Esta frase del evangelio de este domingo nos ofrece una nueva ocasión para meditar un poco más sobre el sentido de nuestra vida en este mundo. Todos sabemos, o mejor experimentamos en nuestro propio cuerpo, que nuestra vida terrena está muy marcada por las limitaciones.
¿Quién ya no soñó con grandes cosas para sí mismo? ¿Quién ya no se puso objetivos pensados que en ellos encontraría la felicidad? ¿Quién ya no hizo proyectos de conocer miles de lugares? ¿Quién ya no se sintió pequeño e impotente delante de algunas situaciones? ¿Quién ya no se miró al espejo sin ver algo que gustaría que fuera diferente? ¿Quién ya no tuvo que admitir que algunas cosas no consiguen hacer? ¿Quién ya no tuvo que quedarse sin decir todo lo que quería? ¿Quién ya no tuvo miedo delante de una enfermedad? ¿Quién ya no descubrió que después de la adolescencia los años pasan muy rápido?
Despacito nos damos cuenta que no todas las cosas están en nuestras manos; que la vida tiene su ritmo y sus peculiaridades. Nacemos en una situación determinada (un país, una familia, una cultura, una época, con características propias) que necesita ser abrazada y amada para no ser un peso más. Crecemos, soñamos, realizamos algunas cosas, nos frustramos con otras, y tenemos que luchar cada día con los nuevos desafíos. En algún momento también nos damos cuenta que más allá de toda agitación, la vida está pasando y.… sin duda, todos tenemos un fuerte instinto de defensa de la vida. Queremos conservarla, queremos aprovecharla, queremos prolongarla... Seguramente es para los que aman la vida que hoy Jesús dice: “Quien quiera salvar su propia vida la perderá, pero quien la pierde por mí, la salvará”.
De hecho, todos quieren salvar su vida, pero cada día vemos que muchos están perdiéndola completamente. Jesús nos advierte que quien piensa que salvar la propia vida es pensar solo en sí mismo, se está engañando grandemente y lo que cree que está preservando está más bien destruyendo. Esto es, cuando una persona piensa solo en sus comodidades y hasta en sus lujos, sin importarse por los demás, esta persona se está descomponiendo. Cuando una persona solo sabe calcular lo que va a ganar con las otras, manipulándolas para sus propios logros, entonces se está arruinando. Cuando una persona se hace la ciega para no ver los problemas de los demás, porque no quiere tener preocupaciones ni estrés, entonces se está hundiendo. Cuando una persona tiene su tiempo de deportes, tiempo para divertirse, tiempo para compras, tiempo para eventos sociales, tiempo para tratamientos de belleza, tiempo para futilidades... pero no tiene tiempo para escuchar a nadie, no tiene tiempo para una obra de caridad, para participar en la Iglesia, para la familia, entonces su vida, aunque muy ocupada, se está vaciando completamente.
Es la pura verdad, mientras buscamos salvar nuestras vidas solo pensando en nosotros mismos, entorpecidos por el egoísmo, estamos solo cavando nuestra propia tumba. Al contrario, quien por pensar en los demás casi no tiene tiempo para sí mismo, este está creciendo de verdad. Quien busca estar siempre disponible para las necesidades de los demás, y siente placer en el servicio, está haciendo brillar sus cualidades. Quien no tiene miedo de amar y encuentra siempre un tiempito para cultivar la amistad, la fe, la vida comunitaria, este está llenándose de alegría y de paz. Quien sabe dar atención a los otros, sabe reconocer sus valores y le gusta elogiar lo que ellos hacen, este está conquistando defensores. Quien es capaz de renunciar alguna comodidad o algún privilegio, para estar al lado de alguien que lo necesita, este está mostrando que ya descubrió lo que en la vida es importante. Quien asumió el valor de la fidelidad, de la palabra dada, de la justicia, aunque muchas veces esto le exija esfuerzo y empeño y traiga algunos disfavores, este está construyendo su casa sobre la roca. Quien se encontró con Jesús y ya decidió ser feliz lavando los pies de los demás, este ya aprendió cuanto su vida es importante.
Seguramente viendo que nuestra vida está pasando y que estamos llenos de limitaciones, nos resta la pregunta, ¿qué estoy haciendo para preservar mi vida? ¿Estoy buscando protegerla con mi egoísmo, pensando solo en mí mismo? Jesús me avisa que si estoy en este camino me estoy destruyendo. O ¿estoy consumiendo mis fuerzas, mi inteligencia, mi tiempo para hacer a los demás felices? Si es así, Jesús me garantiza que estoy en el camino justo. Interpretando la frase de Jesús: “Quien quiera salvar su propia vida la perderá, pero quien la pierde por mí la salvará”, existe la bella frase popular: Quien no vive para servir, no sirve para vivir. ¡Que Dios nos ayude a estar en el camino de la vida!
El Señor te bendiga y te guarde,
El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.
El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.
Operación Sallustro: vida, pasión y muerte de un tano y paraguayo
Ricardo Rivas
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Ricardo Rivas
Periodista
X: @RtrivasRivas
Fotos: Gentileza
Me impresiona esta novela periodística que está preñada de las voces y los silencios que las y los periodistas, donde fuere que intervengamos, atesoramos desde el primero de nuestros días de trabajo cuando procuramos informamos para informar.
“Me mataron de la manera más artera que se puedan imaginar: un balazo en el pecho y otro en la nuca”, escribe Pablo Sirvén, colega periodista, escritor y amigo desde poco antes del 17 de noviembre de 1982, cuando coincidimos en la redacción del diario Tiempo Argentino.
Esas veintiuna palabras se las hace decir post mortem a Oberdan Guillermo Sallustro, un paraguayo que el 10 de abril de 1972 fue asesinado por Mario Raúl Klancho, Guiomar Schmidt, Juan Manuel Carrizo, Roberto Coppo y Benito Urteaga, integrantes de una célula del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), una organización guerrillera marxista que clandestinamente operaba en la Argentina cuando transcurría la década de los años 70.
Hasta la puerta de la escena de aquel crimen, Castañares 5413, en el barrio de Villa Lugano, un suburbio capitalino bonaerense, en el preciso momento del trágico desenlace, había llegado un grupo de policías federales que procuraba su liberación. Era el 21 de marzo de 1972 cuando Oberdan, nacido en mi querida Asunción el 17 de julio de 1915, cuando salía de su casa, en Carlos Casares 2600, en la zona de Martínez, una barriada de clase alta, unos 25 kilómetros al norte de la capital argentina, fue interceptado y secuestrado por el ERP cuando bien temprano iba a trabajar a la empresa Fiat, donde era director general.
Solo lo acompañaba José Fuentes, conductor del Fiat 1600 en el que viajaban, a quien lo balearon en uno de sus brazos. Entre los irregulares, según algunos datos que emergieron informalmente a la prensa por aquellos años, también se encontraban José Luis da Silva Parreira, seminarista católico y su hermana Elena María; José Luis “Joe” Baxter, Ángel Averame, Elena Codan y Carlos Tomás Ponce de León. Encapuchado por sus captores, fue introducido en un utilitario en el que huyeron con rumbo desconocido.
RESCATE
¿Por qué se lo llevaron? Al parecer, “el objetivo era secuestrarlo por 48 horas y pedir cinco puntos: un millón de dólares para el PRT (Partido Revolucionario de los Trabajadores), un millón de dólares para reparto (popular), reincorporación de los obreros (despedidos) de la Fiat, la liberación de los (gremialistas) detenidos de (los sindicatos) Sitrac-Sitram (de la corriente sindical clasista) y la salida de la Gendarmería (instalada en) la fábrica (de Fiat ubicada en la provincia de Córdoba). No había más”, explicó el 22 de marzo de 2022 justamente Ponce de León al periodista e historiador Marcelo Larraquy.
Pero todo salió mal. De hecho, Enrique Gorriarán Merlo (1941-2006), líder el ERP, apodado como el Pelado, uno de los asesinos de Anastasio Somoza Debayle en Asunción el 17 de setiembre de 1980, entrevistado por el historiador Felipe Pigna, admitió que “uno de los compañeros (que cometieron el secuestro y asesinato) interpretando mal una orden que evidentemente estaba mal dada, disparó sobre Sallustro. Fue un grave error…”
“Estimado amigo Dr. Aurelio Peccei. Me han informado que usted está en B. Aires: más que el jefe está aquí el amigo. Resuelva todo con serenidad y equilibrio, como siempre. Sócrates, antes de tomar la cicuta, deploraba la actitud llorona de sus discípulos y de Santippe: los juzgaba de envidiosos porque él conocería, antes que los demás, la Verdad. A descargo de su conciencia, sepa que estoy muy sereno yo también porqué (sic) finalmente conoceré la verdad de Giorgio y de Dios. Cordialmente. (Firma) Sallustro”.
Sobre el margen izquierdo de la improvisada esquela, agrega una despedida: “SALLUTTI A TUTTI (sic). Particolari per Fuentes”, dice en esa carta póstuma, escrita de puño y letra, por Oberdan Guillermo Sallustro a su amigo y “protector”, Aurelio Peccei. Ese brevísimo testimonio –conmovedor– fue hallado en uno de los bolsillos del pantalón que vestía cuando fue ejecutado.
La policía encontró esta esquela en uno de los bolsillos del pantalón del cuerpo sin vida de Oberdan Sallustro, en el lugar en que fue ejecutado por sus secuestradores, integrantes de una célula del irregular ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo)
“LOS CADÁVERES HABLAN”
“Los cadáveres hablan”, suelen afirmar los médicos forenses. Así significan a los múltiples indicios y evidencias que recolectan en la escena del crimen. Esas 89 palabras que escribió Oberdan las percibo, interpreto y significo en esa línea de pensamiento. Siento que Sallustro –vital aún– se sabía muerto al momento de escribirlas. Se despidió de Peccei. Celebró el reencuentro que tenía la certeza que habría de tener con su hijo Giorgio, fallecido y –profundo creyente– aguardaba la revelación divina o, más aún, su resurrección en la esperanza de la vida eterna.
Morir y dejar vivir. Oberdan sabía de la vida… y de la muerte. Hijo de Gaetano y Anna D’Amato Volpe, napolitanos que en el sur peninsular “tuvieron su boda religiosa en la parroquia San Antonio de Padua” cuando “papá tenía treinta años y mamá, diecinueve”. Tiene claro ser “paraguayo de nacimiento, pero italiano hasta la médula y con todo mi árbol genealógico cargado de antepasados de esa nacionalidad”.
Tano y paraguayo. Papá Gaetano “abrió (en Asunción) una farmacia que llamó El Ciervo, ubicada en Estrella y 15 de Agosto. Ella (mamá Anna), a su vez, a pocas cuadras, en Estrella 256, instaló una joyería, en la que ofrecía preciosas creaciones de la orfebrería italiana provenientes directamente de Torre del Greco”, dice Sirvén que –para escribir esta novela periodística, su décimo libro publicado– hace suyo el sentir de Oberdan para ser la voz de quien nunca se hizo escuchar en público. Es palabra de Sallustro. No eran aquellos tiempos de selfies ni de teléfonos que cada día se usan menos para hablar y mucho más para mostrarse y que todos sepan qué sos y dónde estás.
“Era un hombre poderoso y, aunque no me daba corte con eso, por debajo de mi dirección (empresarial) había cerca de veinte mil empleados distribuidos entre nuestras distintas plantas fabriles, oficinas de administración y concesionarias. Abastecíamos al treinta por ciento del mercado automotor argentino; éramos la filial Fiat más importante fuera de Italia. Liderábamos la fabricación de vehículos, tractores, material ferroviario y motores diésel del país. (Y) desde la Argentina comenzábamos a expandirnos al resto del continente”.
TANO Y PARAGUAYO
Valiosos datos. Tano y paraguayo reseña su nacimiento “en Asunción, como el resto de mis hermanos, salvo el último, que nació en Italia. Fui el sexto en orden de aparición después de Iolanda, Manlio, Clelia, Attila y Orestes, mis hermanos mayores. Los que vinieron después fueron Cleodora Piave, Otavio Ángel y el benjamín con el nombre del célebre historiador de la Antigua Roma, Tito Livio, el único nacido en Nápoles (…) Éramos italianos por el ius sanguinis”.
Tano y guaraní. De allí su orgullo al recordar que su “hermano Attila Sallustro fue a su manera también un emperador, pero en las canchas de fútbol, como jugador de primera división en Asunción, luego como figura descollante en el Club di Napoli, entre 1926 y 1937, y también luciendo la gloriosa maglia azzurra (la camiseta azul del seleccionado italiano)”.
“Como autor he tenido muchísimo cuidado para tratar de ser lo más fiel al ideario y el temperamento de Oberdan Sullustro, haciendo que su relato en primera persona sea verosímil como testigo de la época”, sostiene Pablo Sirvén, periodista y escritor
Sirvén –la voz de Oberdan– recuerda que “otro de mis hermanos, bautizado Ottavio (…) llegó a ser un dirigente importante del Club Olimpia (y que, en lo personal) siendo alumno de la Escuela de Farmacia participé del Primer Torneo Universitario del Paraguay como integrante de su equipo de fútbol (y) hasta pude jugar en el Club Nacional de la primera división de la Liga Paraguaya de Fútbol!”.
Recuerda también que, ya en la Argentina, a una quinta de su propiedad ubicada en localidad bonaerense de Pilar, la llamó “con nombre paraguayo: Yei Porá”, donde con frecuencia “entre amigos (...) era DT Guillermo Stabile, el primer goleador en la historia de la Copa del Mundo, con sus ocho goles (…) en 1930”. ¿Y el amor? “Durante un baile en el Círculo Italiano (...) quedé prendado de Ida Laura Burgstaller”, hija de Hugo, “a cargo de la agencia marítima Italmar, que representaba en Asunción a los trasatlánticos italianos”.
AMOR A PRIMERA VISTA
El enamoramiento, a primera vista, avanzó indetenible. Ida Laura rompió con un pretendiente. “Lo nuestro prosperó hasta casarnos el 4 de julio de 1939 y seguir juntos en la vida (...) La ceremonia religiosa (fue) en la casa de ella. El cura celebrante fue el padre Agustín Bogarín Argaña, párroco de la iglesia de la Encarnación”. Ida, como yo, había nacido en Paraguay, aunque era descendiente de familias austríaca e italiana”. Es memoria de Sallustro, asesinado cuando tenía 56 y “todavía tenía mucho para dar al Grupo Fiat y, por añadidura, a la República Argentina”.
Tano y paraguayo. Tensionaba Europa. Oberdan sintió que su lugar estaba en la tierra de sus ancestros. Adolfo Hitler y Benito Mussolini avanzaban sobre la libertad de un continente cuyo cielo una vez más era cubierto por negros nubarrones. Se ofreció como voluntario para defender la patria de sus padres que sentía como propia. La familia se agrandó desde el nacimiento de Flavia, la primera hija del matrimonio.
El horror de la nueva Gran Guerra –la Segunda– se inició en setiembre de 1939. Ida Laura comprendió. Su esposo partió. En Asunción lo despidieron su esposa y la bebé. Pronto supieron que, “como oficial de artillería” del Ejército italiano fue a combatir “en el frente griego”. Ida Laura extrañaba. Fue al reencuentro del soldado Oberdan que también sentía la soledad.
“Era una alegría poder reencontrarme con Ida y mi pequeña Flavia. Pronto se sumaría un nuevo integrante a la familia, Ulpio, el único hijo mío que nació en Italia. Décadas más tarde, cuando nos radicamos en la Argentina, tendremos otros tres: Aldo, Buno y Giorgio”. Afincado en Turín, dejó de ser soldado. Volvió a estudiar. En la Università degli Studi di Torino comenzó su simpatía con el clandestino Esercito Nazionale di Liberazione.
Ida Laura Burgstaller, esposa de Sallustro, pide a través de la prensa la liberación de su marido
PARTISANO
Como combatiente irregular, partisano, “guerrillero que sigue a un partido”, alentó la constitución del Comitato di Liberazione Nazionale. Allí es donde “conocí a Aurelio Paccei cuando revistaba en las Brigate Giustizia e Libertà. (Aurelio) reportaba a Sandro Pertini, quien con el tiempo llegaría a ser presidente de Italia”. Fue el inicio de una sólida amistad que se mantuvo hasta mi último aliento… Para el gran público Sallustro –un desconocido– era y es un gran desconocido.
De él se supo solo sobre su secuestro y asesinato. Incluso, después de su muerte no es tarea sencilla recolectar datos. En la tarde del martes 10 de febrero con Pablo Sirvén no reencontramos después de largo tiempo, aunque siempre estamos en contacto. Caminamos brevemente por la Villa Victoria Ocampo, en Mar del Plata, donde, pese al abandono que se percibe por parte de las autoridades del Municipio de General Pueyrredón, se respira intelectualidad. Allí, en un muy austero salón con paredes y techos blancos, el autor compartió con un nutrido grupo de lectores de sus obras –literarias y periodísticas– entre los que me encuentro su “Operación Sallustro”.
Sé, desde hace muchas décadas, de su compromiso con el oficio de periodista y con la ciencia de la comunicación; pero desde ese momento estoy cierto de haber estado –además de con el amigo y respetado colega– con quien procura darle voz a Oberdan Guglielmo Sallustro para que, en, desde y con él, se conozcan sobre las dramáticas tensiones y las enormes tragedias que atravesaron –en todas direcciones– varias décadas del siglo XX, la centuria de las crueldades.
Las voces de Sallustro y del imaginario Nahuel Sima aportan. Declino de hablar del pasado o del futuro. Procuro no perder de vista –ni siquiera a la hora de la reflexión y haber transitado muchos de aquellos sucesos– que tanto lo que suponemos que “ya fue” y, por ende, creemos que dejó de ser, como el amanecer del día después, siempre (si y solo si) lo miramos desde el presente, que con cada suspiro es inmediatamente el pasado.
VOCES Y SILENCIOS
De allí que Pablo me impresiona con esta creación (con esta novela periodística, insisto) que está preñada de las voces y los silencios que las y los periodistas, donde fuere que intervengamos, atesoramos desde el primero de nuestros días de trabajo cuando procuramos informamos para informar.
“Los periodistas somos ricos en historias”, dijo Pablo esa misma tarde ante un grupo de sus lectores y lectoras que le pedían que firmara y les dedicara el libro que recién habían comprado. También firmó el mío. Para decirlo en italiano… un vero capo lavoro. “Tembiapokue iporãmbajepéva”, en guaraní como corresponde categorizar cuando se trata de un tano y paraguayo. De aquellas tragedias como la que comparten y tienen a Oberdan Sallustro como víctima y/o a Nahuel, en este caso, como victimario, no somos escasas las personas que quieren y queremos saber más.
El periodismo es también informarnos para informar, como tantas veces se dijo en estas historias de cada domingo. Y ese es el trabajo que hace Pablo Sirvén, que se le disparó con “una conversación al paso y casual con Carlos Tonelli (quien fuera) el asistente más cercano de Sallustro”, ese tano y paraguayo cuya vida, pasión y muerte no fueron solo veinte días.
Un emotivo testimonio de lucha, fe y resiliencia se volvió viral en redes sociales luego de que Andy Medina, una joven paciente con cáncer. Foto: Gentileza
Paciente con cáncer conmovió en redes al relatar su lucha y agradecer el apoyo recibido
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Un emotivo testimonio de lucha, fe y resiliencia se volvió viral en redes sociales luego de que Andy Medina, una joven paciente con cáncer, compartiera en TikTok un video en el que relata el duro proceso que atraviesa a raíz de su enfermedad y la fortaleza que encontró en su fe y en la amistad para seguir adelante.
Al publicar el video, la joven escribió: “Vivamos la vida intensamente y agradezcamos por cada día”, y en el video aseguró: “Hay días en que respirar ya es una victoria”. La forma en que elige llevar la enfermedad, priorizándose y eligiéndose es una muestra de resiliencia. “Sigo eligiéndome, sigo eligiendo la vida, aprendí a valorar cada abrazo, cada mensaje de aliento”.
En el material audiovisual, Andy recuerda cómo su vida cambió de manera abrupta. “Un día estaba bien, bailando, feliz, y al otro empecé a enfrentar una batalla que nunca me hubiera imaginado”, expresó al contar que fue diagnosticada con cáncer en etapa 4B, una noticia que marcó un antes y un después en su historia personal.
La joven describió el extenso y complejo tratamiento médico al que debió someterse, que incluyó quimioterapia, radioterapia, braquiterapia e inmunoterapia, además de constantes estudios, incertidumbre y miedo. También habló de las pérdidas que enfrentó en el proceso: su trabajo, su cabello y hasta las ganas de comer, experiencias que —según señaló— “no se ven en las fotos ni en las redes sociales”.
En su relato, Andy destacó el impacto emocional de la enfermedad y el abandono de algunas personas, pero subrayó que encontró contención en el amor de Dios y en sus amigos, a quienes definió como “ángeles” que la sostuvieron cuando ya no tenía fuerzas. “En mis momentos más difíciles, Dios nunca me soltó”, afirmó.
Pese a los cambios físicos y personales, aseguró que su esencia permanece intacta y que hoy valora cada gesto de apoyo, cada abrazo y cada nuevo día. “Aprendí que llorar también es parte de sanar y que, incluso en mis días más oscuros, yo no dejo de brillar”, reflexionó.
Finalmente, Andy dejó un mensaje de aliento para quienes atraviesan situaciones similares, recordando que nadie está solo y que la luz puede llegar en forma de fe, de personas o de esperanza. “No soy mi diagnóstico, soy una mujer que lucha, que crece y que brilla incluso en medio de una tormenta”, concluyó.
El titular de Diputados, Raúl Latorre, destacó la importancia de los principios y valores judeocristianos como base de la civilización occidental. Foto: Gentileza
Latorre destaca el rol histórico de la fe y la defensa de los valores en Paraguay
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El presidente de la Cámara de Diputados, Raúl Latorre, participó de la tercera edición del Desayuno Nacional de Oración, organizado por la Asociación de Iglesias Evangélicas de Paraguay y el Ministerio de Educación y Ciencias (MEC).
En su intervención, destacó el papel histórico y presente de la iglesia en la vida nacional, subrayando la importancia de preservar “el espíritu de nuestra nación y el norte de nuestra republica”.
El encuentro, realizado en el Centro de Convenciones Mariscal, reunió a autoridades de los tres poderes del Estado, líderes religiosos y representantes de distintos sectores sociales, con el propósito de reafirmar un legado de más de un siglo de servicio al prójimo.
Recordó que, en recientes encuentros internacionales donde le tocó exponer la visión del Paraguay y la defensa con respecto a los principios y valores fundamentales de la civilización, recibió de líderes religiosos un llamado a resguardar “el alma del país” frente a los desafíos culturales y espirituales que enfrentan otras naciones.
“Nuestro país puede no ser el más rico y grande en territorio, pero posee una profunda reverencia a Dios y una riqueza del alma que debemos cuidar. La tarea de la iglesia hoy más que nunca es ser sal de la tierra”, expresó.
Defensa de la vida y la familia
El presidente de Diputados resaltó además la importancia de los principios y valores judeocristianos como base de la civilización occidental, mencionando que la Constitución Nacional misma invoca a Dios en su preámbulo y establece la defensa de la vida desde la concepción y la familia, la unión entre el hombre y la mujer, como pilar fundamental de la sociedad.
Asimismo, el legislador advirtió sobre tendencias globales que buscan separar la conducción del Estado de la fe del ser humano, postura que consideró incompatible con la esencia misma de la persona.
“Es imposible separar al ser humano de la fe. Fuimos creados por Dios y llevamos parte de su esencia. Solo en él la humanidad encuentra su plenitud, y ese es un principio que voy a defender siempre”, manifestó.
En otro momento de su discurso, el diputado expuso su preocupación por los ataques a la fe y a la vida en distintas regiones del mundo, señalando que dichas posturas responden a visiones “terriblemente egoístas”.
Finalmente, lanzó un mensaje de esperanza y confianza, citando pasajes bíblicos para alentar a la ciudadanía a enfrentar los desafíos que enfrenta nuestra nación, como salud de calidad, mejor educación y más seguridad, con fortaleza espiritual.
“Cuando miramos a Dios y buscamos una respuesta de Dios, nuestros problemas dejan de ser solo nuestros. Si él es con nosotros, ¿quién contra nosotros?”, sostuvo.
Alentó, seguidamente, a que Paraguay continúe desarrollándose en prosperidad y equidad, sin renunciar a los valores que lo caracterizan como nación: “Que Paraguay siga siendo bastión de la fe y de los principios que sostienen nuestra civilización”.
Por encima de las metas y los logros que tenemos planificados para nuestras vidas, está el propósito por el cual vivimos. La búsqueda de ese propósito estará determinada por la cosmovisión que tenemos en la vida. Cosmovisión es la visión que tenemos del mundo. Cómo nos relacionamos con él.
David Noebel, en su obra “Entendiendo los tiempos”, escribe: “Cualquier ideología, filosofía, teología, movimiento o religión que provea un marco de referencia para acercarnos a un entendimiento acerca de Dios, del mundo y de las relaciones de los hombres con Dios y con el mundo es una cosmovisión”.
Todos los seres humanos tenemos una cosmovisión. Esto es algo que vamos formando a lo largo de nuestra vida; es decir, aquellas creencias que damos por sentado.
Las cosmovisiones funcionan como los lentes: los lentes correctos nos darán una visión adecuada de la realidad y, los equivocados, una visión equivocada. Si tengo una visión correcta, haré lo correcto ante esa realidad bien interpretada por mi visión.
Todos nosotros, consciente o inconscientemente, descansamos en alguna autoridad fuera de nosotros mismos; ya sea en la sociedad, la tradición, el Estado, una religión o la Biblia. Hay que hacerse preguntas como: ¿En qué autoridad nos basamos para distinguir la verdad del error, lo bueno de lo malo? ¿En qué autoridad descansamos para definir al hombre y su naturaleza? ¿Con qué autoridad determinamos las metas y los objetivos de la enseñanza que impartimos? ¿Con qué autoridad establecemos el tipo de disciplina que vamos a aplicar en nuestras vidas y la de nuestros hijos? Las respuestas que demos a estas preguntas dependerán de nuestra cosmovisión.
Hay dos cosmovisiones básicas en pugna en Occidente: El secularismo o materialismo. La palabra secularismo proviene del latín “seculum” o “siglo” o “mundo”, refiriéndose a lo “temporal”. Al añadirle el sufijo “ismo”, señala un “sistema de pensamiento y de valores”. Lo que tenemos es una cosmovisión que “ignora la realidad más allá del mundo presente”.
Se define también el secularismo como “un sistema que ve al mundo como fundamentalmente físico y limitado, controlado por la operación ciega o mecánica de leyes naturales impersonales, el tiempo y el azar. El secularismo renuncia a la realidad espiritual o trascendente. También se lo conoce como “naturalismo”, y es la visión que está prevaleciendo cada vez más en el mundo occidental”.
El secularismo se desentiende de Dios en todas sus actividades.
Para una persona que adopta esta filosofía, le es imposible encontrar trascendencia en esta vida. Al no haber trascendencia, no hay propósito. La persona con esta cosmovisión no tiene nada trascendente donde anclar su propósito de vida.
Solo Dios puede dar transcendencia a nuestras vidas. Jesús dijo en Juan 4.34: “Y esta es la voluntad del que me envió, y que acabe su obra”. Esto daba identidad a su vida, pues la identidad tiene que ver con un sentido de propósito, que es saber el principio y el fin de uno: “Respondiendo Jesús dijo… porque sé de dónde he venido y a dónde voy…” (Juan 8.14).
El que asume una causa accidental o impersonal para todo lo que nos rodea debe asumir que no tiene nada que decir con respecto a las preguntas más relevantes de la existencia humana. Preguntas como: ¿de dónde venimos?, ¿a dónde vamos?, ¿qué hago acá? Ante la infinitud del tiempo, ¿qué sentido tiene mi corta existencia? Las respuestas son obvias.
No venimos de ningún lado y no vamos a ningún lado; no estamos haciendo nada acá, pues la vida carece de sentido y trascendencia. El panorama es absolutamente desolador, si uno lo piensa bien.