La pandemia que vive el mundo entero ha removido, en los distintos países afectados, muchos sentimientos y sensaciones de inequidades e injusticias. Un caso claro es el de Estados Unidos, donde hace poco se vivió un levantamiento social con una fuerte reacción contra la discriminación racial, originada en un fallido procedimiento policial, el cual terminó con la vida de una persona. A esta reacción social inesperada, y luego desbordada, se agregaron otros condimentos que nada tenían que ver con el reclamo inicial. Es por ello que cuando los genuinos reclamos ciudadanos, que se dan en forma realmente espontánea, se ven aprovechados por unos pocos agitadores con intenciones probablemente políticas y el reclamo se ve desvirtuado.

Lo mismo se pudo ver hace unos días en nuestro país, donde posiblemente el reclamo original de los comerciantes de Ciudad del Este era genuino y espontáneo, pero este se vio afectado y desvirtuado por unos pocos, llevando la violencia y atacando a otros ciudadanos que nada tenían que ver con la furia desatada. ¿Qué explicación se les puede dar a estos ciudadanos por haber sido blanco de unos vándalos? Ellos son ciudadanos que intentan con su trabajo poder progresar día a día, pero que a consecuencia de las limitaciones propias de la pandemia ahora deben soportar pérdidas aún mayores en su economía familiar. ¿Cómo se justifican estos ataques?

A la conclusión que podemos llegar es que dentro de todo reclamo justo y validado por la mayoría de la ciudadanía existen pescadores en ríos revueltos, que están aprovechando situaciones donde la fuerza de la ciudadanía se levanta para poner acciones de descontrol y de violencia, de no respeto a los derechos del otro para llegar a una anarquía que desvirtúa el objetivo que impulsó el inicio de la manifestación ciudadana.

La anarquía no es negocio para el ciudadano que se levanta todos los días para llevar el pan a su casa, menos aún el desconcierto, la confusión o el caos, debido a la falta o debilidad de una autoridad no genera las condiciones necesarias al país para el crecimiento ni el desarrollo. No da las condiciones tampoco para atraer inversiones extranjeras ni mucho menos para seguir apostando uno mismo en su propio país. Muy por el contrario, genera una fuga de capitales a países donde exista una seguridad institucional y jurídica sólida.

Por lo tanto, debemos ser muy cuidadosos y reclamar lo que nos parezca justo, todas las veces que veamos que nuestros derechos son afectados. Pero a la vez no ser parte de otra agenda oculta de unos pocos donde nos usen como carne de cañón para una guerra de la que no estamos ni enterados.

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