Por Pablo Alfredo Herken Krauer

Analista de la economía

Email: pherken@gmail.com

En -3,5% el Banco Central del Paraguay (BCP) corrigió la semana pasada su tercera estimación preliminar de la caída de nuestra economía en este feísimo 2020; la segunda realizada en abril nos indicaba un bajón del -2,5% en términos del comportamiento del medidor macro (grande) de la marcha económica, con respecto al 2019, el producto interno bruto (PIB); y que a su vez actualizaba y modificaba el primer dibujo proyectado a fines de diciembre pasado que nos presentaba un esperanzador como alentador panorama con un crecimiento esperado del 4,1% para este año que estamos sufriendo. Reconocer el empeoramiento de la situación económica, del -2,5% en abril al actual -3,5% en julio, cumpliendo un cronograma institucional de divulgaciones marcado en el calendario internacional, solo es factible teniendo un banco central independiente y profesionalizado. El nuestro, junto con los de Uruguay, Chile y Perú, está considerado como uno de los mejores en la región. Esta es una prueba: decir la verdad.

¿Qué cambió de abril a julio para la estimación de una mayor caída económica? En primer lugar la mayor profundidad de la caída de la industria de -0,5% pasando a -3,5%. Esto es fundamental porque la industria tiene un peso directo del 19,1% en la construcción de nuestra torta económica anual. En segundo lugar se agrava el panorama en el sector de servicios (comercio y otros) que hace que todo el sector pase de una caída del -5,2% a otra actualizada de -6,7%, teniendo un peso directo en el PIB del 49,1%. Nuestra caída económica podría ser aún peor al -3,5% de no darse un mayor avance positivo de la producción del campo o “sector primario” que mejora del 6,4% en abril al 8% en julio con un peso del 11% en la cocinada económica. Y aquí es clave el comportamiento de la agricultura con un progreso del 8,5% al 10,5% como consecuencia básica de la buena cosecha de soja en volumen (aumento del 23,4% o casi dos millones de toneladas más). El sector agrícola tiene un peso por sí solo del 7,9% (8%). Hay que destacar también la aceleración de la marcha de la ganadería del 1,5% al 3,5%. En el hipotético caso de que la agricultura no aportara “nada” en el conjunto económico, el PIB total experimentaría un derrumbe del -4,7%. Reitero: la mejor marcha económica agrícola y ganadera claramente está amortiguando la profundidad y extensión de nuestra caída económica.

En tiempos de democracia, la actual caída económica es la mayor que se registra con el -3,5% y después del 0% de estancamiento en el 2019. En el 2017 se dio el último buen año con un crecimiento del 5% que empezó a desacelerarse en el 2018 con un cierre del 3,4%. En el 2000 se produjo una caída del -2,3% en un escenario de cinco horribles años (1998-2002) con bajón global del -4,4%.

En dictadura, en la horrible década del ’80, la economía cayó -1,4% en 1982 y -3% en 1983, con un descenso global del -4,4%. Fuentes externas estimaron caídas del -5% y del -10% para los dos años en cuestión, dado el silencio oficial, la demora en la divulgación de los datos y la “orden” superior de maquillar los números para no ensuciar la imagen del país y asustar a la gente. Hay otras tres recesiones muy fuertes en nuestra historia económica: el -5,3% en 1940, el -3,5% en 1945 y el “extraordinario” -13,3% en 1947, el año de la peor guerra civil, con más víctimas que la Guerra del Chaco, y cuando un Paraguay se hizo internacional. Sé que hay consuelos que no sirven, pero aun así, me juego a proporcionarlos. Pese a nuestra caída del -3,5% u otras estimadas con descenso superiores que rondan el -5%, la nuestra, con absoluta seguridad, será de las muy menores en la región. Pero ojo, cuidado, si descomponemos el manejo económico, con déficits fiscales enormes y endeudamientos masivos, la caída de hoy no será la única, porque sobrevendrán otras por exclusiva culpa nuestra. Was gesagt werden muss, muss gesagt werden. Duele decirlo, pero hay que decirlo. DDPHQD

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