• Por Felipe Goroso

El PLRA está atravesando por, quizá, la crisis institucional más dura que recuerde su historia en lo que va de la era democrática. Y el problema no es solo partidario, el problema es de toda la democracia paraguaya. Porque sencillamente es el partido más importante de la oposición. Y vaya que se necesita una oposición fuerte, tal vez más que nunca.

Alegre y el pequeño grupo que increíblemente aún lo sigue están llevando a un barranco interminable a su partido. Rechazo a las instituciones y a las decisiones de las mismas cuando no son de su agrado, violencia física, verbal y el descalificativo como elemento discursivo permanente. En realidad, estamos en un doble juego: por un lado, una enorme escenificación montada para retener el poco poder restante y, por el otro, una permanente usina generadora de elementos que distraen las denuncias por malos manejos de fondos partidarios. Una mezcla entre Nerón y el gran incendio de Roma y Calígula nombrando cónsul a su amado Incitatus. Ambos emperadores, una simple casualidad.

Queda en manos de quienes están articulando una fuerza distinta al interior del PLRA sustanciar el músculo político suficiente como para lograr el volanteo que signifique un cambio de rumbo para el partido. Es urgente y más que necesario.

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