El presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Fernández, líderes de la coalición de gobierno, el Frente de Todos (FdT), procuran recuperar –en las elecciones de medio tiempo del próximo 14 de noviembre– 2,6 millones de votos que perdieron en los recientes comicios primarios abiertos simultáneos y obligatorios (PASO), del 12 de setiembre último, respecto de una elección similar en el 2017. Si se contrasta con la PASO presidencial del 2019 –cuando triunfaron sobre Mauricio Macri y Juntos por el Cambio (JxC)– la fuga de voluntades electorales es de 4,3 millones. Están obligados a intentarlo. ¿Podrán hacerlo? Alberto F. y Cristina F., por lo que trasciende, no coinciden en el cómo hacerlo. Nada nuevo. Pero ambos tienen que gobernar dos años más y, desde la gestión, también emergen más interrogantes que certezas.

La paridad de género, por ejemplo, parecería haber quedado atrás. Con los cambios en el gabinete, la paridad deseada descendió. La ministra de las Mujeres, Géneros y Diversidad, Elizabeth Gómez Alcorta, parece estar cada día más en soledad. El último despido resonante fue el de la secretaria de Comercio, Laura Español. Fue relevada por el jefe de Estado. La funcionaria nada pudo hacer contra la inflación. En la medición interanual, los precios crecen poco más del 51%. Es una de las mayores demandas sociales locales. La reemplaza el economista Roberto Felletti, colocado en el cargo por Cristina F. ¿Lo conseguirá este hombre?

La segunda novedad emerge desde la cancillería. Los esfuerzos prioritarios de esa cartera ministerial y del flamante canciller Santiago Cafiero –según coincidentes fuentes diplomáticas locales que exigen reserva de sus identidades– son dos: recomponer los equilibrios internos en el Mercosur, el bloque regional, y que, en la próxima cumbre del G20, Alberto F. tenga una bilateral con su homólogo norteamericano, Joe Biden. La foto de ese encuentro, dicen, podría tener efectos positivos en la campaña electoral. ¿Alberto, conseguirá esa foto? No será fácil. En el orden doméstico, no es sencillo conseguir una foto de Alberto junto con Cristina, en soledad. Las imágenes del dúo, hasta este lunes, son escasas y sin buenas caras. Se dice que el martes pasado, ambos almorzaron a solas. Nadie confirma esa reunión. Cercanos al presidente –desde la reserva más absoluta– aseguran que “fue un encuentro positivo”. Allegados a la vicepresidenta responden que “se dijeron todo lo que se tenían que decir”. ¿A quién creerle?

Pero, si de gestión gubernamental, análisis y percepciones públicas se trata, es necesario destacar algunos ejes que –por sus características– si no lo son, aparecen en las corrientes informativas como acciones de campaña proselitista que insinúan vocación clientelista. Veamos. De un día para otro, por ofrecer solo un ejemplo relevante, se puso fin sin formalidades a la emergencia sanitaria por la pandemia de Sars-Cov-2 que, hasta la tarde del sábado pasado, provocó 115.458 muertes. Sin demasiadas explicaciones científicas y sin que se conozca qué piensa el “grupo de expertos” que asesora al presidente, se dijo adiós al barbijo “al aire libre”.

La distancia social trocó en una referencia que no todos ni todas tienen presente. Las estadísticas diarias sobre la situación dan cuenta de una baja sustancial en los contagios y en las muertes. ¿Qué pasa con la variante Delta que hasta el viernes 10 de setiembre pasado avanzaba en algunas zonas del país? También volvió el fútbol. Aforo del 50% para el ingreso en los estadios. En la primera fecha poscovid, en la que River venció a Boca por 2 goles a 0, claramente, la restricción se incumplió. El estadio Monumental podría ser clausurado en breve. Actúa la justicia.

Junto con los espectáculos deportivos, se dio el regreso de los actos políticos. La cancha de Nueva Chicago, en la zona sudoeste de la ciudad de Buenos Aires, con la presencia de Alberto F. y del presidente del bloque de diputados oficialistas, Máximo Kirchner, desbordó con la presencia de un par de movimientos sociales. En los dos casos expuestos, apenas de vieron algunos tapabocas. También actúa la justicia. En ese lugar, el líder del Movimiento Evita, Emilio Pérsico, secretario de Economía Social de la Nación, aportó con un discurso inusual la más relevante intención de campaña para ese sector. “Creo que esta democracia de la alternancia no camina”, sostuvo y aseguró querer “construir una democracia donde el movimiento popular gobierne 20 años la Argentina (…) pero necesitamos que Alberto siga ocho años y, si no, que le entregue la cinta a otro compañero para seguir una escalera ascendente”.

En ese contexto, Pérsico, explicó que “Cristina dijo una vez (..) que tenemos que tener un gobierno que se parezca a nuestro pueblo” y para alcanzar ese objetivo “tenemos que llenar la política de pobres para construir el bien común”. ¿De qué habla, qué propone? ¿Un gobierno democrático de pobres, para los pobres y por lo pobres? ¿Colmar de pobres la Argentina para que no se vean los pobres? El gobierno, inició acciones concretas para mejorar los ingresos de trabajadores, trabajadoras, jubilados, jubiladas y personas en situación de vulnerabilidad. Avanza, también, con otras medidas de contención social imprescindibles. La macroeconomía cruje.

Las reservas que atesora el Banco Central se contraen. Los cepos al dólar –elementos de consumo popular en este país desde décadas para resguardar los magros salarios de la pérdida de valor adquisitivo– crecen. La metáfora de la frazada corta. El gobernador bonaerense, Axel Kicillof, paga con fondos públicos los viajes de egresados y egresadas de colegios públicos y privados. En esa provincia, el 70% de niños y niñas son pobres. En el país, el 42% de la población también lo es. No son pocos ni pocas los peronistas que, desde miradas críticas y en reserva, sostienen y llaman a esas políticas proselitistas como “coima social con platita para todos y todas”.

La crueldad del fuego amigo en el país donde se pueden comprar televisores, celulares y electrodomésticos en 12 y 18 cuotas pero los medicamentos –con descuentos o no– se pagan al contado rabioso. Los alimentos básicos, también con el 21% de IVA (Impuesto al Valor Añadido).

Otros dos consultados, “peronistas de Perón y Evita”, como se autodenominan, con tono arrabalero, dicen que estas acciones para “ganar elecciones a cualquier precio, sin pensar en el día siguiente”, se inspiran en el tango “Naranjo en Flor”, de los hermanos Homero y Virgilio Expósito. Ante mi silencio, recitaron: “Después, qué importa del después, toda mi vida es el ayer, que me detiene en el pasado”. Hoy, faltan 34 días para las elecciones.

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