• Por Ricardo Rivas
  • Corresponsal en Argentina
  • Twitter: @RtrivasRivas

El Frente de Todos se encuentra en “estado de debate profundo” coincidieron en describir no menos de cuatro dirigentes de esa coalición electoral, parlamentaria y de gobierno, que exigieron reserva de sus identidades. Uno de ellos, agregó enfáticamente: “El voluntarismo, la simplificación, los gestos directivos, los gritos, no nos han servido para crecer. Hay que abandonarlos”. Sonó como dura advertencia propositiva. “Algo no hemos hecho bien”, dijo el presidente Alberto Fernández con el micrófono en su mano derecha en la noche del domingo último, luego que su gobierno fuera derrotado en las primarias abiertas simultáneas y obligatorias (PASO).

A su lado, la vicepresidenta Cristina Fernández, miraba hacia el piso y, cuando levantaba la cabeza, era indisimulable una mueca de disgusto dibujada en su cara. A los lados de ambos, el gobernador bonaerense, Axel Kicillof –”el más derrotado de los derrotados”, al decir de numerosos peronistas no kirchnerista– el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, la candidata y el candidato a diputados, Victoria Tolosa Paz y Daniel Gollán, completaban con holgura el cuadro de la desolación. Un par de horas antes, apenas finalizada la elección, Axel y Victoria, entre otros, bailaban sobre el escenario los ritmos bailanteros de la banda Intoxicados.

No pocos ni pocas analistas vieron en esa escena algún parecido con el siempre mencionado “baile sobre la cubierta del Titanic”. Ayer, lunes –la mañana del día después– en alguna medida, se recrearon para esos protagonistas relevantes de la jornada pasada, imágenes que nunca quieren recordar para revisar y aprender de las derrotas sufridas en el 2009, el 2013 y el 2017. “La única verdad es la realidad”, sostenía Juan Domingo Perón en uno de sus más célebres refranes. Tal vez, sea veraz. Aunque, quizás, sea posible y más equilibrado pensar que la realidad, por sobre todo, es una construcción colectiva.

Desde muchos meses, encuestadoras y encuestadoras comenzaron a ver con claridad el terremoto político que, finalmente, golpeó duro al oficialismo local. Pero –decisión sustancial en defensa propia, tal vez– los pesquisantes sociales decidieron no hacer públicas sus previsiones. Hay extremo agotamiento de que, cuando la realidad de los números sacude a la opinión pública, siempre se diga que “nuevamente se equivocaron las encuestas”. Los compradores de investigaciones de opinión pública –todos los gobiernos al igual que las y los actores públicos– también sabían de tales augurios totalmente científicos y confiables.

Los derrotados, sin embargo, no rechazaron de plano aceptar y, mucho menos, internalizar esos anuncios para evitar el precipicio. Sostiene el maestro Edgar Morin, un centenario sabio de dos siglos, que –palabra más, palabra menos– las cegueras del conocimiento se apoyan en “el error y la ilusión”. De ilusionadas y equivocados parecería estar hecha la gestión de la cosa pública global en las décadas más recientes. Aquí, allá y acullá. Amarga verificación. Especialmente, por las muchas vidas que costó recuperar el sistema democrático e institucional regional y local y, por el altísimo costo que el tránsito posterior a los autoritarismos tiene en desempleo; en inseguridad ciudadana, social, sanitaria y de todo tipo; en inflación; en desnutrición, en falta de educación.

La enumeración podría ser interminable. Alberto puso la otra mejilla ante el golpe que recibió a través de las urnas cuando no faltaba mucho para que finalizara el domingo. “Hay una demanda insatisfecha y a partir de mañana nos vamos a ocupar de prestar atención y a resolver el problema”, admitió y agregó: “Todos los que estamos aquí solo queremos la felicidad de nuestro pueblo y por eso hemos trabajado denodadamente, pero ha sido insuficiente”. Desde esa perspectiva, el mandatario, adelantó: “Vamos a trabajar para que en noviembre (domingo 14) los argentinos y argentinas nos acompañen, porque seguimos convencidos de que estamos en frente a dos modelos de país”.

De la lectura atenta del mapa electoral emergente de la medianoche del domingo último, claramente se percibe que el rechazo a la gestión del oficialismo argentino se extendió con altísima velocidad desde el 10 de diciembre del 2019, cuando se inició el mandato presidencial de Alberto F. tutelado por Cristina. Desde hoy, el gobierno nacional, varios provinciales y miles de municipales, procurarán, en 61 días, recuperar la confianza social que perdieron en 644. Cambiar la realidad de la derrota en 1.464 horas de nuevas políticas públicas, luego de perder la confianza de un segmento relevante de la población en 15.456 horas. En el recuento nacional de los votos emitidos en la gran encuesta que, de alguna manera, resultan ser las PASO, se verifica que la administración del Frente de Todos perdió por alrededor de 8 puntos porcentuales en todo el país. Sobre 24 provincias, cayó en 17. En 5 ganó y, en 2, triunfaron partidos provinciales.

Las críticas internas en el FDT comenzaron. En un breve –brevísimo– paper crítico que a estas horas circula entre los dirigentes que son escuchados con atención en los niveles de conducción frentista, al que tuvo acceso este corresponsal, un académico muy respetado dentro del oficialismo, integrante del tanque de ideas que fuera conocido como “Carta Abierta”, de quien no tengo autorización para revelar su identidad “porque se trata de un papel intrapartidario”, sostiene que “no ganó la derecha, [sino que] ganó, el castigo a la gestión”. A renglón siguiente, destaca que “es lógico que la derecha lo aproveche”, pero advierte en tono reiterativo que “no ganó un programa o propuesta de la derecha, [sino que] perdimos nosotros”.

Añade y propone: “Si por un momento tenemos una pausa entre la puteada, la sorpresa y la amargura –por ahí– se filtra [como idea] que este resultado expresa un movimiento en las fuerzas políticas que pueda abrirnos los ojos a una nueva oportunidad”. Continúa: “Hay que romper el péndulo entre ellos y nosotros, basados en la gestión. Se castigó [en 2019] a Macri (Mauricio], ahora a AF, [el péndulo] va y viene. Para terminar con esto es que tenemos que pescar en la laguna de al lado. Solo con lo nuestros no alcanza. Pero, exige el sacrificio de dialogar, conversar, acordar, seducir y salir de la cueva. Tenemos una cueva grande pero impenetrable ante la reflexión y la construcción”. Interroga después: “¿Podremos?” Finalmente, con reflexiones y fundamentos simples, recomienda para la etapa que se abrió con la derrota: “Ellos se están moviendo, lógicamente, para quedarse y amorosamente pulverizarnos. El voluntarismo, la simplificación, los gestos directivos, los gritos, no nos han servido para crecer. Hay que abandonarlos”.

Pese a ese clima interno, el presidente Fernández rechazó que vaya a introducir cambios en el Gabinete Nacional. “No se trata de cambiar jugadores, sino de la forma de jugar”, respondieron dos altos funcionarios con acceso cotidiano al Jefe de Estado al ser consultados. Todo indica que en la sede del Instituto Patria, donde se asienta el núcleo duro del kirchnerismo se trabaja en la redacción de un documento “crítico y propositivo”, así lo llaman, para cambiar algunos ejes gubernamentales y aplicar nuevas políticas de cara al 14 de noviembre.

Para ello, los dirigentes sociales Luis D’Elía y Juan Grabois, como avanzada de lenguaraces sectoriales, durante todo el lunes apuntaron contra el ministro de Economía, Martín Guzmán y el jefe de Gabinete de Ministros, Santiago Cafiero. Alberto Fernández está dispuesto a sostenerlos. Cristina, no. Mientras, en el ecosistema económico y financiero, como consecuencia del tsunami político, el índice local SPMerval (Mercado de Valores), trepó 4,5%. El indicador de riesgo país que mensura JP Morgan, cayó 4,2% hasta plantarse en 1476 puntos básicos. Los papeles argentinos que se cotizan en Wall Street (ADR), en promedio tuvieron un alza de 14,5%. En el mercado informal el dólar estadounidense [blue], se negocia a $181,50 por unidad, casi tres pesos menos que el viernes pasado. Cambia, todo cambia.

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