- Por Felipe Goroso S.
- Columnista político
La Comisión Nacional de Juegos de Azar es de las instituciones que tienen bajo su jurisdicción uno de los rubros que mueven mayor volumen de dinero y sobre la cual es muy poco lo que se sabe. Su campo de acción, y se está viendo en estos momentos, tiene ramificaciones que alcanzan al día a día de la gente. Sin embargo, nunca se verá que aparezca en ninguna encuesta de medición de gestión, ni los juegos de azar aparecen entre las preocupaciones de la ciudadanía. Es tal su nivel de invisibilidad que muy poca gente, excepto aquellos con una vinculación directa, sabe siquiera de su existencia.
A la par, este gobierno se ha caracterizado por cumplir al pie de la palabra uno de los conceptos que más repitió y sugirió a la gente en esta pandemia: reinventarse. Se pasa reinventando, explorando nuevas posibilidades en instituciones donde abrir grifos que estuvieron cerrados o que al menos los negocios salían a cuentagotas. Algo o mucho de eso es lo que puede verse que está pasando en la Conajzar. En la denuncia penal presentada ante la Fiscalía por un grupo de senadores se menciona lesión de confianza, usurpación de funciones públicas, declaración falsa, prevaricato y exacción, entre los posibles delitos que se podrían estar configurando.
Se cuestiona y se aportan datos que podrían probar, luego de una investigación fiscal obviamente, irregularidades en la adjudicación de la quiniela, adjudicación de las máquinas tragamonedas y quitas en los juegos de azar. La denuncia se presentó un par de días antes de que se tratara en una sesión de la Cámara de Senadores el voto de censura, luego de que sus integrantes consideraran que las respuestas del titular de la institución hayan sido insatisfactorias. El proyecto quedó en un compás de espera luego de que los impulsores hayan pedido su postergación al no haber podido alcanzar la cifra requerida, que es de 30 votos. Queda por verse cómo se dirime este punto en la semana que estamos iniciando.
Cuándo no; la política, esa mala palabra que empieza con p y termina a, resuena en los pasillos del poder como la escenografía de este fuego cruzado que ya está implicando un desgaste mayor del recomendado para el Poder Ejecutivo. Que, cuándo no, está en el medio de fuego amigo. Una batalla donde hay mucho en juego. Literalmente.