Por Jorge Torres Romero

COLUMNISTA

Esta semana se define en el Congreso el Presupuesto General de la Nación. En teoría debería ser un presupuesto realista, acorde al momento vivido durante esta pandemia. Desde el Club de Ejecutivos del Paraguay, en cooperación con ex autoridades, realizaron un estudio del mismo y lo compararon con los últimos planes. Observaron una notable expansión de gastos. En los próximos días entregarán el documento al Ministerio de Hacienda y al Senado, ojalá sirva para algo.

Este presupuesto tiene varias debilidades, según Jaime Egüez, presidente de los ejecutivos. El alto gasto corriente sigue sin ser contenido. Paraguay es el primer país con mayor aumento del gasto público sobre el PIB y seguimos sosteniendo una política de subsidio sin tener la capacidad de obtener dinero. Las ayudas sociales deben ser puntuales y controladas.

Con el drama de la pandemia, los primeros subsidiados fueron los informales; es decir, los que no aportan, por lo que el Estado debe trabajar en la formalización para generar más ingresos y tener la capacidad de respuesta.

Con relación al manejo de las deudas y gastos corrientes, tampoco existen cambios profundos y nada indica que se podrá contener el déficit fiscal. Sin el freno a los gastos corrientes y un parate a la emisión de nuevas deudas, el panorama se torna incierto. Y para colmo, tampoco el Ejecutivo quiso ponerle freno a los gastos sociales de las binacionales, que sirven de “caja chica” de los gobiernos de turno.

A esto se suma la oportuna observación que hacen desde la Fundación Desarrollo en Democracia sobre el nuevo ministro de Hacienda, quien puede ser un buen técnico, pero sin la cintura política para frenar los pechazos de la clase política precisamente en un año electoral. Óscar Llamosas debe ser el ministro de Hacienda con menos peso político en los últimos años. Este peso es clave para ese cargo porque tenemos un presidente de la República que ejerce el poder de manera dubitativa, pendular y posiciones claras y jugadas. Con Benigno López, más allá de que era el hermano del Presidente, su carácter mismo contribuyó a cerrar la canilla para evitar más despilfarros.

Paraguay debuta como país durante cada nuevo gobierno. Las políticas públicas son a corto plazo, las obras se proyectan para que el presidente de turno desate la cinta, es decir, con nula visión a largo plazo. El viernes hablamos con Lauro Ramírez, presidente de Ferrocarriles Paraguay SA (Fepasa). El tan mentado tren de cercanías sigue en estudios de factibilidad. El Gobierno no tiene recursos para eso, dependemos de la generosidad de los coreanos, quienes donarán los gastos de factibilidad para que se pueda realizar. De vuelta se tiene que determinar cuáles serán las características del tren que conviene a Asunción y Gran Asunción, cómo deberá ser la locomotora, por dónde debe ir (arriba o abajo), consumo, características técnicas, demanda, tarifa, capacidad financiera (pública o privada) y otros detalles.

Es decir, todo lo que se avanzó en gobiernos anteriores quedó sepultado.

Contamos con un ministerio de Planificación mudo. Allí duermen los planes y proyectos realizables, elaborados por buenos técnicos, pero que duermen el sueño de los justos a la espera de un patriota que los encare.

El fin de semana pasado nomás tuvimos la tormenta que dejó a oscuras a 400 mil viviendas. De vuelta surge el debate necesario, pero postergado sobre lo que debemos hacer con la Ande. La desmonopolización, la apertura al sector privado, cableado subterráneo, mayor inversión, el mismo verso que venimos escuchando hace 30 años. Seguimos sin solucionar una cuestión de servicios básicos. Ayer tuvimos la “tormenta” del EPP, y de vuelta la discusión y las ideas girarán en torno a cómo debemos hacer para combatirlos, pero esa discusión seguirá, sin encontrar la solución o la concreción hasta que surja otra nueva tormenta. A propósito, ¿Qué hace el autodeclarado piloto de tormenta? Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.

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