• Por Jorge Torres Romero

“Al presidente de la República, por alguna razón, no le gusta resolver ni enfrentar los problemas antes que exploten y cuando no encuentra respuestas, terminan en el Congreso con algún proyecto de ley”, dijo el senador liberal Eusebio Ramón Ayala refiriéndose al conflicto desatado con los camioneros y la intención de regular el precio del flete.

Abdo pudo evitar el caos desatado adelantándose al problema que se venía anunciando y tenía la herramienta para hacerlo a través de la Comisión Nacional de la Competencia (Conacom), pero ni olió el conflicto con todo el perjuicio que esto ya ha generado a la economía.

Preocupación genuina de los camioneros sobre la necesidad de regular al sector, pero mal planteada y azuzada por políticos de la izquierda como Sixto Pereira (Frente Guasu), que solo buscan el enfrentamiento social y el caos para catapultar sobre ellos la conquista del poder.

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Abdo operó para que de la mano del senador Óscar “Cachito” Salomón se flirtee con sectores que en nombre de las reivindicaciones sociales pisotean algunos derechos constitucionales como la libre circulación y el respeto a la propiedad privada.

En Paraguay todavía preservamos esos valores y ese estilo de vida que permite la convivencia armónica entre ricos y pobres, empresarios y trabajadores. El hijo del vecino humilde que todavía juega en la plaza con el amigo pudiente. Si perdemos esa convivencia armónica, vamos rumbo a lo que sucede en la Argentina y que denominan: la grieta. Dos países conviviendo en uno y en donde las consecuencias son nefastas en lo económico y con posturas casi irreconciliables.

En nuestro país, ese modelo no prende aún, por eso quienes pregonan esa línea no llegan al poder a través de los votos y buscan permanentemente atajos para hacerlo. Por eso es repudiable lo que hace Abdo, en el 2018 le votaron paraguayos que quieren seguir conviviendo en esa armonía pacífica de la que hablamos, aunque nos falte un montón para encontrar las soluciones a los dramas que tenemos.

Abdo coquetea con quienes no dudarán un segundo en sacarlo del poder y terminará de vuelta pidiendo auxilio como buen cobarde e incapaz de hacerse cargo de sus actos, o refugio a sus aliados naturales, su partido político. Partido que en dos ocasiones lo salva no porque lo quiera o vea en él al líder irreemplazable, sino ante el temor de que el poder caiga en manos de quienes pregonan el enfrentamiento entre paraguayos.

Los colorados deben pensar en serio, luego del 15 de agosto, en apretar el botón rojo y pedirle por las buenas al presidente de la República que colocaron en el poder a que dé un paso al costado; caso contrario, su torpeza e incapacidad seguirán generando graves problemas al Paraguay. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.

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