Por Felipe Goroso S.

Columnista

Twitter: @FelipeGoroso

El fin de semana se cumplieron 5 años de la venida del papa Francisco a Paraguay. Francisco o Jorge Mario Bergoglio es, por las características y estilo de liderazgo, de aquellos que lo reconcilian a uno con la fe. En ese sentido y a pesar de las diferencias ideológicas, tiene similitudes con Juan Pablo II.

La venida de Francisco a nuestro país, gestionada y concretada por la administración del presidente Horacio Cartes, tuvo profundas implicancias en todos los órdenes. Sería minimizar si se la etiqueta solo como un evento religioso. Fue, por sus niveles de capilaridad en la población, ciertamente un evento social.

Para quienes sufrimos dudas de manera permanente o planteamos críticas a la oxidada cúpula de la Iglesia Católica paraguaya, Francisco es como esa primera brisa fresca que recibimos en el rostro al abrir las ventanas en mañana. Tenerlo tan cerca y ver lo que generó en millones de compatriotas no logra más que conmover y lograr lo que todo buen líder debe lograr: movilizar, movilizar de verdad. El factor diferencial en el papado de Francisco, si se lo compara con los anteriores, es que ha vivido su discurso, eso le ha dado altos niveles de coherencia y con esa coherencia otro valor al que siempre aspiran los líderes: la legitimidad.

La profunda conexión que tiene Francisco con nuestro país y el alcance que tuvo su venida aún no fue suficientemente valorada en su dimensión más integral, creemos que debe ser motivo de profunda reflexión y análisis. Más allá de las diferencias que seguro surgirán al respecto del hecho concreto que su presencia se produjo durante un gobierno en particular, enfocarnos en el bálsamo que significó para millones de paraguayos y las consecuencias positivas que tuvo en toda nuestra sociedad. Tal vez sea mucho pedir, pero creo que es lo que nos merecemos todos como país.

La presencia de Francisco en Paraguay es, ante todo, un hecho que tiene que ver con mirar y ante todo tocar a los más vulnerables. Y en estos tiempos de pandemia cobra aún mayor relevancia y significado. Por eso, desde este espacio, hacemos votos para que como sociedad hagamos todos los años, memoria viva del 10 al 12 de julio recordando su paso por estas tierras.

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