Los delincuentes, asesinos y extorsionadores pertenecen a una banda criminal que opera en el Norte con el narcotráfico y se hacen llamar Ejército del Pueblo Paraguayo. Estos criminales no son solo 30 tipos que andan en el monte uniformados reclutando menores para convertirlos en “guerrilleros”. Esta banda está mimetizada en la población, con los peones de estancias, con los macateros, con los comerciantes de la zona y en varios otros niveles de la sociedad. Se adhieren a ellos por dinero, bajo amenazas y en un menor grado, por convicción.

Los enemigos son estos criminales que mantienen en zozobra a la población. Nuestros enemigos no son los integrantes de la Fuerza de Tarea Conjunta (FTC). Estos deberían ser nuestros aliados. ¿Pero qué pasa con la FTC que no logra su cometido? Con base en testimonios que recogimos de sus integrantes me atrevo a hacer algunas consideraciones al respecto.

Muy a la ligera lanzamos como dato que el presupuesto destinado anualmente a la FTC es de US$ 14 millones. Este dato es impreciso. La FTC no tiene una partida presupuestaria exclusiva. Su presupuesto va en el conglomerado correspondiente al Ministerio de Defensa y otra parte con el Ministerio del Interior. Tomando como referencia solo lo presupuestado en el 2019, que no precisamente equivale a lo ejecutado, figura: Ministerio de Defensa: G. 55.119.480.344 (US$ 8,818 millones) y Ministerio del Interior: G. 18.441.496.650 (US$ 2,950 millones). Total US$ 11,7 millones.

Es un monto importante, pero, al discriminar lo que queda para inversión física, es decir equipamientos, tecnología, adiestramiento, etc., es menos del 50%, porque el resto va en salarios y bonificaciones, monto que independientemente al funcionamiento de la FTC está nomás luego presupuestado para gastos personales. La realidad es que tampoco se ejecutó todo ese presupuesto.

Al observar el presupuesto para el 2020. Para Ministerio de Defensa: G. 51.592.358. 922 millones y para Ministerio de Interior: G. 18 mil millones. En total: G. 69.592 millones (US$ 10 millones).

Entonces, la realidad es que la FTC no dispone a su antojo de lo que el Estado dice destinar para su funcionamiento. Están al antojo y al capricho de los burócratas. A modo de ejemplo, cuando uno de los jefes de las operaciones en el Norte necesita cambiar su notebook para actualizar y almacenar datos, queda a merced del administrador que debe previamente hacer una licitación para la compra de nuevas computadoras que pueden durar meses. Mientras tanto, los criminales están con equipos de vanguardia.

El uso del dinero debe ser controlado y mejor utilizado. Pero el presupuesto debe ir destinado de manera directa a la FTC, no a los burócratas. Ellos deben diseñar sus estrategias y disponer de los recursos para concretar sus objetivos, de lo contrario, seguiremos perdiendo esta batalla. Antes de maldecir sobre la inutilidad de la FTC, deberíamos pensar en cómo optimizarlos. Sacarlos del Norte sería una victoria para los criminales y lamentablemente muchos hacen el coro para este propósito, ya sea por desconocimiento o por una finalidad dirigida. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.

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