Por Felipe Goroso S.
Columnista
Twitter: @FelipeGoroso
En marzo de este año, casi al inicio de la cuarentena y con la aparición de los primeros casos en Paraguay, escribía en este mismo espacio, una columna a la que titulaba “Los hijos de la pandemia”. La misma tenía como objetivo intentar visualizar la problemática que implicaba para los niños tantos cambios, sobre todo en materia educativa que era el área en la cual pretendía hacer hincapié en aquella columna.
Hoy, cinco meses después, se siguen sumando elementos los cuales lo único que hacen es complejizar cada vez más el mundo que los niños conocían. Con un Ministerio de la Niñez absolutamente desaparecido del debate público, sin generar una sola política en esta cuarentena, con un Ministerio de Educación completamente desconectado de la realidad y con líneas de base falsas para sus declaraciones, y con la imperiosa necesidad que tenemos los padres de seguir trabajando, los niños, los hijos de la pandemia, quedan a la deriva. Lacerante es ver como, al parecer, a ninguna de las tantas instituciones que se llenan la boca hablando de la niñez parece no importarles.
Y como si todo esto no fuera suficiente, en el último decreto que regula nuestras vidas en esta cuarentena, prácticamente nos están quitando a los padres la patria potestad que tenemos para con nuestros hijos. Si uno lee con atención la parte del documento en la que se menciona todo lo referente al traslado de los niños, son tantas las exigencias que ponen que parecería que tus hijos dejan de ser tuyos en lo que dure el decreto, directamente pasan a ser hijos del Poder Ejecutivo. La responsabilidad y el deber de cuidado sigue siendo de los padres, son instituciones y principios que no se negocian ni en la peor pandemia, ni por dos semanas, ni por un día, ni por una hora. Nunca.
Necesitamos darles a los niños la seguridad de que todo esto también pasará. Sí, que deben cuidarse mucho, pero a la par, necesitamos darles esperanza. Si no podemos transmitirles esperanza a los más chicos, habremos perdido esta batalla. Y de manera definitiva.
La política, esa mala palabra que empieza con p y termina con a, debe poder abordar lo que está pasando con los niños en esta cuarentena, con los hijos de la pandemia. Hacerlo con responsabilidad y defendiendo principios tan básicos como la patria potestad. Son los únicos caminos que nos quedan como sociedad.