Su palabra era estatuto. Sé que Helio (Vera) no se hubiera molestado por usurpar una de sus frases preferidas. Era el mojón entre la realidad, excesivamente violenta y dolorosa, y la ficción de un país “divino” y de paz perpetua fabulada para engañar, de tanto repetir, la conciencia de quienes todavía guardaban alguna pizca de ese aguijón que podría perturbar el sueño. Los panegiristas se habían convencido de que aquella brutalidad disfrazada de “progreso” era buena para el pueblo. Los demás actuaban con un instinto criminal bien asumido. En medio de ese paisaje de contrastes, donde la libertad no garantizaba expresar el pensamiento sin ataduras, las opiniones de Alcibiades laceraban como urticantes lanzas el costado de la bestia convertida en régimen.
González Delvalle acaba de cumplir 84 años (10 de julio) y sigue “ganándose el pan con el sudor de la tinta”. Y si me refiero a él en pasado es simplemente para ubicarlo, en su función de hombre de prensa, en un período particular de nuestra historia que tiene su corte en febrero de 1989. Aunque esa etapa para él terminó, o empezó de nuevo, el 22 de marzo de 1984, cuando por orden superior es clausurado el diario (Abc Color) en el cual se convirtió en el caballero de lanza en ristre para las multitudes y en una peste para el gobierno.
De aspecto jovial y sonrisa carismática (o pícara, otra vez Helio), incluso en medio de la adversidad siempre encuentra una anécdota de la cual reírse. Y un saludo que define su nunca perdida humildad, a pesar de la fama que se encariñó con él: “¿Ha upéi?”. No se afanó en marcar distancia entre los colegas –una enfermedad muy común y contagiosa hoy–; antes bien, se confundía entre nosotros. Aun así, no pudo impedir ese nuevo bautismo. A regañadientes aceptó el título de “maestro” y tuvo que acostumbrarse. Si existiera una tipología característica del paraguayo bueno, ese es Alcibiades. Pero, sobre todo, es un ser humano excepcional.
“Periodista, escritor, dramaturgo y ensayista”, nacido en Ñemby en 1936, dice la biografía en la solapa de uno de sus libros. Habría que añadir lo que el compañero Bernardo Neri Farina esculpió en las redes sociales el día de su cumpleaños (el de Alcibiades): “Maestro de la dignidad humana”.
Con el maestro las conversaciones nunca son cortas. Ni las telefónicas. Después de las felicitaciones de rigor, le comento que algunos navegantes de las redes habían ponderado sus poesías de tono social que publicaba los domingos en “su diario”. “Poesía es la única alambrada que nunca me animé a atropellar”, me responde con una voz que trasluce su eterno buen humor. “Eso es normal en esta profesión, añade, antes me felicitaban por mis artículos, aunque muchos no podían acertar en qué medio los escribí”.
El 21 de junio de 1984, el inolvidable Alfredo M. Seiferheld publica en el semanario El Pueblo los “80 principales atentados a la libertad de prensa ocurridos en el Paraguay en los últimos dieciséis años”. Alcibiades, naturalmente, figura en el “cuadro de honor”:
- El 5 de noviembre de 1979 es detenido Alcibiades González Delvalle, columnista de Abc Color. Permanece incomunicado en dependencias policiales hasta el 21 de diciembre del mismo año.
- El 25 de junio de 1980 es detenido por orden judicial Alcibiades González Delvalle. Queda en el penal de Tacumbú hasta el 2 de setiembre de 1980.
- El 23 de setiembre de 1983 es apresado por tercera vez Alcibiades González Delvalle. Permanece incomunicado hasta el 7 de diciembre en el Departamento de Investigaciones.
Todos sus delitos fueron crímenes cometidos con las armas del sarcasmo y la ironía. Cuando un alto funcionario de un país europeo se suicidó al descubrírsele un hecho de corrupción, escribió: “Ojalá ese ejemplo no se repita en nuestro país porque vamos a quedarnos sin ministros”.
En un artículo publicado en El País, de España (17 de octubre de 1983), donde explica las razones de su doble nacionalidad, el también perseguido, y exiliado, Augusto Roa Bastos le manifiesta su solidaridad: “Desde lo hondo de este sentimiento de unidad que religa a los hombres de nuestra cultura latinoamericana, envío un abrazo fraterno de adhesión al colega y compatriota Alcibiades González Delvalle, preso nuevamente en la cárcel de Asunción por su coraje profesional y moral puesto en su insobornable lucha por la libertad de expresión en Paraguay”.
Queda por agregar que fue socio fundador y primer secretario general del Sindicato del Periodistas del Paraguay (SPP).
En estos tiempos de puro relativismo, de cultura descartable, de olvidos premeditados y de recordaciones que indignan, y de una generación proclive a desdeñar la lucha y el talento de sus mayores, este artículo no tiene más pretensión, en palabras del desaparecido amigo Tony Carmona, que la de actuar como “remedio refrescante contra la desmemoria”.
Colorido desfile estudiantil y de carrozas llenó de alegría la ciudad de San Lorenzo
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Una jornada radiante y llena de color unió a estudiantes y vecinos del barrio Barcequillo, de la ciudad de San Lorenzo, quienes participaron del ya tradicional “Desfile de Carrozas” que cada año rinde homenaje a la juventud y la llegada de la primavera.
En una jornada cargada de alegría y bajo un radiante sol, se desarrolló el desfile que cada año une a las instituciones educativas de la zona porla llegada de la primavera. Este se viene realizando de forma ininterrumpida desde el año 2019, evento que es apoyado por toda la comunidad y este año se sumaron los vecinos con la caravana de vehículos adornados con globos y cintas de colores.
La actividad es organizada desde hace ocho años por el Colegio Nacional Barcequillo (CNB) y el proyecto es denominado “Juventud, tiempo mágico de sueños y alegrías”. De esta forma toda la comunidad busca dar la bienvenida a la primavera y homenajear a la juventud de la ciudad universitaria.
La actividad se desarrolla todos los años desde el 2019. Foto: Gentileza
Como todos los años se sumaron al desfile los agentes motorizados del Grupo Lince, quienes demostraron sus destrezas mientras realizaban su pasada y además, se tomaron fotografías con los niños y adolescentes, quienes admiran el trabajo que llevan adelante para la sociedad.
Instituciones que participaron: Escuela Básica Nro 4187 Santa Teresa, Escuela Básica Nro 4185 San Isidro Labrador, Escuela Básica Nro 4184 Santa Rosa, Colegio Nac. Dr. Emilio Cubas, Puesto de Salud Barcequillo y Centro de Estudios Mariscal Estigarribia.
Este año en el palco de invitados estuvieron presentes: diputado nacional Luis Federico Franco Alfaro; supervisor educativo de Área 11-39 Mag. Carlos Quiñonez; Zulma Cardozo; técnica de Supervisión Educativa Área 11-44 y la docentes jubiladas de la Comunidad.
Este año varias instituciones fueron invitadas. Foto: Gentileza
Juzgado de Paz de Luque es el primero en tener el Expediente Judicial Electrónico
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El Juzgado de Paz de Luque se convirtió en el primero del departamento Central en implementar el Expediente Judicial Electrónico, en el marco del proceso de transformación digital impulsado por la Corte Suprema de Justicia para agilizar la tramitación de las causas y fortalecer la transparencia del servicio judicial.
El acto fue encabezado por el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Alberto Martínez Simón; el vicepresidente primero, Luis María Benítez Riera; y el ministro Eugenio Jiménez Rolón, superintendentes de la Circunscripción Judicial de Central.
Con esta implementación, el Juzgado de Paz de Luque inicia la gestión electrónica de sus actuaciones en un despacho que actualmente administra alrededor de 12.400 expedientes activos, uno de los mayores volúmenes de causas del país, con una importante carga de procesos relacionados con violencia doméstica.
Como parte de la puesta en funcionamiento del sistema, la jueza de Paz de Luque, Karin Leite Zaracho, realizó la firma digital de dos expedientes, oficializando el inicio de las actuaciones electrónicas. Asimismo, informó que continúa el proceso de vinculación de profesionales abogados y usuarios para la utilización de la plataforma.
Durante el acto, el presidente de la Corte Suprema de Justicia señaló que esta implementación responde a una política institucional sostenida de modernización del servicio judicial. “Es la prueba más eficiente de que queremos que los procesos judiciales sean tramitados de manera transparente y facilitar el trabajo de los abogados, para que puedan litigar desde cualquier parte del mundo, cualquier día y a cualquier hora”, enfatizó. Asimismo, reafirmó la continuidad del proceso de digitalización.
Asimismo, el ministro Eugenio Jiménez Rolón expresó que la incorporación del Expediente Judicial Electrónico constituye “un paso trascendente para responder a las necesidades de todos, fundamentalmente del destinatario final de nuestros esfuerzos: la ciudadanía”.
Seguidamente, la presidenta del Consejo de Administración de la Circunscripción Judicial de Central, doctora María Teresa González de Daniel, reiteró que el Juzgado de Paz de Luque es el primero del departamento en incorporar esta herramienta y recordó que se trata del despacho con el mayor ingreso de causas del país, especialmente en materia de violencia doméstica.
En los próximos días se cumplirán 88 años de aquel 21 de julio de 1938, fecha en la cual se suscribió el Tratado de Paz, Amistad y Límites entre el Paraguay y Bolivia. Este hecho marca un acontecimiento fundamental de nuestra historia, pues puso fin a tres años de conflicto armado y a igual tiempo de discusiones limítrofes entre dos países hermanos. Sin embargo, aquel tratado representó mucho más que un acuerdo de delimitación territorial o cese de hostilidades. Constituyó el inicio de una nueva etapa caracterizada por la diplomacia y el trabajo técnico permanente para defensa y consolidación del territorio nacional.
Este 21 de julio de 2026 es la ocasión propicia para reflexionar y hacer un análisis sobre el proceso histórico que atravesó el Paraguay en la definición de sus fronteras en el Chaco, un recorrido que abarcó casi cuatro siglos de antecedentes coloniales, controversias diplomáticas, negociaciones internacionales, conflictos armados, pérdida de vidas y complejas tareas de demarcación que duraron 87 años.
La cuestión de límites entre Paraguay y Bolivia no fue un hecho aislado, sino una consecuencia de la configuración territorial heredada de las antiguas colonias españolas en América. La ausencia de delimitaciones claras durante la época colonial, que dio origen a discusiones diplomáticas que evolucionaron hasta convertirse en una conflagración bélica que buscó dirimir el conflicto de dos Estados vecinos y hermanos, sobre la titularidad del Chaco Boreal.
Entre los antecedentes más remotos se puede citar el diferendo suscitado entre el conquistador español Ñuflo de Chávez y Andrés Manso en 1560, con la creación de Mojos o Chiquitos, independiente de las gobernaciones del Paraguay y del Perú, aunque sin delimitación precisa. No obstante, durante el periodo colonial distintos gobernadores ilustraron con claridad los límites entre las Provincias del Alto Perú y del Paraguay.
Con la emancipación política del Paraguay en mayo de 1811 y la de las provincias del Alto Perú en 1825 (que dio origen a la República de Bolivia), ambas personas jurídicas de derecho internacional heredaron los territorios que tenían durante la colonia, conforme al principio jurídico del uti possidetis. De esta manera, los límites eran los que la Provincia del Paraguay poseía con la de Santa Cruz de la Sierra y Chiquitos, separados por el semidesértico territorio del Chaco, es decir, la Cordillera de los Chiriguanos y el río Parapití. Por otra parte, Bolivia reivindicaba la jurisdicción de la Audiencia de Charcas. También merece destacarse que Bolivia fue el primer país limítrofe en reconocer nuestra independencia, el 17 de junio de 1843.
Luego de la firma del Tratado Guido-Vázquez en 1852 entre la República del Paraguay y la Confederación Argentina, dado que dicho tratado reconocía al Paraguay la soberanía “de costa a costa” sobre el río homónimo hasta su confluencia con el Paraná, circunstancia que motivó la protesta formal del encargado de Negocios de Bolivia dando inicio al reclamo de ese país sobre el Chaco. Esta reclamación fue posteriormente sostenida ante los países signatarios del Tratado de la Triple Alianza.
Tras la derrota sufrida en la Guerra del Pacífico y la pérdida de su litoral marítimo, Bolivia orientó sus esfuerzos hacia la obtención de una salida a través del río Paraguay. Ante el fracaso de diversas gestiones indirectas, decidió entablar negociaciones con el Paraguay sobre la cuestión del Chaco. A ese efecto, en 1879, fue comisionado a Asunción en carácter de ministro plenipotenciario el Dr. Antonio Quijarro, quien, sin hacer ninguna exposición de títulos que sustenten las pretensiones bolivianas adujo conveniencias económicas para el Paraguay la celebración de un tratado de límites. Como resultado de dichas negociaciones se suscribió el Tratado Decoud-Quijarro (1879), primer acuerdo fronterizo celebrado entre ambos países tras la Guerra de la Triple Alianza. No obstante, el instrumento nunca llegó a ser ratificado.
Lejos de abandonar sus aspiraciones, Bolivia designó al Dr. Isaac Tamayo para negociar un nuevo tratado. El Paraguay accedió a reiniciar las conversaciones diplomáticas y el 16 de febrero de 1887 se firmó el Tratado Aceval-Tamayo, nuevamente, sin tener en cuenta que ello le significaba la pérdida de un territorio. Sin embargo, al igual que su predecesor, este tratado tampoco fue ratificado.
En 1891, el Gobierno boliviano acreditó al señor Mariano Baptista y su propuesta consistía en retomar alguno de los tratados previamente suscritos –el Decoud-Quijarro de 1879 o el Aceval-Tamayo de 1887– o, en su defecto, someter la controversia a una decisión arbitral. No obstante, las conversaciones fueron postergadas.
Tres años después, en 1894, fue acreditado como nuevo ministro plenipotenciario de Bolivia en Asunción el doctor Telmo Ichazo. Quien, tras un prolongado intercambio diplomático y convencido de la imposibilidad de obtener la ratificación de los tratados de 1879 y 1887, suscribió un protocolo mediante el cual ambas partes declaraban la caducidad de los mismos.
Sin embargo, las negociaciones no concluyeron allí. Gracias a la activa mediación del encargado de negocios de la República Oriental del Uruguay, Adolfo Basáñez, quien actuó como mediador neutral a solicitud de Bolivia, las partes retomaron el diálogo en un clima de conciliación. Como resultado, el 23 de noviembre de 1894 se firmó el Tratado Benítez-Ichazo, que invocando el sentimiento de confraternidad proponía dividir el Chaco con una línea diagonal que comenzaba tres leguas al norte de Fuerte Olimpo, sobre la ribera del río Paraguay, y descendía hasta interceptar el río Pilcomayo.
Mapa general de lo cedido, ocupado y recuperado en territorio chaqueño
FASE MILITAR
o a los 61° 28’ de longitud oeste. Otorgando Bolivia más de dos tercios del territorio disputado.
A comienzos del siglo XX, la controversia por el Chaco dejó de caracterizarse exclusivamente por la discusión diplomática, documental y jurídica para incorporar un componente militar cada vez más evidente. A partir de 1905, Bolivia inició una política sistemática de ocupación del territorio mediante el establecimiento de fortines militares, primero de manera discreta y posteriormente en forma abierta. Esta estrategia se evidenció con la fundación de fortines a lo largo del Pilcomayo, como, por ejemplo: Ballivián y Guachalla hasta llegar a Muñoz en la zona del Estero Patiño.
La situación adquirió mayor gravedad luego de la firma del Protocolo Soler-Pinilla, de 1907, que establecía una línea de statu quo y comprometía expresamente a ambos Estados a mantener las posiciones territoriales existentes. Pese a dicho compromiso, Bolivia continuó ampliando su presencia militar mediante la creación de nuevos fortines, entre ellos Linares, Magariño, Esteros, Saavedra, Sorpresa, Tinfunque y Arce, entre otros.
Ante esta amenaza, el Paraguay empezó a esbozar un plan militar para resguardar sus derechos. Impulsó un proceso de reorganización de su ejército y emprendió la adquisición de armamentos en Europa. Se presagiaba en el horizonte el inminente estallido de la guerra.
En 1927, un nuevo incidente agravó la situación. La muerte del Tte. Rojas Silva motivó la firma del Protocolo Díaz León- Gutiérrez por el que Paraguay y Bolivia aceptaron los buenos oficios del Gobierno argentino para procurar una salida pacífica, sin modificar los acuerdos anteriores. En ese contexto, se desarrolló la Conferencia de Buenos Aires de 1927- 1928 y, posteriormente tras el suceso del Fortín Vanguardia, la Conferencia de Washington. Ambas iniciativas diplomáticas lograron evitar momentáneamente el conflicto armado eminente.
LA GUERRA
Lamentablemente, estos esfuerzos resultaron insuficientes. Finalmente, el 15 de junio de 1932 estalló la Guerra del Chaco con el ataque boliviano al Fortín Paraguayo Carlos Antonio López.
Tras tres años de sangriento conflicto bélico, el 12 de junio de 1935 se suscribió en la ciudad de Buenos Aires el Protocolo de Paz, conocido como protocolo Riart-Eliot, en él se acordó el cese definitivo de las hostilidades entre Paraguay y Bolivia. En lo referente a límites el artículo 1, punto 3.º, estableció la obligación de resolver los diferendos por acuerdo directo o, en caso de fracasar, someterlos al arbitraje de derecho, designando como árbitro a la Corte Permanente de Justicia Internacional de la Haya.
Las delegaciones de ambos países iniciaron un complejo proceso de negociaciones diplomáticas que se extendió durante los años 1936 y 1937. A pesar de los numerosos encuentros y de las diversas propuestas formuladas por las partes, no fue posible alcanzar una solución. Ante el estancamiento de las conversaciones, las negociaciones fueron retomadas en 1938.
Durante las sesiones, tanto Paraguay como Bolivia presentaron proyectos de delimitación que fueron sucesivamente rechazados por la contraparte, manteniéndose las posiciones iniciales sin posibilidades de consenso. La Comisión de Neutrales presentó, en junio de 1938, una nueva propuesta destinada a destrabar las negociaciones. La fórmula consistía en establecer una línea intermedia y someter la porción restante del territorio en disputa a un arbitraje de equidad. Esta iniciativa fue aceptada por ambas delegaciones, como base para alcanzar un acuerdo.
La aceptación de esta fórmula implicó una decisión de gran trascendencia política y jurídica para el Paraguay. Hasta ese momento, la posición oficial había sostenido que la cuestión se circunscribía a una simple delimitación de una frontera preexistente, basada en títulos históricos claros e indiscutibles. Sin embargo, al admitir una solución negociada complementada con un arbitraje de equidad, el Paraguay aceptó la posibilidad de una distribución del territorio en litigio, privilegiando una salida pacífica al largo conflicto existente.
En definitiva, el 21 de julio de 1938 se firmó el Tratado de Paz, Amistad y Límites, entre Paraguay y Bolivia, poniendo término a una controversia diplomática iniciada décadas atrás y cerrando uno de los capítulos más complejos de la historia territorial de ambos países. El tratado estableció, en su artículo 2.°, que la delimitación definitiva de una parte del territorio sería determinada mediante un laudo arbitral de equidad, disponiendo expresamente que los árbitros actuarían ex aequo et bono, es decir, resolviendo conforme a criterios de justicia y equidad antes que por la estricta aplicación del derecho positivo.
Al firmar el tratado Paraguay ocupaba 264.150 km² aproximadamente de la región en disputa. No obstante, el acuerdo reconoció definitivamente al Paraguay una superficie cercana a 232.650 km², mientras que una franja aproximada de 41.500 km² quedó sometida a la decisión del tribunal arbitral. El 10 de octubre de 1938, el Colegio Arbitral dictó su laudo definitivo, estableciendo que la línea fronteriza debía extenderse desde el lugar denominado Esmeralda, sobre el río Pilcomayo, hasta la desembocadura del río Negro u Otuquis, fijando así el trazado de una parte sustancial de la frontera entre ambos Estados.
Con el objetivo de ejecutar las disposiciones del tratado y materializar la delimitación acordada, el 25 de noviembre de 1938 se constituyó la Comisión Mixta Demarcadora de Límites, organismo técnico binacional encargado de trasladar las disposiciones jurídicas a la realidad geográfica mediante la colocación de hitos y la determinación precisa de la línea internacional. Inició su labor en 1939, la colocación del primer hito denominado “Esmeralda” se realizó el 10 de octubre de 1940 siendo el delegado demarcador paraguayo el capitán José Bozzano y por Bolivia el general Abelardo Prieto.
Los primeros delegados demarcadores que representaron a nuestro país que lo representaron en las reuniones de la Comisión Demarcadora fueron el teniente coronel Abdón Palacios y el teniente 1.° de Marina Néstor Rodríguez Bordas. Por parte Bolivia fueron el coronel Abelardo Prieto y el mayor Walter Salinas.
Ubicación de los fortines paraguayos en el Chaco
EL TRATADO
La entrega material de los territorios adjudicados a cada Estado se llevó a cabo mediante una ceremonia oficial el 28 de diciembre de 1938, en la ciudad de Villa Montes, Bolivia, acto que simbolizó el cumplimiento efectivo de las disposiciones adoptadas en el Tratado de Paz.
En el Paraguay, si bien se había realizado un plebiscito donde la ciudadanía expresó su respaldo, este carecía de efectos jurídicos vinculantes. Por tal motivo, el 16 de febrero de 1939, el Congreso Nacional aprobó formalmente el tratado, que fue promulgado mediante la Ley n.º 61, otorgándole plena validez dentro del ordenamiento jurídico y cerrando cualquier cuestionamiento respecto de su legitimidad.
La firma del Tratado de Paz, Amistad y Límites de 1938 no significó el fin de los desafíos vinculados con la delimitación fronteriza. Por el contrario, dio inicio a una extensa etapa de trabajo técnico sobre el terreno, destinada a materializar las disposiciones del tratado y del laudo arbitral mediante la ubicación precisa de hitos, la apertura de picadas y la verificación permanente de la línea internacional. Esto exigió décadas de arduo trabajo técnico de la Comisión Mixta Demarcadora de Límites. El desafío apenas comenzaba y que duraría 87 años, culminando de manera efectiva en diciembre de 2025, durante la gestión del actual gobierno encabezado por el presidente Santiago Peña.
Fue precisamente el desarrollo de estas labores de demarcación que permitió identificar una discrepancia que, años más tarde, daría origen a una nueva controversia: el arbitraje sobre el cerro Chovoreca. El 23 de mayo de 1967, durante una reunión plenaria de la Comisión Mixta Demarcadora de Límites celebrada en Buenos Aires, surgió un desacuerdo respecto de la ubicación del Vértice VIII, conocido como cerro Chovoreca. La delegación boliviana sostenía que dicho accidente geográfico no existía y defendía la validez del hito ya emplazado conforme a las coordenadas consignadas en el plano del laudo arbitral de 1938. Por su parte, la delegación paraguaya afirmaba la existencia física del cerro y sostenía que el hito colocado carecía de validez debido a vicios tanto de forma como de fondo en el acta de erección.
Ante la imposibilidad de alcanzar un consenso, las partes acordaron someter la cuestión a la decisión del presidente de la Comisión Mixta Demarcadora de Límites, el general de brigada ingeniero Gonzalo Gómez, quien asumió la responsabilidad de resolver la controversia mediante un análisis estrictamente técnico. Tras la realización de los estudios topográficos, cartográficos y geodésicos correspondientes, el 11 de julio de 1969 se dictó un fallo definitivo e inapelable que estableció que el Vértice VIII debía ubicarse en el punto más elevado del cerro Chovoreca, identificado en la cota de 254,72 metros sobre el nivel del mar, con esta decisión el Paraguay ganaba aproximadamente 800 kilómetros de superficie en disputa.
Décadas más tarde, ambos países reafirmaron su compromiso con el cumplimiento integral del tratado, con la suscripción de nuevos instrumentos jurídicos orientados al manteniendo de la frontera. El 24 de abril de 2009 se firmó el Acta Final sobre la ejecución y el cumplimiento del Tratado de Paz, Amistad y Límites del 21 de julio de 1938. Posteriormente, el 12 de junio del mismo año, a 74 años del cese de hostilidades, se firmó el Protocolo Adicional al Tratado de Paz, Amistad y Límites, aprobado por Ley n.° 4176/2010, que estableció una nueva Comisión Mixta Demarcadora de Límites con las funciones de construcción, control y mantenimiento de hitos, así como la apertura y conservación de picadas.
La cooperación bilateral se profundizó aún más con la firma de las Notas Reversales del 30 de mayo de 2011, mediante las cuales ambos gobiernos acordaron establecer, a lo largo de toda la frontera terrestre, una franja de 50 metros de ancho destinada exclusivamente al libre tránsito para las tareas de vigilancia, mantenimiento y conservación de los hitos limítrofes. Estas áreas, conocidas como fajas de seguridad territorial o fajas non aedificandi, constituyen espacios donde no pueden realizarse construcciones permanentes, garantizando la adecuada visibilidad y preservación de la línea fronteriza.
Finalmente, en diciembre del año 2025 con la realización de los trabajos de batimetría del río Negro, quedaron concluidas las labores técnicas necesarias para la demarcación integral de la frontera entre la República del Paraguay y el Estado Plurinacional de Bolivia, culminando un proceso iniciado formalmente con la firma del Tratado de Paz de 1938.
Vista aérea de Asunción, capital de Paraguay. El país ocupa el cuarto lugar regional en el ranking elaborado con base en indicadores de violencia, seguridad e institucionalidad. Foto: Archivo
Paraguay se ubica entre los países con mayor nivel de paz de Latinoamérica
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Paraguay se posiciona entre los diez países con mayor nivel de paz en Latinoamérica, al ubicarse en el cuarto lugar del ranking regional difundido por la revista Mercado, basado en el Índice Global de Paz (GPI).
El indicador evalúa 23 variables relacionadas con la presencia o ausencia de violencia y el temor a ella. Un puntaje más alto representa un menor nivel de paz en el país.
La paz es considerada un factor relevante para el desarrollo económico, la inversión y la calidad de vida, ya que refleja no solo la ausencia de conflictos, sino también aspectos vinculados a la fortaleza institucional, la estabilidad social y la capacidad de generar un entorno seguro para los ciudadanos.
Según el ranking, Uruguay ocupa el primer lugar entre los países más pacíficos de Latinoamérica, con un índice de 1,75, seguido por Chile, con 1,83, y Costa Rica, con 1,86.
Paraguay se ubica en la cuarta posición regional con un índice de 1,88, por encima de Argentina y Jamaica, ambos con 1,92.
El listado de los 10 países con mayor nivel de paz en Latinoamérica se completa con Trinidad y Tobago (1,96), Panamá (1,98), Guatemala (2,03) y República Dominicana (2,04).
El Índice Global de Paz permite observar el panorama de estabilidad y convivencia en la región, así como los desafíos que aún enfrentan los países latinoamericanos en materia de seguridad y cohesión social.