El desenlace de las percepciones tiene sus propios efectos y es alucinante cómo influye constantemente en el camino de las decisiones. El aprendizaje es el resultado de cómo las personas perciben y cómo procesan esa información, enseña David Kolb, americano, especialista en educación, psicólogo social y filósofo. El hecho de percibir permite adquirir el primer conocimiento de una cosa por medio de las impresiones que comunican los sentidos. Dimensionar la relevancia de ese inicio se transforma en una gran tarea.

La percepción de las experiencias concretas genera la presencia del estado de conciencia, es la sensación de estar vivo, de sentir eso que pasa, de darle una caricia a lo que sucede, de mirar con una intensidad similar a lo que ocasiona el rayo de luz solar que impacta al tenerlo frente a frente, es la iluminación de las sensaciones que se mezclan en el interior de cada uno; allí lo percibido se asienta como una raíz y comienza a nutrirse de lo que viene, de eso que mueve las emociones, que alienta las ideas y que alimenta las acciones.

Cómo se procesa la experimentación activa implica ahondar en el reino de las perspectivas, de esas miradas hacia un horizonte u otro, de las inclinaciones interpretativas, que pueden derivar en un espiral de criterios que refuerzan tal o cual posición, es ahí donde las capacidades naturales y adquiridas encuentran su lugar, para ello hay que activarlas, darle la mano para que acompañen el andar de lo que se vive, facilitando el acceso a lo querido, y por sobre todo, a lo que hace bien, tanto a uno como a los demás.

Vivimos descubriéndonos, creciendo, asombrándonos de lo que nos pasa y de lo que somos capaces de hacer. Somos sujetos del aprendizaje que acontece en lo diario. Es impresionante el mundo de las lecciones, esas que son invisibles ante los ojos de la humanidad aunque palpables por el otro que está al lado, por quien necesita y recibe atención, por el que pide ayuda y la encuentra en una voz, por quienes deciden convivir valorando lo que otros hacen e inspirando a que continúen haciéndolo. En ese majestuoso momento el devenir del ahora trae gratitud y bienestar, fomenta consecuencias agradables y prósperas, potenciando el conocimiento de uno mismo y la sana interacción social.

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