Conocida como jazmín mango crece con esplendor, su aroma enriquece el ambiente y su presencia aporta a la diversidad en la que habita, sabe que su tiempo es este y con su florecer llega la belleza, la que se ha manifestado en el momento apropiado y lo ha hecho con paciencia y en silencio. Y ahí está, entre el blanco, el amarillo y el fucsia como detonadores de pureza ante los ojos que la ven.
Mientras su estampa profundiza la sensibilidad de quienes se acercan a contemplar la simpleza con que vive, en el espacio hay otras notables compañías, sus nombres pueden ser los que quieran idear, hay abundantes, lo que facilita dejar a criterio de la imaginación las identidades que poseen, lo relevante es que conviven con respeto y en paz. Es una lección más de la naturaleza, es admirable lo que transmiten, se acompañan a su manera y es evidente que viven bien.
En una obra ejemplar, titulada “Las cinco mentes del futuro”, el profesor Howard Gardner identifica a la mente respetuosa, en su análisis expresa: “La percepción y el descubrimiento de las diferencias es el material en bruto: forma parte de la cognición humana, resulta útil en muchos sentidos, pero en todo caso es imposible de contener. En cambio, el modo en que esas diferencias se etiquetan e interpretan es un fenómeno cultural”.
El modo asombro existe y parece que las plantas lo saben vivir. En el misterio que las une hay un respeto eterno a los orígenes, a la propia esencia de la Tierra que les brinda su contención y las cobija con su profunda energía. Hay una manifiesta aceptación de los dones que cada una lleva consigo, hay un acuerdo esbozado en el idioma que solo ellas pueden entender, es contundente el valor de cada una y su correspondiente firmeza natural, esa que en su espacio destila respeto por el sentido que una y otras poseen.
“Más que ignorar las diferencias o dejar que estas enardezcan los ánimos, prefiero invitar a los seres humanos a que acepten las diferencias, a que aprendan a vivir con ellas y valoren a quienes forman parte de otros grupos”, escribe Howard Gardner. Sus palabras invitan a tomar dimensión de lo que representa el ser respetuoso y activan el despliegue de la conciencia social, la que indudablemente demuestran tener y disfrutar en el reino vegetal.
La investigadora Claudia Vargas busca convertir los residuos de una fruta de estación en fibras textiles, llevando la economía circular del descarte a una nueva frontera de innovación.
En Paraguay, el mango está a punto de ser nuevamente protagonista. Faltan apenas tres meses para que comience la temporada y miles de frutas vuelvan a llenar árboles, patios y calles. Muchas terminarán en la mesa; otras, en el suelo. Sin embargo, una investigadora paraguaya está mirando ese escenario desde otro ángulo: ¿y si el mango que hoy se descarta pudiera convertirse en tela, fibra o un nuevo biomaterial?
Esa es la pregunta que llevó a la ciencia a poner el mango bajo la lupa y explorar el potencial de sus residuos como materia prima para desarrollar materiales con valor agregado. Claudia Violeta Vargas Benítez, docente e investigadora de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Arte de la Universidad Nacional de Asunción (FADA-UNA), investiga las propiedades textiles de los residuos del mango y su potencial para desarrollar nuevos biomateriales.
La propuesta cambia la mirada sobre una fruta que forma parte del paisaje cotidiano del país. Ya no se trata solamente de aprovechar el mango como alimento, sino de preguntarse qué más puede producirse a partir de él y cuánto valor puede generarse antes de que aquello que sobra termine convertido en desperdicio. “Esa inquietud me llevó a investigar fibras textiles obtenidas del mango y, posteriormente, a profundizar el estudio gracias al financiamiento de proyectos de investigación”, explicó Claudia.
¿Cómo se transforma? El proceso comienza con algo tan simple como separar y preparar los residuos. La materia prima se lava y seca para luego analizar sus características. A partir de allí, la investigación busca modificar las fibras mediante tratamientos que permitan extraer o reducir componentes que dificultan su procesamiento.
Después llega una etapa clave: convertir esas fibras en un material que pueda trabajarse. Ahí se evalúan variables, realizan pruebas, desarrollan prototipos y registran los resultados para determinar qué combinación ofrece mejores características.
Es justamente ese recorrido -de residuo a material- el que convierte la investigación en una propuesta de biotecnología aplicada al diseño. La propia UNA destaca que el trabajo combina revisión bibliográfica, experimentación de laboratorio, prototipado y validación sistemática.
Paraguay ya está probando el negocio. La investigación académica tiene además un correlato empresarial. Maigotex, emprendimiento paraguayo impulsado por Verónica Alegre y Maura Martí, desarrolla un cuero vegetal a partir de residuos de mango. Según la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI), el proceso parte de mangos recolectados durante la temporada, que son deshidratados, convertidos en polvo y posteriormente mezclados con polímeros naturales.
Tras casi un año de investigación y más de 1.500 pruebas, el emprendimiento logró desarrollar un material flexible, resistente, impermeable y biodegradable, pensado para productos como billeteras, carteras, calzados, tapizados y decoración. Actualmente se encuentra en etapa piloto y proyecta escalar su producción.
La investigación internacional también amplía el mapa de posibilidades. Estudios recientes exploran residuos de mango para obtener bioplásticos y otros materiales biodegradables, demostrando que cáscaras y semillas pueden convertirse en fuentes de nuevos polímeros.
Del residuo al negocio. Ese es quizás el punto más interesante para Paraguay. El mango no aparece aquí solamente como una fruta de estación, sino como una plataforma de innovación.
La investigación de Claudia busca que los biomateriales puedan transferirse al sector productivo y convertirse en soluciones de mayor valor agregado. Para lograrlo, la especialista considera fundamentales el financiamiento, el trabajo interdisciplinario y la conexión entre academia y empresas.
Cuando llegue diciembre y los mangos vuelvan a llenar los árboles, también habrá una nueva forma de mirarlos. Porque detrás de una fruta que durante décadas fue parte del paisaje paraguayo puede existir una cadena completamente diferente: residuo, ciencia, biomaterial, diseño y negocio.
Y esa transformación puede ser, precisamente, una de las caras más concretas de la economía circular: hacer que el final de una cadena productiva sea el comienzo de otra.
Su trabajo fue reconocido con el tercer puesto en el área de Ciencias Sociales, categoría Estímulo, del Premio Mujeres Paraguayas en la Ciencia.
Así, cuando en diciembre vuelva la temporada de mangos, quizás valga la pena mirar esa fruta desde otra perspectiva. Porque lo que parece simplemente un fruto de estación también puede esconder una nueva materia prima, una innovación y, potencialmente, una oportunidad de negocio.
El mango atraviesa un proceso de secado, deshidratación y pulverización antes de convertirse en materia prima para el desarrollo del cuero ecológico. Imagen referencial.
De residuos de mango a cuero ecológico: una apuesta paraguaya por la moda sostenible
Compartir en redes
Maigotex es un emprendimiento paraguayo que transforma residuos de mango en un biomaterial utilizado para fabricar carteras, billeteras, calzados y accesorios. La iniciativa nació en 2022 y busca dar valor a una fruta abundante en el país mediante una alternativa al cuero tradicional.
La propuesta fue desarrollada por Verónica Alegre y Maura Martí, quienes comenzaron a experimentar con biomateriales en el marco del programa “Mipyme Compite”. Tras obtener el apoyo de la iniciativa, iniciaron las primeras pruebas para convertir residuos orgánicos en un material con aplicaciones textiles.
Los primeros ensayos fueron realizados de manera casera. “Comenzamos en la cocina de mi casa tratando de fusionar la teoría a la práctica”, recordó Alegre sobre los inicios del proyecto.
El emprendimiento continuó su desarrollo mediante otros programas de apoyo, entre ellos “Asunción Circular y Resiliente”, que permitió acceder a recursos para avanzar con la propuesta. Posteriormente, las emprendedoras recurrieron a la Universidad Nacional de Asunción (UNA), donde, con el acompañamiento de la Facultad de Ciencias Agrarias, realizaron más de 1.500 pruebas durante casi un año.
La recolección de la materia prima se concentra entre octubre y enero. Para obtener un metro cuadrado del biomaterial se requieren aproximadamente 300 gramos de mango. La fruta atraviesa un proceso de secado, deshidratación y pulverización antes de convertirse en materia prima para el desarrollo del cuero ecológico. Este procedimiento también permite neutralizar el olor característico de la fruta.
El material obtenido tiene una durabilidad estimada de entre cinco y diez años. Actualmente, las emprendedoras trabajan junto con el equipo técnico de la UNA para mejorar sus características y alcanzar una vida útil de hasta 15 años.
De esta manera, el proyecto plantea una alternativa que combina aprovechamiento de residuos, innovación y producción local, con el objetivo de convertir un desecho agroalimentario en un insumo de mayor valor para la industria.
Tajy plantado por Horacio Cartes florece en los Jardines del Vaticano
Compartir en redes
El lapacho blanco ha florecido en los Jardines Vaticanos!
El ejemplar fue plantado por el presidente Horacio Cartes el 9 de noviembre de 2017, junto con otro lapacho amarillo que floreció en abril de 2019.
El evento fue en coincidencia con la visita Ad Limina de los obispos del Paraguay y la visita oficial Presidencial al querido papa Francisco, bajo la gestión diplomática del entonces embajador Esteban Kriskovich.
El entonces presidente Horacio Cartes en el descubrimiento del mosaico de la virgen de Caacupé en los Jardines del Vaticano. Foto: Archivo
Los arboles fueron donados por el entonces obispo de Caacupé, monseñor Claudio Giménez y las Hermanas del Silencio de Caacupé.
La visita a los jardines Vaticanos fue realizada en mayo por la embajadora Romina Taboada, la segunda secretaria Tamara Abegg y el funcionario administrativo Ravi Maddumage.
El ejemplar se encuentra cubierto totalmente de flores en tonos blanco y amarillo. Foto: Gentileza
El mango en Paraguay: una producción con potencial rentable
Compartir en redes
A nivel mundial, las exportaciones de mango aumentaron y alcanzaron 2,4 millones de toneladas, impulsadas principalmente por mayores embarques desde Brasil, Perú y México.
El mango y especies afines concentran cerca del 85 % del volumen global de exportación dentro de su categoría, reflejando una demanda sostenida y en expansión. Paraguay no se encuentra entre ese volumen, pero posee condiciones agroclimáticas favorables y un consumo interno en crecimiento que puede abrir la puerta a un salto productivo.
En el país, el Censo Agropecuario registra 284 hectáreas destinadas al cultivo, distribuidas en 313 fincas, en su mayoría de agricultura familiar, con aproximadamente 65.426 plantas en producción.
Brasil lidera la región tanto en volumen como en facturación, ya que sus exportaciones de mango rondaron los USD 315 millones, según reportes sectoriales. Ese dinamismo regional marca una oportunidad que Paraguay podría aprovechar.
Rentabilidad y perspectivas
Un estudio de la Dirección de Extensión Agraria del Ministerio de Agricultura y Ganadería (Deag) sobre plantaciones de mango en Cordillera calculó costos y resultados económicos y concluye que el mango puede ser rentable, incluso para productores con superficies pequeñas. Los resultados deben tomarse como referencia debido al tamaño limitado de la muestra, pero revelan un cultivo con vida productiva de varias décadas.
Además, según certificaciones recientes del Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal y de Semillas (Senave), hay avances en control de plagas y trazabilidad que posicionan mejor al mango paraguayo frente a mercados más exigentes.
Los departamentos con mayor superficie destinada al rubro son:
Cordillera: 65 ha (21 %)
San Pedro: 56 ha (18 %)
Concepción: 45 ha (14 %)
Caaguazú: 36 ha (12 %)
El resto del país cuenta con áreas menores, pero con margen de expansión si se fortalecen la asistencia técnica y la organización de los productores. Vale recordar que para el 2026 está prevista la exportación de mango rosa a Chile, tras haberse logrado una certificación de calidad con el apoyo de la Senave.