A finales del 2019 nacía – el principio del principio – en el mundo una pandemia que se tornaría mundial con el coronavirus (el Covid-19) que se empezaba a esparcir lentamente con contagios y muertes (lo de Italia fue sencillamente monstruoso en su primera etapa). Llegó a nuestros lares con fuerza y temor en marzo 2020. Sacamos nuestra Ley de Emergencia por 1.990 millones de dólares y nos decidimos a enfrentar el mal.

El mundo comenzó a paralizarse y todos caímos en recesión (crisis económica). Y cuando ocurre este fenómeno un producto vital para movernos interna y externamente experimentó una abrupta caída en su precio de venta mundial: el barril de petróleo. La economía mundial no se movía y la oferta de petróleo fue tan grande con respecto a la demanda que en abril 2020 “no tuvo precio” o tuvo “precio negativo”. Se pagaba para desprenderse del petróleo que no se podía almacenar porque simplemente no había lugar.

Se le pagaba al comprador para sacarse de la carga del petróleo. Una locura nunca antes vista. En nuestro país por presión pública y periodística más que por interés del Gobierno y las empresas privadas del negocio de los combustibles, a la luz del descenso internacional del petróleo y su enorme abundancia, se tomó la decisión de bajar el precio del combustible en 400 guaraníes el litro. Y voy a tomar el caso del gasoil – el más importante – como referencia del camino recorrido. El precio del gasoil pasó de G/l. 5.180 a Gl. 4.780 el 12 de marzo 2020 (-400). Posteriormente el 20 de mayo 2020 se dio una reducción de G/l. 250 con lo que precio del gasoil bajó a G/l 4.530. Como a comienzos y/o mitad del segundo semestre 2020 a la par que la economía recuperaba algo importante de su movimiento el precio del barril fue subiendo. Oscilando pero con tendencia al alza que se acrecentó a partir del primer trimestre 2021.

Y a partir de ahí tuvimos cuatro aumentos en el precio del gasoil (marzo, mayo, julio, octubre) por un total de G/l. 1.800. Aunque de manera un tanto oscilante el precio del petróleo se subió a la tendencia alcista. Lo mismo lo hizo el dólar. Pero recordemos que se han dado otros factores negativos para no poder evitar las subas del petróleo y correspondientemente del gasoil en sus precios. A nivel mundial hubo muy serios problemas de logística (almacenamiento) y transporte marítimo con impacto en los fletes que se encarecieron. Firmar contratos no era lo mismo que ayer ni asegurar la cantidad y la velocidad del abastecimiento, más para un país pequeño como el nuestro. Se sumaron los serios problemas de navegabilidad del río Paraguay y Paraná agregando más costos al suministro local de combustibles.

En un error mío, que lamento muchísimo, tomé el descenso del precio del petróleo en noviembre 2021(US$ 65,2) como inicio de una tendencia a la baja y redujimos el precio de los combustibles en G/l 250 entre el 10 de diciembre y el 31 de diciembre. Enero fue fatal: el precio del barril está en US$ 87,25 (incremento del 34%) y el dólar casi termina en G. 7.000 (o más). El precio técnico del gasoil – como referencia de los otros combustibles – se ubica entre Gl. 600 y Gl. 800. Los emblemas privados tomaron la decisión de subir G/l. 600 y el precio pasó a G/l. 6.930 (9,5%) con un aumento global desde enero 2020 de G/l 2.400 y 53%.

Es una realidad que golpea y duele. Pero no es nuestra culpa. Importamos casi 1.700 millones de dólares en lubricantes y combustibles. Y casi un millón sólo en gasoil. No manejamos el mundo. El mundo nos maneja. Bienvenidas sean decisiones para amortiguar el martillazo, pero mucho cuidado con excesos de subsidios, deudas y populismo. Was gesagt werden muss, muss gesagt werden. Duele decirlo, pero hay que decirlo.


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