Dentro del contexto de nuestra vida personal y profesional cada uno de nosotros en más de una ocasión habremos cometido errores, pues somos seres imperfectos, pero capacitados para apuntar a la excelencia.

Todos estamos expuestos a errar y lo seguimos haciendo en diversas situaciones y circunstancias, pues es normal en cualquier ser humano. Solo el que no hace nada, difícilmente podrá equivocarse.

Lo importante es saber capitalizarlo productivamente de manera a evitar repeticiones, o si te volvés a equivocar que sea de menor magnitud, pues es de suponer que habrás hecho un repaso rápido de las razones que te han llevado a cometerlo y de seguro habrás tomado los recaudos para poder corregirlo.

Cuantos de nosotros muchas veces nos alarmamos más de la cuenta cuando cometemos un error en nuestro trabajo, que muchas veces nos lleva incluso a pensar dejarlo para ir a buscar otro que mejor se adapte a nuestro estilo o personalidad, lo cual no tendría mucho sentido pues todos estamos expuestos a equivocarnos, incluso hasta el más sabio.

Lo positivo es que estemos dispuestos a aprender de él, capitalizarlo para no volver a caer en lo mismo, pues de no hacerlo podrías estar expuesto a caer “en la misma trampa”.

Todos cometemos errores casi a diario y la mejor virtud es tratar de desarrollarlo y fortalecerlo, pues si no hubiéramos errado en más de una ocasión, difícilmente podríamos ser personas creativas e innovadoras, dado que a través de la metodología de “prueba y error” han surgido cosas inverosímiles que nos han reportado compensaciones monetarias y no monetarias gratificantes.

El buen directivo es aquella persona que sabe aceptar los errores como tal, pero que a su vez se esfuerza por auto reflexionar y analizar los motivos que lo llevaron a cometerlos.

Si se trata de un error que se produjo como parte de un plan estratégico preconcebido, pues te pondrías con tus colegas a hacer una revisión de lo que pudo haberlo causado, de tal forma a prevenir que vuelva a mostrar desviaciones en una próxima ocasión.

Los errores que estamos expuestos a cometer dentro de nuestras organizaciones podrían derivarse de varias situaciones como por ej.: una evaluación mal hecha, una venta que perdimos, un informe incorrectamente redactado, un uso no racional del tiempo o los recursos que podamos tener disponibles. En fin la lista podría extenderse a otros más y más.

Lo deseable es enfrascarnos en ver la forma en que podamos analizar dónde pudimos haber errado y hacer el esfuerzo para que en un próximo intento todo pueda salir mejor en función a lo planificado previamente.

Un ejemplo práctico se refiere: a las proyecciones de Estados Contables, que bien sabemos tiene mucho componente de “futurología”, y para que tenga validez una vez que tengamos el balance de cierre habrá que revisar las cifras reales vs. las proyectadas inicialmente para determinar donde se produjeron las mayores desviaciones.

Nunca terminamos de aprender en la vida. Todos los días se nos presentan retos de diversa etiología y si pretendemos ser empresarios o directivos exitosos, habrá que enfrentar la realidad como venga con optimismo y autoestima sabiendo que, si ponemos de nosotros el máximo esfuerzo, dedicación y contracción, las cosas podrán salir como lo esperamos.

La lectura de libros técnicos que guarden relación con nuestras actividades profesionales nunca están por demás que estén a mano, pues vivimos un mundo globalizado y las necesidades, gustos y tendencias de los consumidores, que constituyen el fin primario de nuestra empresa, van cambiando permanentemente y habrá que estar debidamente actualizado. Así de simple...

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