La palabra clave y más popular mirando el futuro de nuestras economías en el 2021 –con mucha incertidumbre de no “salvarnos” una vacuna– es “rebote”, el esperado y anhelado “efecto rebote”, que no es otra cosa que nuestras economías den un salto para salir del pozo o empezar a salir de parte del mismo y casi por inercia crezcan como si resurgieran, sí, crezcan; salgan del entierro del terrible 2020 y vuelvan a producir más, en un escenario que sea bueno, esté bien, alguito mejor por lo menos, porque la palabra más importante desde este punto de vista es: que mejoremos. No será fácil. El “efecto rebote” quizás esté asegurado, así por lo menos todos lo indican. Pero, saltar, subir, ¿salir?, estar bien, estar mejor ¿quiere decir realmente que mejoramos o que nos recuperamos? ¿Todos? ¿Con la misma fuerza? ¿Por un tiempo prolongado?

En el caso del bloque del Mercosur que nos ocupa en esta oportunidad, hay certezas con dudas, una combinación de características que un tanto forzada define el panorama global y futuro. Antes de la pandemia el Mercosur ya venía enfermo, creciendo el ritmo del 0,4% en el 2018 y del 0,5% en el 2019, arrastrando la extraordinaria lentitud de andar de la economía brasileña y la seguidilla de crisis en la economía argentina desde el 2018 hasta hoy (sin olvidar la del 2014 y la del 2016). Como todas las economías mercosurinas caen este año –Brasil -4,5%, Argentina -12,7%, Paraguay -3,5% y Uruguay -4%– el Mercosur como conjunto estaría cayendo -6,1% de acuerdo con nuestras estimaciones, tomando ponderaciones o pesos del PIB de cada país en la economía mundial brindados por el Fondo Monetario Internacional (FMI), por un lado, y las estimaciones de crecimiento de los estudios del Itaú BBA, por el otro lado. Recuperarse de una caída global del -6,1% no será fácil.

Pero, como mínimo, se espera para el Mercosur un efecto rebote, un salto del 3,7% en el 2021, y así empezar a salir del pozo. Brasil se levantaría 3,5%, Argentina 4,5%, Paraguay 4,6% y Uruguay 4,4%. Con excepción de las economías pequeñas Paraguay y Uruguay, que se mantienen estables y ordenadas, no es mucho lo predecible, asegurable, confiable, firme en las otras dos economías grandes. La inflación y la devaluación seguirán muy altas en Argentina, además del problema del endeudamiento. Si Brasil tiene la casa mucho más ordenada que la de Argentina, lo tiene a Jair Bolsonaro, y esa por sí sola es una causa de gran incertidumbre. Nuestra economía a la luz de este panorama tendría un escenario obviamente más favorable, pero también continuaría el incentivo al contrabando fundamentalmente proveniente de la Argentina. Habría que jugar a la uruguaya.

“Agarrar” empresarios e inversionistas argentinos con una buena política de promoción e incentivos para radicarlos en nuestro país. No es fácil. No es imposible. Porque recuperarse de una caída del -6,1% le llevará a los países del Mercosur menos organizados un tiempo imposible de proyectar para ganar estabilidad y darle seguridad a la gente. Seguridad y comida. Was gesagt werden muss, muss gesagt werden. Duele decirlo, pero hay que decirlo. DDPHQD


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