• Por el Dr. Miguel Ángel Velázquez
  • Dr. Mime

Es harto conocido entre quienes tratamos niños con lesiones muy severas (sobre todo adquiridas, como un traumatismo importante, por ejemplo), que el porcentaje de recuperación de estos pequeños guerreritos es extraordinario en comparación no solo con los adultos, sino con el propio aspecto aparentemente indefenso que poseen tan pequeñitos como ellos son. Y es que, sin llegar a los extremos de los daños cerebrales, en actividades cotidianas de los cerebritos de nuestros niños, nos damos cuenta que están muy bien preparados y dotados para desarrollar capacidades que los adultos no tenemos en nuestra “materia gris”.

Hoy en día sabemos, por ejemplo, que los padres pueden “diseñar” el cerebro de sus hijos con el simple hecho de jugar juntos. Hace muy poco se acaba de descubrir cómo los niños pequeños y los bebés emplean los dos hemisferios del cerebro para realizar una misma tarea, a diferencia de los adultos, quienes procesan sus tareas neuronales en áreas específicas de tan solo uno de los dos hemisferios cerebrales. Se sabe que en los pequeños, ambos hemisferios se dedican a comprender tanto el significado de las frases, como a reconocer el efecto emocional. En cambio, en los adultos, se activó el hemisferio derecho tan solo en las tareas como el procesamiento de las emociones expresadas con la voz. Si bien, gracias a la ciencia, sabemos que ambos hemisferios reciben información de todo tipo y la procesan en la misma medida, y que además toda la información se trabaja de forma interconectada, a menos que exista un trastorno orgánico, lo cierto es que los adultos no procesan las tareas de los dos hemisferios a la vez como lo hacen los niños.

Por esta razón, los neurocientíficos califican los cerebros de los niños como supercerebros. Y esta sería una de las razones por la que los niños parecen recuperarse de las lesiones neuronales mucho antes y mejor que los adultos. Y es que el uso de ambos hemisferios proporciona un mecanismo para compensar después de una lesión neural. Por ejemplo, si el hemisferio izquierdo se daña por un accidente cerebrovascular perinatal, uno que ocurre justo después del nacimiento, un niño aprenderá el lenguaje usando el hemisferio derecho, y un niño nacido con la parálisis cerebral que daña solo un hemisferio puede desarrollar las capacidades cognitivas necesarias en el otro hemisferio. Es por ello que, en todo momento, en mis libros y conferencias, y a quien quiera escucharme (padres, docentes, estimuladores) les digo “NO SE CANSEN DE ESTIMULAR A LOS NIÑOS”. Los resultados pueden ser sorprendentes...!!! Y dejarles DE LA CABEZA. Nos leemos el siguiente sábado.

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