Por el Dr. Juan Carlos Zárate Lázaro
MBA
El consumismo que se da dentro de los mercados, muchas veces se constituyen en un “mal vicio” para los que gustan de recorrer los shopping.
Las compras compulsivas han constituido un trastorno cada vez más común dentro de los seres humanos, llamadas también emocionales, pues se tratan de bienes que uno muchas veces los adquiere sin realmente tener necesidad de hacerlo, sino simplemente porque vio y le gustó, y muchas veces llevamos a nuestras casas y ni tan siquiera los usamos una sola vez.
Psicólogos y neurólogos en base a estudios realizados dicen que estos tipos de compras generalmente revelan en el individuo una baja autoestima, además de mucho componente de ansiedad e incluso tendencias depresivas en algunos casos.
Podría ser, pero la verdad es que mucha gente que no padece de ninguna de estas dolencias lo mismo tienen marcada aversión a estos tipos de compras y ni que decir, por ejemplo, cuando tienen la oportunidad de viajar a ciudades como Miami, donde hay mucha tentación para la vista, pues es “la meca” de la moda y de las últimas tendencias en el vestir de damas, caballeros y niños dándose, por ende, con mayor fuerza la compulsión, y luego cuando nos llega el extracto de la tarjeta de crédito “nos rascamos la cabeza” y nos preguntamos “para qué diablos” compré esto si realmente no lo necesito.
Los compradores compulsivos precisan poder tener una mayor capacidad de autocontrol sobre sí mismo, tratando de dominar los estados de ansiedad que muchas veces rodea a todo esto, pues de mantenerse invariable dicha tendencia fácilmente uno podrá caer en situación de default en lo personal y ello sería lamentable, pues podrías ingresar a los registros de morosos y salir de allí es posible, pero dentro de un mercado estrecho como el nuestro, en donde casi todos nos conocernos, “ya podés quedar marcado”.
En el caso de estos compradores sería bueno concienciarlos debidamente de que a las empresas generalmente no les interesa mucho que sea o no un comprador compulsivo.
Ellos están en lo suyo, que es tratar de facturar. No pueden antes de tomar la decisión de venderte tal o cual producto “entrar a tu yo interior” y decirte: No te parece que la compra que estás haciendo sería compulsiva? Jamás te los dirán pues no tienen por qué hacerlo. Y si te los dicen sería “patear contra su propia olla”.
Las entidades financieras, por ejemplo, muchas veces realizan campañas" agresivas "y hasta invasivas para ofrecer créditos de consumo. No es criticable, pues forma parte de su espectro de negocios y tienen metas cuantitativas anuales que cumplir dentro de su portafolio global de créditos.
Si bien es dable reconocer que el uso de las tarjetas de crédito son útiles, sobre todo para aquellas personas que tienen un buen control sobre sus finanzas, o quieren salir a la calle sin dinero efectivo, para evitar los peligros que hoy día los tenemos al acecho minuto a minuto, en contrapartida para los compradores compulsivos la tenencia de los plásticos en sus manos es de cuidado, pues ellos no tienen conciencia de que los mismos son instrumentos de pago, pero dado que disponen de varias tarjetas, pues entonces hacen el ta-te-ti, y van utilizando casi todas ellas y llega un momento en que haciendo el control de las cuentas consolidadas “están por el cielo” y sobrepasando incluso su real capacidad de repago.
Hoy día en que salvo honrosas excepciones, la mayoría tenemos nuestro presupuesto ajustado, por lo que siempre es bueno y recomendable decirnos a nosotros mismos Ok. Voy a usar mi tarjeta de crédito, pero solo para tal o cual cosa y punto y siempre pagando mes a mes todo el monto global del consumo o muy por encima a lo que indica el mínimo.
Al autodisciplinarnos se da la posibilidad potencial de que gradualmente las compras compulsivas vayan disminuyendo, a no ser que seamos desordenados consuetudinarios en nuestras finanzas y decidamos seguir endeudándonos más allá de nuestras posibilidades reales de honrar nuestras obligaciones con terceros en tiempo y forma.

