• Por Eduardo “Pipó” Dios
  • Columnista

El escándalo que sacudió al gobierno argentino la semana pasada y que sigue saltando con más nombres cada día que pasa no hizo más que mostrar, con mayor crudeza, una realidad que conocemos todos los que vivimos en esta región del planeta.

La corrupción no tiene un límite, no hay un “hasta ahí nomás”, no hay un “eso no se puede, ya es mucho”.

Al fin y al cabo, ¿quedarse con las vacunas que son para los más necesitados o saltearse las colas a través de amigos en el poder es peor que robarle el almuerzo, la merienda o un vaso de leche a un niño hambriento? ¿Es peor que darle un medicamento para el cáncer trucho, que no sirve, a un moribundo que lucha por su vida? ¿Es peor que gastar la plata del IPS en guardias sobrefacturados al 300%, o en plantas de oxígeno al 400%, o en sistemas informáticos al 400%, cuando le mandás empeñar hasta su tele de 14 pulgadas a un pobre ciudadano para que compre el sedante que vos no compraste o que revendés en el mercado negro?

El tema de la vacuna se suma al tema del manejo de la provisión de insumos en pandemia, a la sobrefacturación de obras en pandemia, a la provisión de agua tónica “para curar el covid” y encima sobrefacturada. Porque los corruptos, sean de aquí o de “asha”, no tienen un límite, no tienen una moral, aunque sea residual, perdida por ahí, que les dice “che, con eso no…”.

Es por eso que por más garra que le meta el ministro de Salud, como dice que le va a meter, siempre va a haber quienes traten de aprovecharse, ya sea para comerciar con la vacuna o para saltarse la lista a través de su poder político o económico.

Por ese mismo motivo, las listas transparentes y públicas, para que la ciudadanía haga el control de quienes están utilizando las míseras dosis que nos tira el “mundo civilizado” por la cara, casi burlándose, mientras se jactan que ya vacunan hasta a sus gatos, son obligatorias.

El que se vacuna debe hacerlo a cara descubierta y con nombre, apellido y motivo por el cual es prioritaria esa vacunación.

Sabemos, y estamos 99,99% seguros, que van a aparecer los corruptos a meter las garras, pero que será diferente si no lo hacen con la participación de nuestras, ya muy poco creíbles, autoridades sanitarias. Es la hora de que alguien sea digno, aunque sea que lo finja o disimule más.

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17H

A su criterio: ¿La gestión de cuál de estas ministras es la más transparente y destacable?

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