Por el Dr. Juan Carlos Zárate Lázaro

MBA

jzaratelazaro@gmail.com

Los servicios financieros son de vital importancia para el funcionamiento de la economía de un individuo, hogar, empresa y, por ende, de cualquier país. Hoy día seguimos teniendo a nivel país a muchas personas que no cuentan con servicios financieros y guardan sus ahorros en casa, como se dice en lenguaje popular, “debajo del colchón”.

Vivimos en la era tecnológica y tenemos la posibilidad al alcance nuestro de poder realizar todo tipo de transacciones y pagos a través de internet, ya sea por computadora o por celular, práctica que reduce significativamente lo operativa en su conjunto.

La inclusión financiera y la bancarización se pueden definir como el acceso y uso de servicios bancarios de calidad por parte de todos los segmentos de la población. Esto facilita el acceso de nuestra gente a servicios financieros sostenibles y seguros; contribuye al incremento del ingreso y a reducir la pobreza, lo que genera crecimiento económico y estabilidad financiera.

La profundización financiera puede disminuir la volatilidad del crecimiento, la inversión, el producto y el consumo, siempre y cuando estos se encuentren en niveles moderados. La importancia macroeconómica del acceso efectivo a productos financieros trasciende los indicadores de ingreso y producción (los efectos sobre la desigualdad y la pobreza son positivos).

Además, diversas evaluaciones de impacto a programas de microfinanzas muestran que son un mecanismo de inclusión financiera y eje transversal en la lucha contra la pobreza, la generación de ingresos y el desarrollo de empresas en países menos desarrollados.

Hoy día en nuestro país tenemos a bancos, financieras y cooperativas de ahorro y créditos diseminados en toda nuestra geografía, por lo que no cabrían excusas como para poder acceder al menos a la apertura de una caja de ahorro en las mismas.

La tenencia de páginas web en todas ellas, que nos permiten poder realizar diversos tipos de transacciones desde la comodidad de nuestro hogar u oficina, tienen un valor agregado importante, y que nos ahorran tiempo, dinero y seguridad, pues ya no hace falta como antes estar presentes físicamente para realizar tal o cual transacción.

También tenemos cajeros automáticos en varios sitios de nuestra capital, en la Gran Asunción y ciudades del interior de nuestro país, agregando una ventaja y comodidad más.

La concentración de las entidades bancarias ya no es la misma que en el siglo XX, en que prácticamente el 100% estaban ubicadas en nuestra capital. Hoy tenemos también sucursales instaladas en cientos de ciudades del interior. Así que excusas que resulten válidas como para no bancarizarse y acceder a la inclusión financiera necesaria ya no cabe, pues haciendo la relación costo-beneficio, esta última lo supera de lejos.

A todo este cúmulo de comodidades se han agregado en los últimos años la figura del “corresponsal no bancario”, quien es un tercero que establece relaciones o vínculos de negocio con un banco con la función de ofrecer, en su nombre y por cuenta de este, los servicios financieros a sus clientes.

Un corresponsal no bancario es la caja amiga de la caja de ahorros, que opera a través de almacenes, tiendas, farmacias y locales comerciales afiliados a la entidad, permitiendo a los clientes realizar transacciones desde la comunidad que no cuenta con una entidad bancaria, y esto ayuda a reducir los costos y el tiempo de traslado a centros urbanos.

Otra forma de inclusión financiera es el servicio de billetera o monedero móvil, lo que le permite al cliente que, a través de un teléfono móvil, pueda hacer transferencias de dinero, recargas de tiempo aire, comprar bienes y pagar servicios en los comercios que acepten esta forma de operación.

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