal para permanecer en lugares descubiertos más de lo imprescindible.
Sus palabras, aquellas palabras, no solo no me abandonaban, sino que también me atropellaban junto con otras. “No significa mucho para mí este día. Importante fue, seguramente, cuando doña Leonor (Rita Acevedo Suárez), mi madre, celebró en el 1900 el primero de mis años. Festejó toda mi vida. Hoy, apenas es la 85ava. parte de mi larga existencia”.
Aquella sonrisa con la que remató su irónico decir la veo con frecuencia. Inolvidable, por cierto. Cuarenta y dos años después, sentado a una de las mesas del viejo café Saint Moritz, donde en Buenos Aires se cruzan Paraguay con Esmeralda, con alguna foto de don Jorge tertuliano vigilándome, pegado a uno de sus ventanales, con el celu me subo a un buscador para volver a Borges.
CONSUELO
“Cuando me siento desdichado pienso en la muerte. Es el consuelo que tengo: saber que no voy a seguir siendo, pensar que voy a dejar de ser. Es decir, yo tengo la certidumbre (…) de que voy a morir enteramente. (Porque) la idea de ser duradero me parece (…) que es horrible realmente. La inmortalidad sería el peor castigo. Cualquier forma de inmortalidad sería el infierno. (…) Quizás una de las mayores virtudes de la vida es que todo es efímero, incluso lo físico es efímero, el placer es efímero también, y está bien que sea así porque si no sería muy tedioso todo”.
Es palabra de Borges que creía que descreía. La escritora Liliana Heker lo entrevistó a JLB. El 17 de febrero de 2014 –28 años después de su fallecimiento– publicó que le preguntó sobre la palabra muerte. “Me sugiere... una gran esperanza. La esperanza de dejar de ser”. Respecto de la “inmortalidad del alma”. Dice creer “que es una especie de ficción piadosa”. De la palabra vida, sostuvo que “lo incluye todo”. Porque “por desdichado que unos sean –y todos lo somos a veces– uno debe agradecer el hecho de vivir”.
Noelia decidió –en plenitud de conciencia– morir. “Vivió mal y quiso morir bien”, circuló en las redes. TikTok, X, Facebook, millones de reeles lo contaron así. De ese modo y de muchos otros. Síntesis bastarda. Noelia Castillo, Gerónimo Castillo –su padre– la organización autodenominada Abogados Cristianos, médicas, médicos, opinólogos de todo pelaje fueron partes relevantes –sustanciales– para la producción de contenidos periodísticos e informativos de alcance global.
MÁS ALLÁ DE LA MUERTE
Desde la perspectiva de las audiencias y la lógica que impera en la producción de contenidos –tal vez– la vida de Noelia no terminó con su muerte. El debate sobre su decisión se mantiene y la mantiene con vida mediática. La estadística que se construye con los cliques, los “me gusta”, las reacciones, el “minuto a minuto” de la tele y “el tráfico” reticular –todos datos cuantitativos– pesan en el armado de las agendas informativas.
“Noelia entregó su vida para poder morir”, vi y escuché decir a infinidad de presentadores y presentadoras de noticias en el momento previo de contar “lo que ha sucedido hoy” ante miles de millones. Un par de académicos de altísimo prestigio transnacional especializados en ciencias de la comunicación con los que consulté –bajo el compromiso de no mencionarlos– después de preguntarme y preguntarse “¿qué sabemos de Noelia?” y responderse que “muy poco sobre toda su vida y casi todo sobre su muerte”, fueron más allá y lanzaron un interrogante: “¿Cuándo será por fin el tiempo de contar historias donde emerjan la condición y dignidad humanas?”.
En el continente europeo, media docena de países permiten diversas formas de muerte asistida. Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo, España y Austria son ellos. También Portugal, donde la ley que permite ejercer ese derecho se instrumenta progresivamente. En América, es legal y posible en Canadá, Colombia y Uruguay. En Oceanía, desde 2021, la eutanasia está legalmente reglamentada. Se puede ejercer en Nueva Zelanda y lo mismo sucede en seis estados de Australia, donde ese procedimiento, sin embargo, carece de tutela legal en la jurisdicción federal.
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Bomberos de CDE salvaron la vida de una joven que se atragantó con un pedazo de asado
En Ciudad del Este, departamento de Alto Paraná, una joven estaba compartiendo una cena y se atragantó con un pedazo de asado. Sus familiares la azaron en un automóvil y la llevaron hasta el cuartel de los Bomberos Voluntarios, donde le salvaron la vida. Luego, la mujer fue llevada hasta el Hospital Regional donde fue estabilizada.
Según el reporte dado por los bomberos del Área 4 de Ciudad del Este, el hecho se registró durante la noche de ayer martes en el barrio Santa Ana, cuando la joven de estaba cenando con su familia, en un momento dado se atragantó con un pedazo de carne, que le obstruyó por completo las vías respiratorias.
Al ver la desesperación de la joven, su novio y otro familiar la alzaron a un automóvil, la llevaron hasta la base de los bomberos. Estos, que estaban de guardia, la recibireron alertados por los bocinazos y uno de ellos aplicó la maniobra de Heimlich, con la que lograron desatorar la vías aéreas.
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Sin embargo, no logran despejar las vías y decidieron abordar el camión hidrante para trasladarla hasta el centro asistencial de la zona. “Supuestamente estaba comiendo asado, una vez que se le hizo la maniobra se le destrabó la vía, nos dimos cuenta cuando empezó a respirar y llorar. Ahí la trasladamos con suma urgencia al centro asistencial”, detalló el bomberos Leonardo Álvarez, en Telefuturo.
Explicó que en ese momento no tenían disponible la ambulancia ya que se encontraba en otro servicio. Los voluntarios instan a la ciudadanía a aprender a aplicar esta maniobra para casos de asfixia en los que los segundos son valiosos para salvar la vida de las personas que están en aprietos.
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Gobernador de Alto Paraná ratifica apoyo para Hambre Cero: “Seguiremos trabajando”
El gobernador de Alto Paraná, César Torres, refirió que ya tuvo oportunidad de dialogar con el presidente de la República, Santiago Peña, y el vicepresidente Pedro Alliana, quienes le manifestaron que estarán conversando con los legisladores para ver la posibilidad de que se pueda revertir la decisión de retirar la administración del programa de Hambre Cero y pasarla al Ministerio de Desarrollo Social.
“En estos un año y seis meses de implementación del programa Hambre Cero, con una cobertura de más de 130.000 alumnos en más de 500 instituciones educativas, no hemos tenido ninguna denuncia que ponga en riesgo el programa. Ni ninguna situación que amerite algún tipo de intervención. Después de lo sucedido en el Senado tuve oportunidad de hablar con el vicepresidente Alliana y el presidente Peña, quien me dijo que estarán dialogando para revertir esto”, relató el jefe departamental a través de la 1000 AM.
Agregó que el presidente Peña le había manifestado de que estaba de acuerdo con que sean las gobernaciones las que continúen administrando el programa. “Teniendo en cuenta que la idea había nacido del propio presidente de la República, que, en su momento, nos había llamado a nosotros los gobernadores y nos propuso que el programa pueda aterrizar y ser ejecutado en todos los distritos del Paraguay a través de las gobernaciones”, explicó.
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“No vamos a cruzar los brazos”
El gobernador Torres, aclaró que no tuvo aun oportunidad de hablar con ningún legislador; no obstante, señaló que la ciudadanía altoparanaense sabe y conoce la forma como se está trabajando. “Nosotros seguiremos trabajando en esta misma línea, no vamos a cruzar los brazos, con o sin el programa Hambre Cero, vamos a seguir trabajando", puntualizó.
“Tengo una trayectoria de 15 años dentro de la función pública. Estuve como concejal en la junta municipal de la ciudad de Santa Rita. En el 2015 fui electo intendente municipal, reelecto con el 84 %. Mi propia gestión me abrió las puertas para ser candidato a gobernador y hoy ejerzo ese cargo que por primera vez en la historia, el gobernador no es de la capital departamental”, agregó.
“Pero esto no nos va a doblegar, vamos a trabajar con mucha más fuerza. Creo que la idea fue solamente darnos un akapete’i, pero creo que les saldrá el tiro por la culata. Porque yo me siento muy cómodo dentro del movimiento Honor Colorado, a pesar de esta situación”, concluyó Torres.
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Operación Sallustro: vida, pasión y muerte de un tano y paraguayo
- Ricardo Rivas
- Periodista
- X: @RtrivasRivas
- Fotos: Gentileza
Me impresiona esta novela periodística que está preñada de las voces y los silencios que las y los periodistas, donde fuere que intervengamos, atesoramos desde el primero de nuestros días de trabajo cuando procuramos informamos para informar.
“Me mataron de la manera más artera que se puedan imaginar: un balazo en el pecho y otro en la nuca”, escribe Pablo Sirvén, colega periodista, escritor y amigo desde poco antes del 17 de noviembre de 1982, cuando coincidimos en la redacción del diario Tiempo Argentino.
Esas veintiuna palabras se las hace decir post mortem a Oberdan Guillermo Sallustro, un paraguayo que el 10 de abril de 1972 fue asesinado por Mario Raúl Klancho, Guiomar Schmidt, Juan Manuel Carrizo, Roberto Coppo y Benito Urteaga, integrantes de una célula del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), una organización guerrillera marxista que clandestinamente operaba en la Argentina cuando transcurría la década de los años 70.
Hasta la puerta de la escena de aquel crimen, Castañares 5413, en el barrio de Villa Lugano, un suburbio capitalino bonaerense, en el preciso momento del trágico desenlace, había llegado un grupo de policías federales que procuraba su liberación. Era el 21 de marzo de 1972 cuando Oberdan, nacido en mi querida Asunción el 17 de julio de 1915, cuando salía de su casa, en Carlos Casares 2600, en la zona de Martínez, una barriada de clase alta, unos 25 kilómetros al norte de la capital argentina, fue interceptado y secuestrado por el ERP cuando bien temprano iba a trabajar a la empresa Fiat, donde era director general.
Solo lo acompañaba José Fuentes, conductor del Fiat 1600 en el que viajaban, a quien lo balearon en uno de sus brazos. Entre los irregulares, según algunos datos que emergieron informalmente a la prensa por aquellos años, también se encontraban José Luis da Silva Parreira, seminarista católico y su hermana Elena María; José Luis “Joe” Baxter, Ángel Averame, Elena Codan y Carlos Tomás Ponce de León. Encapuchado por sus captores, fue introducido en un utilitario en el que huyeron con rumbo desconocido.
RESCATE
¿Por qué se lo llevaron? Al parecer, “el objetivo era secuestrarlo por 48 horas y pedir cinco puntos: un millón de dólares para el PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores), un millón de dólares para reparto (popular), reincorporación de los obreros (despedidos) de la Fiat, la liberación de los (gremialistas) detenidos de (los sindicatos) Sitrac-Sitram (de la corriente sindical clasista) y la salida de la Gendarmería (instalada en) la fábrica (de Fiat ubicada en la provincia de Córdoba). No había más”, explicó el 22 de marzo de 2022 justamente Ponce de León al periodista e historiador Marcelo Larraquy.
Pero todo salió mal. De hecho, Enrique Gorriarán Merlo (1941-2006), líder el ERP, apodado como el Pelado, uno de los asesinos de Anastasio Somoza Debayle en Asunción el 17 de setiembre de 1980, entrevistado por el historiador Felipe Pigna, admitió que “uno de los compañeros (que cometieron el secuestro y asesinato) interpretando mal una orden que evidentemente estaba mal dada, disparó sobre Sallustro. Fue un grave error…”
“Estimado amigo Dr. Aurelio Peccei. Me han informado que usted está en B. Aires: más que el jefe está aquí el amigo. Resuelva todo con serenidad y equilibrio, como siempre. Sócrates, antes de tomar la cicuta, deploraba la actitud llorona de sus discípulos y de Santippe: los juzgaba de envidiosos porque él conocería, antes que los demás, la Verdad. A descargo de su conciencia, sepa que estoy muy sereno yo también porqué (sic) finalmente conoceré la verdad de Giorgio y de Dios. Cordialmente. (Firma) Sallustro”.
Sobre el margen izquierdo de la improvisada esquela, agrega una despedida: “SALLUTTI A TUTTI (sic). Particolari per Fuentes”, dice en esa carta póstuma, escrita de puño y letra, por Oberdan Guillermo Sallustro a su amigo y “protector”, Aurelio Peccei. Ese brevísimo testimonio –conmovedor– fue hallado en uno de los bolsillos del pantalón que vestía cuando fue ejecutado.
“LOS CADÁVERES HABLAN”
“Los cadáveres hablan”, suelen afirmar los médicos forenses. Así significan a los múltiples indicios y evidencias que recolectan en la escena del crimen. Esas 89 palabras que escribió Oberdan las percibo, interpreto y significo en esa línea de pensamiento. Siento que Sallustro –vital aún– se sabía muerto al momento de escribirlas. Se despidió de Peccei. Celebró el reencuentro que tenía la certeza que habría de tener con su hijo Giorgio, fallecido y –profundo creyente– aguardaba la revelación divina o, más aún, su resurrección en la esperanza de la vida eterna.
Morir y dejar vivir. Oberdan sabía de la vida… y de la muerte. Hijo de Gaetano y Anna D’Amato Volpe, napolitanos que en el sur peninsular “tuvieron su boda religiosa en la parroquia San Antonio de Padua” cuando “papá tenía treinta años y mamá, diecinueve”. Tiene claro ser “paraguayo de nacimiento, pero italiano hasta la médula y con todo mi árbol genealógico cargado de antepasados de esa nacionalidad”.
Tano y paraguayo. Papá Gaetano “abrió (en Asunción) una farmacia que llamó El Ciervo, ubicada en Estrella y 15 de Agosto. Ella (mamá Anna), a su vez, a pocas cuadras, en Estrella 256, instaló una joyería, en la que ofrecía preciosas creaciones de la orfebrería italiana provenientes directamente de Torre del Greco”, dice Sirvén que –para escribir esta novela periodística, su décimo libro publicado– hace suyo el sentir de Oberdan para ser la voz de quien nunca se hizo escuchar en público. Es palabra de Sallustro. No eran aquellos tiempos de selfies ni de teléfonos que cada día se usan menos para hablar y mucho más para mostrarse y que todos sepan qué sos y dónde estás.
“Era un hombre poderoso y, aunque no me daba corte con eso, por debajo de mi dirección (empresarial) había cerca de veinte mil empleados distribuidos entre nuestras distintas plantas fabriles, oficinas de administración y concesionarias. Abastecíamos al treinta por ciento del mercado automotor argentino; éramos la filial Fiat más importante fuera de Italia. Liderábamos la fabricación de vehículos, tractores, material ferroviario y motores diésel del país. (Y) desde la Argentina comenzábamos a expandirnos al resto del continente”.
TANO Y PARAGUAYO
Valiosos datos. Tano y paraguayo reseña su nacimiento “en Asunción, como el resto de mis hermanos, salvo el último, que nació en Italia. Fui el sexto en orden de aparición después de Iolanda, Manlio, Clelia, Attila y Orestes, mis hermanos mayores. Los que vinieron después fueron Cleodora Piave, Otavio Ángel y el benjamín con el nombre del célebre historiador de la Antigua Roma, Tito Livio, el único nacido en Nápoles (…) Éramos italianos por el ius sanguinis”.
Tano y guaraní. De allí su orgullo al recordar que su “hermano Attila Sallustro fue a su manera también un emperador, pero en las canchas de fútbol, como jugador de primera división en Asunción, luego como figura descollante en el Club di Napoli, entre 1926 y 1937, y también luciendo la gloriosa maglia azzurra (la camiseta azul del seleccionado italiano)”.
Sirvén –la voz de Oberdan– recuerda que “otro de mis hermanos, bautizado Ottavio (…) llegó a ser un dirigente importante del Club Olimpia (y que, en lo personal) siendo alumno de la Escuela de Farmacia participé del Primer Torneo Universitario del Paraguay como integrante de su equipo de fútbol (y) hasta pude jugar en el Club Nacional de la primera división de la Liga Paraguaya de Fútbol!”.
Recuerda también que, ya en la Argentina, a una quinta de su propiedad ubicada en localidad bonaerense de Pilar, la llamó “con nombre paraguayo: Yei Porá”, donde con frecuencia “entre amigos (...) era DT Guillermo Stabile, el primer goleador en la historia de la Copa del Mundo, con sus ocho goles (…) en 1930”. ¿Y el amor? “Durante un baile en el Círculo Italiano (...) quedé prendado de Ida Laura Burgstaller”, hija de Hugo, “a cargo de la agencia marítima Italmar, que representaba en Asunción a los trasatlánticos italianos”.
AMOR A PRIMERA VISTA
El enamoramiento, a primera vista, avanzó indetenible. Ida Laura rompió con un pretendiente. “Lo nuestro prosperó hasta casarnos el 4 de julio de 1939 y seguir juntos en la vida (...) La ceremonia religiosa (fue) en la casa de ella. El cura celebrante fue el padre Agustín Bogarín Argaña, párroco de la iglesia de la Encarnación”. Ida, como yo, había nacido en Paraguay, aunque era descendiente de familias austríaca e italiana”. Es memoria de Sallustro, asesinado cuando tenía 56 y “todavía tenía mucho para dar al Grupo Fiat y, por añadidura, a la República Argentina”.
Tano y paraguayo. Tensionaba Europa. Oberdan sintió que su lugar estaba en la tierra de sus ancestros. Adolfo Hitler y Benito Mussolini avanzaban sobre la libertad de un continente cuyo cielo una vez más era cubierto por negros nubarrones. Se ofreció como voluntario para defender la patria de sus padres que sentía como propia. La familia se agrandó desde el nacimiento de Flavia, la primera hija del matrimonio.
El horror de la nueva Gran Guerra –la Segunda– se inició en setiembre de 1939. Ida Laura comprendió. Su esposo partió. En Asunción lo despidieron su esposa y la bebé. Pronto supieron que, “como oficial de artillería” del Ejército italiano fue a combatir “en el frente griego”. Ida Laura extrañaba. Fue al reencuentro del soldado Oberdan que también sentía la soledad.
“Era una alegría poder reencontrarme con Ida y mi pequeña Flavia. Pronto se sumaría un nuevo integrante a la familia, Ulpio, el único hijo mío que nació en Italia. Décadas más tarde, cuando nos radicamos en la Argentina, tendremos otros tres: Aldo, Buno y Giorgio”. Afincado en Turín, dejó de ser soldado. Volvió a estudiar. En la Università degli Studi di Torino comenzó su simpatía con el clandestino Esercito Nazionale di Liberazione.
PARTISANO
Como combatiente irregular, partisano, “guerrillero que sigue a un partido”, alentó la constitución del Comitato di Liberazione Nazionale. Allí es donde “conocí a Aurelio Paccei cuando revistaba en las Brigate Giustizia e Libertà. (Aurelio) reportaba a Sandro Pertini, quien con el tiempo llegaría a ser presidente de Italia”. Fue el inicio de una sólida amistad que se mantuvo hasta mi último aliento… Para el gran público Sallustro –un desconocido– era y es un gran desconocido.
De él se supo solo sobre su secuestro y asesinato. Incluso, después de su muerte no es tarea sencilla recolectar datos. En la tarde del martes 10 de febrero con Pablo Sirvén no reencontramos después de largo tiempo, aunque siempre estamos en contacto. Caminamos brevemente por la Villa Victoria Ocampo, en Mar del Plata, donde, pese al abandono que se percibe por parte de las autoridades del Municipio de General Pueyrredón, se respira intelectualidad. Allí, en un muy austero salón con paredes y techos blancos, el autor compartió con un nutrido grupo de lectores de sus obras –literarias y periodísticas– entre los que me encuentro su “Operación Sallustro”.
Sé, desde hace muchas décadas, de su compromiso con el oficio de periodista y con la ciencia de la comunicación; pero desde ese momento estoy cierto de haber estado –además de con el amigo y respetado colega– con quien procura darle voz a Oberdan Guglielmo Sallustro para que, en, desde y con él, se conozcan sobre las dramáticas tensiones y las enormes tragedias que atravesaron –en todas direcciones– varias décadas del siglo XX, la centuria de las crueldades.
Las voces de Sallustro y del imaginario Nahuel Sima aportan. Declino de hablar del pasado o del futuro. Procuro no perder de vista –ni siquiera a la hora de la reflexión y haber transitado muchos de aquellos sucesos– que tanto lo que suponemos que “ya fue” y, por ende, creemos que dejó de ser, como el amanecer del día después, siempre (si y solo si) lo miramos desde el presente, que con cada suspiro es inmediatamente el pasado.
VOCES Y SILENCIOS
De allí que Pablo me impresiona con esta creación (con esta novela periodística, insisto) que está preñada de las voces y los silencios que las y los periodistas, donde fuere que intervengamos, atesoramos desde el primero de nuestros días de trabajo cuando procuramos informamos para informar.
“Los periodistas somos ricos en historias”, dijo Pablo esa misma tarde ante un grupo de sus lectores y lectoras que le pedían que firmara y les dedicara el libro que recién habían comprado. También firmó el mío. Para decirlo en italiano… un vero capo lavoro. “Tembiapokue iporãmbajepéva”, en guaraní como corresponde categorizar cuando se trata de un tano y paraguayo. De aquellas tragedias como la que comparten y tienen a Oberdan Sallustro como víctima y/o a Nahuel, en este caso, como victimario, no somos escasas las personas que quieren y queremos saber más.
El periodismo es también informarnos para informar, como tantas veces se dijo en estas historias de cada domingo. Y ese es el trabajo que hace Pablo Sirvén, que se le disparó con “una conversación al paso y casual con Carlos Tonelli (quien fuera) el asistente más cercano de Sallustro”, ese tano y paraguayo cuya vida, pasión y muerte no fueron solo veinte días.