Como desde muchas décadas, Argentina se encuentra en el mismo lugar. En ese punto de la historia –su historia– en el que a deuda pública, justicia, pobreza, economía irrecuperable, tensiones sociales, enfrentamientos binarios, revanchismos, memorias selectivas e incomprensiones generalizadas, se añade una pandemia global y sus efectos letales que llevan al borde de un nuevo abismo de profundidad insondable al que esta sociedad podría caer desde los varios abismos que ha caído desde la tercera década del siglo pasado. Para ser claro: la inflación en el primero de los trimestres del 2021, se ubicará en torno del 11,5%.

La deuda pública con el Fondo Monetario Internacional (FMI) por un monto cercano a los US$ 44 mil millones, no tendrá acuerdo en lo inmediato, lo que permite imaginar –con la información oficial disponible– que el riesgo de un nuevo default está más cerca de lo deseable. “No hay plata, para pagar la deuda”, declaró públicamente la vicepresidenta, Cristina Fernández. Sin acordar con el Fondo, tampoco habrá solución negociada con el Club de París para refinanciar la deuda con ese consorcio de países que años atrás fue refinanciada cuando la actual vicemandataria era Presidenta; y, tampoco podrían concretarse las inversiones chinas en múltiples sectores que se comentan desde varios años. En ese contexto, también con información oficial que distribuyó el Indec (Instituto Nacional de Estadística y Censos), se oficializó en las últimas horas que la pobreza afecta a un 42% de la población. Cerca de 20 millones de personas. Un 7% más que quince meses atrás, cuando comenzó su mandato el presidente Alberto Fernández. El 50% de los niños y niñas que viven en este país, son pobres. Muchas y muchos NUPOS [nuevos pobres], que se agregaron en los últimos años a la estadística, saben que la calidad de vida de sus hijos e hijas será inferior a la de ellos y ellas.

El futuro –inevitable mirarlo e imaginarlo desde el hoy– es incierto. Mucho más ante la inminencia de bajas temperaturas que, al parecer, podría ser disparador de un rebrote pandémico. Desde marzo del 2020, la información gubernamental precisa que la población infectada por SARS-COV-2, hasta el momento de escribir esta columna es de 2.383.537 personas de las cuales 2.130.640 se recuperaron. Un total de 56.106, fallecieron. Sobre 196.791 –la diferencia entre los tres indicadores precedentes– se carecen de datos oficiales.

En cuanto al resumen informativo del programa de vacunación detalla que con una dosis, fueron inoculadas 3.495.125 personas [7,7% del total]; en tanto que, con dos dosis, la cifra es de 683.771 [1,5%]. “Entre la economía y la vida, elegí la vida”, dijo el presidente Alberto F., cuando decidió el curso de acción a seguir para contener la pandemia. ASPO (aislamiento social preventivo y obligatorio), primero y, DISPO (distanciamiento social preventivo y obligatorio), fueron sus líneas de trabajo. Para los próximos días, multiplicidad de versiones advierten que “nuevas restricciones” podrían imponerse.

El ministro de Hacienda, Martín Guzmán, ante la posibilidad de que se reitere el dilema economía o vida, es claro y contundente: “Hoy la economía no podría soportar un cierre total”, como el que se aplicó en el 2020.

La sociedad, agotada de tanta restricción, tampoco tiene buena predisposición para aceptar el encierro. En ese tránsito dilemático agrega tensión al momento la inminencia de las elecciones de medio tiempo que el oficialismo podría atrasar 8 semanas por la emergencia sanitaria. El panorama comicial es incierto pero, pese a ello, tanto la coalición de gobierno como la coalición opositora están cruzadas por la integración de las listas de candidatos y candidatas que habrán de someterse a la voluntad popular.

Mientras, en el Parlamento –más precisamente en la Cámara de Diputados, donde el oficialismo no tiene quórum propio– proyectos estratégicos de cara al futuro político de Cristina Fernández [reforma judicial y reforma del Ministerio Público], que cuentan con aprobación en el Senado, están inmovilizados. La incertidumbre en el desarrollo de la política junto con la construcción social del pánico ante “la segunda ola” de la pandemia que parecería inevitable, no aportan el mejor clima para los días que vienen en los que, además, el presidente Fernández y varios de sus principales colaboradores, se encuentran aislados luego de que el jefe de Estado –vacunado desde enero pasado– engrosara la lista de infectados por coronavirus. Otra semana difícil se inicia hoy en este país.

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