Treinta y tres días es el tiempo que falta en la Argentina para que –el domingo 12 de setiembre– se realicen las elecciones primarias abiertas simultáneas y obligatorias (PASO). En ese lapso temporal, el gobierno del presidente Alberto Fernández procura vacunar a poco más de 12 millones de personas que aún no han recibido ninguna vacuna contra la pandemia de Sars-Cov-2, que es una de las mayores preocupaciones sociales. La campaña, de cara a los comicios en los que se definirán quiénes serán candidatas y candidatas para renovar, el 14 de noviembre venidero, la mitad de los diputados y un tercio de los senadores, pese a que recién comienza ya emite señales claras de cuál es el segmento social al que oficialistas y opositores apuntan: la llamada clase media. Suponen los y las estrategas comiciales que es ese el nicho al que hay que motivar.

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), uno de los cuatro distritos electorales más relevantes, con 2,58 millones de electores y electoras (7,95% del total nacional) –según el analista Ricardo Rouvier, uno de los más prestigiosos consultores argentinos que, con cierta frecuencia, mide para el oficialista Frente de Todos (FdT)–, un 15,5% de las personas consultadas “no sabe” a quién votará; y 5,6% responde que lo hará “en blanco”. En la provincia de Buenos Aires, con 12 millones de electoras y electores (37% del padrón nacional), 11,5% “no sabe” a quien elegirá; y, 3,9% emitirá su voto “en blanco” o “no” lo hará. Históricamente, en este país, en el que el voto es obligatorio, pese a ello, para los comicios de medio tiempo, suelen concurrir a votar entre el 76% y el 79% del electorado.

De allí la relevancia, para quienes se someten a la voluntad popular, de captar la porción más grande de quienes responden “no” saber por quiénes lo harán o que “no” concurrirán. En los primeros spots publicitarios del Frente de Todos, el oficialismo, claramente, destacan que “Argentina (es) un país que te cuida”. Las imágenes que apoyan el texto potencian el plan de vacunación contra el coronavirus y, en ese contexto de agujas y jeringas, se destaca que la vacuna se fabrica aquí.

Se evita, al menos hasta ahora, ofrecer estadísticas sobre cantidad de personas inoculadas porque, según los números oficiales hasta las primeras horas de la tarde de ayer, unos 12 millones no recibieron aún ninguna dosis y 8,44 millones completaron el esquema con los dos componentes. No se hizo mucho. Desde la principal oposición, en el frente Juntos por el Cambio, la actividad publicitaria hace foco en personas y generalidades. El ex vicejefe de Gobierno de la capital argentina, Diego Santilli por el PRO (Propuesta Republicana), que fundara el ex presidente Mauricio Macri (2015-2019) y Facundo Manes por la UCR (Unión Cívica Radical), precandidatos para definir quiénes enfrentarán las candidaturas oficialistas, con intensidades variables, se agreden ostensiblemente entre ellos.

¿Futuro? De eso no se habla. Hasta el momento, solo en una pieza publicitaria que protagoniza el candidato opositor José Luis Espert, quien lidera Avanza Libertad (liberal que en todas las compulsas acapara, hasta aquí, entre el 7% y el 9% de las voluntades electorales), hace referencia a la marcha de la economía y, en ese contexto, destaca –con datos gubernamentales– que hay un 50% de pobres, que “cerraron 600 mil pymes” y que la inflación, también se ubica en el 50%. Con evidente poco presupuesto, hasta este minuto, comunica cosas –temas– concretas.

Un hallazgo de Amén Argentina, que lidera el creativo Sergio Pollaccia, en el que procura evitar lo que el ensayista e intelectual Alejandro Katz categoriza como “langue de bois (lengua de madera)”, como se alude en Francia al discurso vacío de los actores políticos.

Por su parte, la consultora de opinión pública Managemet & Fit, Mariel Fornoni, en breve diálogo telefónico con este corresponsal ratificó que, cuando se aplica la técnica de focus group para analizar el clima electoral a través de entrevistas con las y los votantes en “cámara Gesell”, las respuestas a diversos estímulos son muy concretas: “No es momento de votar”; “No me interesa”; “Sería mejor que vacunaran y que luego nos llamen a votar”; “Si quieren hacer una buena campaña, que vacunen”. Tal vez, los fundamentos del presunto desinterés en los comicios que vienen, podrían ser consecuencia directa de que –también hasta las primeras horas de la tarde de ayer– los números de la pandemia reportan 5,012 millones de infectados y la luctuosa cifra de 107.302 fallecimientos.

Pero no es todo. En tiempos de emergencia sanitaria en el que Rouvier sostiene que el 40,6% de la población evalúa negativamente la gestión de la pandemia; con un 52,2% de la sociedad en “desacuerdo” con la marcha de la economía y, con un 67,% convencidos que la inflación “no va a disminuir”, el panorama no puede ser optimista. En ese contexto, Ricardo Rouvier asegura que “es muy poco lo que el oficialismo puede mostrar como logro de la situación socioeconómica, salvo la recuperación parcial de la industria y el comercio, pero es un tema pendiente y de gran sensibilidad colectiva, el nivel general de precios”.

Momento histórico muy particular, por cierto, en el camino hacia las elecciones de medio tiempo, en las que se habrá de definir el destino del proyecto político que encarna el Frente de Todos sometido por estas horas a fuertes presiones. El silencio e invisibilidad de la vicepresidenta Cristina Fernández es también un indicador relevante. Algunos y algunas sostienen que “es negativo”. Cristina F. tiene tras de sí derrotas de medio tiempo en 2009, 2013 y 2017. No es poca cosa. Tal vez por ello, y si bien demandan estricta reserva sobre sus identidades, coincidentes voceros inevitables cercanos a la segunda al mando, sostienen que “si ganamos, ganamos todos. Si perdemos, pierde Alberto”. A su tiempo, desde el entorno presidencial, con las mismas premisas de confidencialidad, dicen: “Si ganamos, como va a ser, Alberto va por la reelección” en el 2023.

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