El no poder conciliar el sueño, el despertarse continuamente por las noches o la mala calidad de una noche de supuesto “descanso” son motivos recurrentes de visita a mi consultorio, mucho más acrecentado con los efectos de la pandemia y el aislamiento. Y es que el sueño no es tan sencillo como parece. No es solo acostarse, cerrar los ojos y dormir. Muchas veces no es la almohada, el somier o el ambiente. Muchas veces el dormir es un lujo que no todos pueden darse.
Con los niveles de estrés disparados, nuestro organismo se altera y nuestro descanso es más bien un cansancio constante. Si ya te ocurría antes del confinamiento, sabrás muy bien a qué nos referimos, y si te ha comenzado a suceder tras este, es posible que estés buscando desesperadamente una solución al insomnio.
Lo primero que debes saber sobre este es que, si se produce frecuentemente lo más adecuado es acudir a un especialista según las causas a las que responden este y otros síntomas que puedas sentir. En una noche de sueño normal, nuestra neurobiología alcanza un punto de inflexión entre las 3 y las 4 de la madrugada. Nos despertamos muchas veces cada noche.
¿Qué supone este punto de inflexión? Que a partir de entonces, nuestro cuerpo comienza a prepararse anticipándose a la luz del día. La temperatura central del cuerpo comienza a subir, el impulso del sueño se reduce (porque el cerebro ya considera que hemos dormido mucho), la secreción de melatonina (la hormona del sueño) ha alcanzado su punto máximo y los niveles de cortisol (una hormona del estrés) aumentan, como si en nuestro interior existiera, efectivamente, un reloj, nuestra naturaleza predice el amanecer (también el anochecer) antes de que lleguen, y nos prepara ante la luz o la ausencia de esta. De hecho, nos despertamos muchas veces cada noche, sobre todo en la segunda mitad de la misma porque el sueño es más ligero entonces, y ahí está la clave: cuando el sueño nos va bien, simplemente no nos damos cuenta de estos despertares.
Pero con un poco de estrés es muy probable que la vigilia se convierta en un estado de plena conciencia. Al entender la noche como el momento del sueño, despertarnos puede producir preocupación, y si esta llega cada noche, la desesperación por estar dormido puede hacer que la persona se despierte de un tirón ansiosamente cada vez que atraviesa una fase de sueño ligero. Por eso existe un fuerte vínculo entre el sueño y el estrés, la ansiedad y la depresión. Acudir al médico es así la mejor opción para comenzar a frenar esa espiral. Hay que tener en cuenta que de madrugada, los problemas no tienen solución.
¿Continuamos hablando del insomnio la semana siguiente? Les dejo de la cabeza y sin poder dormir, ¡por 7 días…!