Hemos escuchado muy frecuentemente términos como eficacia y efectividad de las vacunas durante todos estos meses de pandemia. Aunque puedan parecer sinónimos, para los científicos la efectividad y la eficacia de una vacuna son conceptos distintos.

Cuando hablamos de eficacia de una vacuna, nos referimos básicamente a qué tanto una vacuna protegerá a un grupo de personas que participa de un estudio clínico.

Al estudiar una potencial vacuna, los investigadores desarrollan una serie de pasos en los que ésta es analizada tanto en estudios preclínicos (estudios en el laboratorio tanto con células como animales) así como en estudios clínicos (que involucran personas).

Los estudios clínicos son divididos en fases y cada fase tiene un objetivo. La eficacia de una potencial vacuna es analizada en la fase 3. En esta, participa un número grande de personas. En el estudio de Pfizer, participaron 43.600 voluntarios y en el estudio de Oxford/AstraZeneca, 23.500 voluntarios. El método utilizado para el estudio de una vacuna es el aleatorizado, doble ciego, comparado con un grupo placebo.

Tomemos el ejemplo de Pfizer. Los 43.600 voluntarios son divididos en dos grupos: el grupo que recibirá la potencial vacuna y el grupo placebo que recibirá una sustancia que carece de actividad farmacológica (por ejemplo, solución salina). La composición de ambos grupos se determina aleatoriamente, de manera a evitar la introducción accidental de sesgos. Cuando hablamos de doble ciego, nos referimos a que ni los voluntarios ni los profesionales que aplican la vacuna o el placebo, saben qué sustancia recibe cada voluntario. De esta manera se evita otro tipo de sesgos, que también podrían afectar el estudio.

Los voluntarios, luego de recibir su vacuna o su placebo, vuelven a su vida normal y los investigadores monitorean el número de infectados que van apareciendo. Cuando se llega a un número de infectados, los investigadores revisan estos números para saber cuáles infectados recibieron la vacuna y cuáles el placebo. Si la proporción de infectados en el grupo que recibió la vacuna es significativamente menor que la proporción de infectados observada en el grupo placebo, podemos afirmar que la vacuna provee protección contra la infección.

Volviendo al ejemplo de Pfizer, una vez que los investigadores contabilizaron 170 infectados, observaron que 162 de estos habían recibido el placebo y solo 8 la vacuna. De esta manera se llegó a la conclusión, luego de un análisis estadístico, de que la vacuna de Pfizer posee una eficacia del 95%. Análisis similares se realizan con el número de internados y el número de fallecidos en cada uno de los grupos, para determinar la protección ante casos graves y contra la muerte.

Se observa entonces que el término eficacia es utilizado para determinar qué tanto una vacuna protege contra una enfermedad, en un estudio clínico. Como vimos, el estudio clínico es controlado por los investigadores.

Una vez que la vacuna ha sido aprobada, es ofrecida a la población en general. En este escenario, los investigadores ya no tienen tanto control sobre quiénes reciben la vacuna, pero continúan acompañando los resultados de protección a medida que pasa el tiempo. El resultado de este análisis de protección de la vacuna en el mundo real determina la efectividad de la vacuna. Como vemos, la efectividad de la vacuna puede ser distinta a la eficacia que fue determinada en un estudio controlado, principalmente porque en el mundo real los vacunados no necesariamente tendrán, en media, las mismas características que los grupos seleccionados para el estudio.

¿Baja efectividad en Israel?

Israel se ha destacado como uno de los pioneros en la aplicación masiva de las vacunas. El número de vacunados alcanza aproximadamente el 88% de su población y los análisis, según algunos expertos, indicarían que la efectividad de la vacuna de Pfizer estaría cayendo a los 6 meses. Por ese motivo, el gobierno israelí ha autorizado la aplicación de una tercera dosis (1).

Sin embargo, los datos de la efectividad de las vacunas pueden ser complicados de analizar, especialmente en una pequeña población, como la de Israel. Por ese motivo, Estados Unidos no ha autorizado aún la tercera dosis, excepto a personas inmunocomprometidas.

En el caso de Israel, la situación se ha complicado más debido a la falsa seguridad que ha tenido la población, la entrada de la variante delta (variante muy transmisible que se está esparciendo por el mundo) y, lo más importante, el 12% de la población que se niega a recibir la vacuna.

Últimos datos (2) han indicado que la efectividad de las vacunas para proteger de la transmisión ha disminuido debido a la variante Delta; sin embargo, el gran poder de protección que las vacunas aún continúan ofreciendo frente a casos graves y hospitalizaciones es incuestionable.

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