La palabra de Dios en este domingo nos invita a descubrir la plena satisfacción para nuestras vidas en el encuentro con Cristo. Si venimos a Él no tendremos hambre y si creemos en Él se terminará nuestra sed.
Qué lindo sería que esto pudiera suceder en la vida de todos los cristianos: ser personas satisfechas, realizadas, plenas… Sin embargo, existen muchos de los que hasta frecuentan la iglesia, pero que no se sienten satisfechos. Están en la expectativa de un encuentro más profundo o de una realización más plena. Al estar insatisfechos son víctimas fáciles de los tentadores que prometen felicidad, milagros, bendiciones abundantes, si abandonan la iglesia católica para congregarse en las carpas.
La pregunta que siempre me hago es: ¿Por qué estos hermanos están insatisfechos con nuestro encuentro con Cristo? Si estoy convencido que la eucaristía es lo máximo de la comunión con Dios que podemos lograr en este mundo.
Creo que existen dos factores que pueden contribuir a esta insatisfacción.
En primer lugar, o modo como muchas eucarísticas son celebradas. Sacerdotes desanimados, sin ninguna vibración que consiguen desfigurar la celebración. A veces con una comunicación muy débil que no llega a tocar a las personas, que no hace al pueblo de Dios vivir intensamente el misterio de encuentro con este Señor que dio su vida por nosotros.
La otra posibilidad es que las personas que van a la iglesia, lo hacen en modo muy deficitario. Están allí solo de cuerpo presente. Participan distraídamente, no cantan, no responden, o están pensando en otras cosas, no se esfuerzan en vivir los ritos, para que su voz coincida con sus sentimientos. Ciertamente quien va a la misa y se queda jugando con el celular o distraído con otras cosas, saldrá de allí insatisfecho del encuentro con el Señor.
Yo estoy convencido que una misa bien vivida, bien participada, con un sacerdote que nos ayuda a vivir este encuentro, es aquella experiencia que nos lleva a una satisfacción tan profunda que rechazaríamos cualquier otra propuesta.
El Señor te bendiga y te guarde.
El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.
El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la paz.
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Conductor fallece tras violento impacto de piedra en plena ruta
Un trágico y poco común accidente cobró la vida de un joven conductor en la mañana del miércoles, luego de que una piedra, aparentemente desprendida de otro vehículo en circulación, atravesó el parabrisas de su camioneta e impactó violentamente contra su cabeza. El hecho ocurrió alrededor de las 07:10 sobre la ruta PY06, a la altura del kilómetro 35, en el distrito de Jesús, departamento de Itapúa.
La víctima fue identificada como José Alejandro Centurión Amarilla, de 27 años, quien se encontraba en horario laboral al mando de una camioneta Chevrolet S10 de color plata, identificada con el logotipo de una empresa. Según datos recabados por intervinientes, el joven circulaba con normalidad cuando se produjo el fatal episodio.
De acuerdo con las primeras averiguaciones, el accidente habría ocurrido en el momento en que la camioneta de la víctima se cruzó con otro vehículo —presumiblemente un camión o camioneta— que circulaba en sentido contrario y a gran velocidad. En esas circunstancias, una o más piedras habrían caído desde dicho rodado, siendo una de ellas la que impactó directamente contra el parabrisas.
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La piedra ingresó con gran fuerza al habitáculo, provocando una lesión letal en la cabeza del conductor, quien habría fallecido prácticamente de manera instantánea debido a la gravedad del impacto. Tras el hecho, la camioneta continuó su trayecto sin control y terminó en una cuneta al costado de la ruta.
Las autoridades presumen que el conductor del vehículo desde donde se habrían desprendido las piedras no se percató de lo ocurrido y continuó su marcha, por lo que hasta la tarde del miércoles se mantenían los trabajos para lograr su identificación.
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Agentes del Departamento de Criminalística acudieron al lugar y lograron incautar dos piedras como evidencia, una de mayor tamaño hallada en la cuneta y otra más pequeña dentro del habitáculo del vehículo. Tras los procedimientos de rigor, el cuerpo fue trasladado a la Morgue de Trinidad y posteriormente entregado a sus familiares.
El caso se encuentra en plena etapa de investigación, mientras las autoridades buscan esclarecer con precisión las circunstancias del hecho y dar con el responsable indirecto de esta fatal e inusual tragedia vial.
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Epifanía del Señor
- Hno. Mariosvaldo Florentino
- Capuchino
“Cuando los magos entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre. Se arrodillaron delante de Él y lo adoraron. Después abrieron sus cofres y le ofrecieron presentes: oro incienso y mirra”. Mt 2, 11.
Dios hizo todas las cosas, todo el universo y también todas las personas. Todos nosotros llevamos en nosotros mismos las marcas de Dios. Todas las culturas buscaron y buscan encontrarse con un ser superior, que invita a trascender los límites de la existencia terrena y que le llenan de sentido.
Por eso, ya que era muy difícil que el hombre por sí mismo llegara a comprender el misterio de Dios en su amplitud, Dios decidió entrar en nuestra historia y revelar su misterio. El pueblo judío fue el elegido para ser el medio concreto de esta revelación a todas las naciones.
Sin embargo, preocupados con tantas otras cosas, ellos infelizmente no fueron capaces de acoger al Mesías. Tenían todas las indicaciones, pero fueron sorprendidos. El texto de Mateos nos dice que Jerusalén se quedó convulsionada, con la presencia de los magos y con su pregunta: “¿Dónde está el rey de los judíos?”.
Como el recién nacido no era solamente el rey de los judíos, sino también el Señor de la historia y de todos los pueblos, estos tres magos vienen en nombre de todas las razas, a manifestar la apertura de todas las culturas al Dios que nos viene al encuentro.
Ciertamente, esto quiere significar el número tres, que en la Biblia siempre nos da una idea de totalidad. Interesante mirar atentamente los gestos de estos tres magos:
“Entraron en la casa” –revela todo el movimiento de ellos. Entraron en el ambiente de Dios. Dios viene a nosotros, pero también nosotros tenemos que entrar en el lugar de Dios. No somos totalmente pasivos, quien se queda con los brazos cruzados, quien no se mueve, no puede encontrar al Señor.
“Vieron al niño con María, su madre”– el niño era el objetivo de los magos, pero ellos no lo encuentran solito, Dios siempre se presenta por medio de los hombres y con ellos, Jesús esta con su madre. Ciertamente el evangelista quiere destacar la importancia de María y en ella el sí de humanidad a Dios.
“Se arrodillaron delante de Él” – arrodillarse es un gesto de profundo reconocimiento y de sumisión. Los magos están diciendo con este gesto, que mismo no siendo de los judíos, ellos se someten a la presencia de Dios, con sus culturas, con sus diferencias, con sus características.
“Lo adoraron” –adorar manifiesta el reconocimiento de su divinidad. Aquellos magos vieron en aquel niñito al Dios hecho carne.
“Abrieron sus cofres”– la realidad de Dios exige abrirse. Abrir los cofres, manifestar lo que está escondido, presentar los dones sabiendo que son nuestros, porque Dios nos dio, pero debemos recolocar a su disposición.
“Le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra”– dar un presente es un gesto muy significativo y revelador, pues cuando debo elegir un presente para alguien manifiesto lo que pienso de aquella persona: esto le gustará, esto le servirá o esto es una cosa de su estilo. También los magos con sus regalos revelan la persona de Jesús. El oro manifiesta que Él es rey, el incienso manifiesta que Él es Dios y la mirra (que se usaba para ungir a los muertos) que Él es mortal, y prefigura ya su donación total en la pasión.
La fiesta de la Epifanía nos invita a ir hasta Jesús, siguiendo las estrellas de la vida que Dios pone en nuestros caminos, a entrar en su casa, a encontrarlo con María, a arrodillarnos delante de Él y adorarlo, a abrir nuestros cofres y darles nuestros regalos, que significarán quien es Jesús para nosotros.
El Señor te bendiga y te guarde.
El Señor muestre su rostro y tenga misericordia de ti.
El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la paz.
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“José se levantó, tomó al niño y a su madre…” Mt 2,14
- Hno. Mariosvaldo Florentino
- Capuchino
Hoy queremos con la Iglesia meditar sobre la Sagrada Familia de Nazaret. Somos invitados a mirar atentamente a José, María y Jesús y buscar en ellos la fuerza para santificar también nuestras familias.
La familia es, sin dudas, el núcleo fundamental de toda la sociedad. Nos enseña la sociología que nosotros no nacemos humanos, sino que nos humanizamos, conforme entramos dentro de una cultura. Y es la familia que tiene la noble misión de humanizarnos.
Cuando nacemos ni un nombre tenemos. Somos completamente indefensos, no tenemos hábitos alimenticios, no hablamos, no conocemos gestos, no imaginamos qué son los valores, no somos capaces de distinguir lo saludable de lo peligroso. Esto es, necesitamos de una “escuela” que nos haga capaces de vivir en el mundo. Y esta “escuela” es naturalmente la familia.
Es la familia la que nos debe proteger y darnos condiciones de crecer. Es la familia que nos regala un lenguaje y ¡qué fiesta! cuando se dicen las primeras palabras. Es la familia que despacito, con mucha atención y tenacidad, debe capacitarnos a elegir entre el bien y el mal, hablándonos y corrigiéndonos. Es la familia que nos debe enseñar a amar a Dios y estar atento a su voluntad. Es la familia la que nos debe hacer amar los valores y refutar los errores, pues es en casa que aprendemos a ser honestos, trabajadores, serviciales, auténticos, sinceros...
Por todo lo que significa la familia, la grandeza de su misión, el mundo está buscando de todos los modos destruirla. Al mundo no le interesan personas bien formadas, capaces de decisión, que sepan la diferencia entre algo realmente bueno y una propaganda engañosa.
El mundo, por sus intereses, desea personas frágiles, fáciles de ser manipuladas, confusas en sus opciones, y que no sepan bien la diferencia entre lo cierto y lo equivocado... y la mejor forma de llegar a este perfil es destruyendo la familia. Por eso, con muchas telenovelas, con películas y con músicas, los medios de comunicación desde muchos años están bombardeando los hogares con nuevas teorías:
- El divorcio se transformó en la mejor alternativa cuando se encuentra alguna pequeña diferencia;
- los padres no deben tener autoridad sobre los hijos;
- la escuela es quien debe “educar”;
- la religión es algo que los hijos deben decidir cuando sean grandes;
- rezar en familia es ridículo;
- la fidelidad es una cosa romántica, pero ya fuera de moda;
- no existen más tradiciones familiares, lo importante es que cada uno se divierta y se sienta bien;
- la regla para todo es la comodidad, se hace lo que es más cómodo, no lo que es más justo...
Así nace una generación que “está como al diablo le gusta”, presa fácil de los inescrupulosos que mantienen el narcotráfico, la industria pornográfica, las marcas de la moda, los esquemas de corrupción, los promotores de un mundo desechable, en que hasta las personas tienen esta característica.
En la fuerza de la Navidad, nuestras familias cristianas son invitadas a resistir a este modelo deshumano que está degenerando la sociedad. Somos invitados a mirar atentamente a Jesús, María y José, la Sagrada Familia de Nazaret, y nadar contra la corriente, fundando hogares auténticos, verdaderamente formadores de hombres y mujeres capaces de ser humanos.
Esto es posible, aunque difícil. Cada día más la fe nos exige una postura firme, de no dejarse llevar en la ola del mundo.
Si tú eres un padre, inspírate a san José. Si tú eres una madre, inspírate a María. Entra en su escuela, ayuda a tus hijos a crecer en sabiduría, en estatura y en gracia. Un hijo crece no solamente con comida y cosas materiales, pero principalmente con buen ejemplo, con ternura, con experiencia de fe, con autoridad que enseña los límites... el corazón humano, al igual que la tierra, no se queda vacío, o nosotros sembramos cosas buenas y las cuidamos para que puedan crecer, o por sí solo nacen las malezas y crecen con mucho vigor.
Que la Sagrada Familia de Nazaret nos ayude a crear sagradas familias en nuestros hogares.
El Señor te bendiga y te guarde,
El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.
El Señor vuelva su mirada cariñosa y te de la PAZ.
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“¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?” Mt. 11, 3
- Hno. Mariosvaldo Florentino
- Capuchino
La pregunta de Juan Bautista a Jesús, me parece muy oportuna para nuestra vivencia del adviento. Aún más que en otros tiempos, ahora a causa de los medios de comunicación social, que todos los días nos presentan reportajes con musulmanes, budistas, confucionistas, animistas y muchos otros, también en nosotros surgen preguntas y dudas:
¿Será que realmente Jesús es el único salvador del mundo?
¿Será que el cristianismo es la verdadera revelación de Dios?
¿Vale la pena seguir una religión y pautar la vida según los valores religiosos? Y otras...
Creo que es natural tener estas dudas en algún momento de nuestra vida. Todos tenemos el derecho de evaluar nuestra fe y preguntar si de verdad ella corresponde a lo que promete. Lo que no podemos es permanecer siempre en la duda: pues ella nos inmoviliza, nos hace perder energías, nos tiene inútiles. También Juan Bautista se preguntó: ¿es Jesús de verdad el Salvador, o aun tenemos que continuar esperando?
Jesús no tiene miedo de esta pregunta, al contrario, cuando es hecha con sinceridad, cuando es hecha por alguien que realmente está buscando el camino cierto, le hace vibrar de alegría, pues le da la posibilidad de encontrar un nuevo y verdadero discípulo.
Si miramos atentamente, la respuesta de Jesús no es caracterizada por argumentos filosóficos o teológicos: su respuesta no es una teoría. Su respuesta no es violenta o amenazadora: no quiere forzar la adhesión de nadie. Él sencillamente invita a mirar su vida: sus acciones y sus palabras.
“Vayan y cuéntenle a Juan lo que han visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan sanos, los sordos oyen, los muertos resucitan, y una buena nueva llega a los pobres.” Jesús no responde ni con un sí, ni con un no. Él reenvía a Juan Bautista la decisión. Él está seguro que si Juan Bautista acoge las señales de su vida, tendrá todas las condiciones necesarias para saber que Él es el salvador prometido por Dios.
Las dos características de la respuesta de Jesús son muy importantes: no es fruto de un trabajo intelectual ni está fundamentada en la violencia. Existen muchas religiones que poseen un rico patrimonio intelectual: son autenticas filosofías de vida, cargadas de mucha sabiduría y con consejos prácticos muy interesantes y validos. Otras están arraigadas en la fuerza recurren a la violencia y a la amenaza constriñen muchas veces los fieles a ciertas prácticas y rehúsan la libertad personal. Estos dos estilos de religiones, aunque puedan lograr buenos resultados en la organización de una sociedad o puedan generar personas maravillosas que viviendo con convicción los valores propuestos dan un bello testimonio, creo yo, no poseen aquel don de más que solo Dios mismo podría dar y que lo hizo en Jesucristo.
Por eso, a todos aquellos que tienen dudas sobre la persona de Jesús, y quieren saber cual es su verdad, Él mismo invita a aproximarse a él y a conocerlo mejor. La convicción cristiana solo puede nacer de la experiencia hecha con el Señor.
El cristianismo no es una teoría, es la vida de una persona, que siendo el propio Dios humanizado, es el paradigma para todos. El cristianismo no es coerción, no se funda en la violencia, en el miedo o en la amenaza, es adhesión personal, libre y responsable.
El adviento es pues, un tiempo muy oportuno para este encuentro personal, para sanar estas dudas. Dios mismo se mueve, Él es el primer interesado en este encuentro, por eso toma la iniciativa y viene en nuestra dirección. Todavía, respetando siempre nuestra decisión personal, se quedará en la puerta y en la esperanza esperara a que le abramos.
No podemos quedarnos con las dudas para siempre. Pues como ya dijimos ellas nos paralizan.
Existen muchas personas que eligieron esta cómoda vía: dicen siempre tener dudas y por eso no se comprometen con nada. Tengo pena de ellas, pues la vida pasará sin que ellas se den cuenta, y porque siempre se escudan en la duda, no crecen ni encuentran el camino de la autentica felicidad.
El Señor te bendiga y te guarde,
El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti,
El Señor vuelva su mirada cariñosa y te de la PAZ.