“Duele decirlo, pero hay que decirlo”

Por Pablo Alfredo Herken Krauer

Analista de la economía

Email: (pherken@gmail.com)

Es de esperar en el 2021, de darse una combinación de factores positivos superiores a los negativos, un “efecto rebote” en la producción y el comercio (aumentos), después del terrible bajón económico y social en el 2020, que tiene un cálculo cuantitativo (en cantidad, o en volumen o en valor) con una caída estimada del Producto Interno Bruto (PIB) entre el -3,5% (oficial) al derrumbe superior, incluso el -5%. Pero esa caída económica, medida en términos de cantidad, no tiene una calificación real en cuanto al costo o al dolor o la profundidad de la herida abierta y a la sangre derramada, perdida o entregada en la calidad de vida de la gente. Las cicatrices económicas y sociales son enormes, sin que estas vayan a cerrarse por el “efecto rebote” o salto hacia arriba que pudiéramos pegar el próximo año.

La pérdida en cantidad de la producción, el comercio y los servicios, este año, aunque terrible (lo peor en 70 años), lejos está de entregarnos la realidad verdadera y total de la misma realidad como un todo en sus muchas dimensiones. Si cuidados debemos tener a la hora de medir los impactos negativos del 2020, cuidados mayores nos exige el 2021 para fundamentalmente entender y dar a entender que “rebotar” no es “recuperación”, que “levantada” no es “reactivación”. Con levantar cabeza en lo económico en el 2021 dejamos atrás lo peor de lo peor y “ganamos”, no todos. Pero lejos estaremos de mejorar realmente. Ojalá cerremos bien el último cuatrimestre del 2020 (setiembre-diciembre), sin retroceder y sin la incertidumbre apoderándose aún más de nuestro espíritu y de nuestro pensamiento, que carcomerían nuestras decisiones de consumo o demanda (lo que compramos de los que nos venden) y de inversión (cambiar de negocios, modernizar en los que estamos para los nuevos tiempos, ampliar nuestras bases de producción, comercio y servicio; es decir, ahorrar menos por el temor y gastar más por la confianza en que nos brinda una marcha económica de “rebote” en primera instancia, de “reactivación” a continuación y de “recuperación” real posteriormente, para entrar en la fase en que el pasado queda atrás efectivamente para el grueso de la gente).

En este escenario es vital que el proyecto de presupuesto fiscal 2021 que Hacienda presentó ayer al Congreso reúna de manera mínima las siguientes condiciones: 1) Realismo: más que nunca nuestras autoridades deben pisar tierra, vivir la realidad, la que es medible en términos de cantidad y la que es aún mayor y más delicada. Heridas abiertas, cicatrices que no cierran y un largo período de agonía económica (desde junio del 2018). Defender las posibilidades reales del efecto “rebote” con una economía creciendo entre el 4% y el 6% incluso. Pero no confundirlo con “recuperación” o mejoría verdadera. 2) Gastar bien: que no necesariamente significa “gastar más”. Y ahí donde más lo necesitan los más perjudicados por la pandemia. Gastar mejor con la misma cantidad de recursos. 3) Austeridad: muy rigurosos a la hora de administrar recursos valiosos y escasos ante tantas necesidades. El Estado no es el gran generador de riquezas en una economía de mercado, sino la gente en la actividad privada. Que pagando sus impuestos da dinero al Estado para financiar sus servicios públicos que, si las cosas se hacen bien, respaldan el hacer y el tener de la gente. Y así permite crear más riqueza. Se aconseja que en épocas de vacas flacas el Estado tiene que diseñar y ejecutar una política “anticíclica”, que es como ir contra la corriente de problemas negativos de la economía, gastar más gastando mejor fundamentalmente, invirtiendo más en obras públicas para cubrir los agujeros de la crisis económica donde el más golpeado es el sector privado –no cualquier obra pública–. Por esto, dicen algunos, no hay que achicar el Estado (Gobierno) en plena crisis porque así nada con la corriente negativa empeorando los problemas. No siempre achicar es gastar menos, sino gastar mejor. Tiene sus costos ahí donde se despilfarran recursos, pero tiene beneficios allí donde las apremiantes necesidades se cubren mejor con recursos malgastados. Y cuidado con agrandar el Estado subiendo impuestos con apenas “un rebote”. Unos buenos incentivos fiscales al sector privado, para cicatrizar las heridas, compensan menos obras públicas (desaceleración); y 4) Disciplina: estamos perdiendo la disciplina fiscal que nos garantizaba la estabilidad. Tuvimos una época dorada de superávit fiscal (más ingreso que gasto) del 2004 al 2011 gracias a la escuela de Dionisio Borda. La politiquería colorado-liberal la destruyó en el 2012-2013. Estabilizamos con mucho sacrificio y costo político con el cartismo. Pero ahora estamos jugando en el límite de nuestras posibilidades reales. Hay que desacelerar el endeudamiento externo y la construcción de obras públicas basadas exclusivamente con el endeudamiento. La inversión privada nacional y extranjera debe participar con capitales propios bajo atractivos sistemas de asociación. Estas cuatro condiciones básicas para un buen presupuesto fiscal 2021 deben contener, al final pero no menos importante, una muralla de contención por la calentura del período político-electoral que se nos viene encima. Y no es muchas veces una calentura por la patria. Was gesagt werden muss, muss gesagt werden. Duele decirlo, pero hay que decirlo. DDPHQD.

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