La Guerra de Secesión en EEUU dejó aproximadamente 750.000 muertos en 4 años, de 1861 a 1865. ¿Y a quién le importa? Y sin embargo sí importa, puesto que hoy -junio de 2020- todas las sociedades civilizadas están pendientes de lo que sucede en Norteamérica, incluso más por las protestas raciales que por las consecuencias de la pandemia, que tiene alcance global.

En 10 meses más se cumplirán 160 años del inicio de esa lucha que acabó allá en el Norte con la esclavitud de los negros, comercio que por entonces era considerado como algo natural.

Fue Abraham Lincoln, el primer candidato del Partido Republicano en ganar la presidencia (y 16 en la historia del país), quien lideró esa lucha civil... mientras que paradójicammnete otro republicano, Donald Trump, el presidente número 44, actualmente debe recurrir a la Guardia Nacional para contener las protestas por la muerte de un solo hombre de color, George Floyd, a manos de la Policía.

La esclavitud nació en la antigüedad cuando tras librarse una guerra entre ciudades (antes no había países), los vencedores en lugar de matar a los prisioneros los hacían trabajar para su provecho. De ahí que hasta tenían el derecho de asesinar a esas personas “de su propiedad”, sin que fuera ilegal.

Un ciudadano también podía convertirse en esclavo si la ley así lo sentenciaba, como en el caso de no poder cumplir con sus deudas económicas.

Con vergüenza para la humanidad, el tiempo hizo que la esclavitud se convirtiera en un lucrativo negocio y las distintas sociedades organizaban caza de esclavos, sobre todo en Africa, para surtir los mercados.

Cuando el 25 de mayo el oficial Derek Chauvin inmobilizó a George Floyd arrodillándose sobre su cuello y produciéndole la muerte, jamás imaginó las consecuencias. La brutalidad policiaca también era algo natural cuando se arrestaba a un “negro”, pero esta vez el hartazgo social hizo click y personas de más de 30 ciudades de Estados Unidos y Canadá salieron a las calles para demostrar su furia por esa situación de grosera impunidad con la que operan las fuerzas que deben proteger a los civiles.

Esa rodilla estuvo en el cuello de Floyd durante 8,46 minutos. Esa cifra se convirtió en consigna y es el tiempo que le tomó a Chauvin matar por asfixia. “No puedo respirar...no puedo respirar...”, se quejaba el detenido. Esa prepotencia de menos de nueve minutos incendió el país y tal vez le cueste a Donald Trump su reelección, campaña en la que invirtió miles de millones de dólares en esfuerzos, negocios y conflictos con China, Venezuela, Rusia, Irán y Corea del Norte.

La rodilla más cara de la historia de la humanidad fue inhumana y asesina.

Esa rodilla, además de generar protestas, también encendió profundos debates. Y así como hoy no comprendemos cómo las sociedades de hace 160 años atrás encontraban natural la esclavitud, quizá las próximas generaciones tampoco comprendan cómo podía existir la brutalidad policiaca.

Sin embargo, en estos momentos hay tantas cuestiones de las que deberíamos avergonzarnos y que los que vendrán en el futuro podrán juzgarnos y con razón.

¿Alguien entiende porqué es natural que las cárceles sean un antro de miseria, de injusticia y de violaciones, con presos que hacen llamadas y extorsionan desde dentro de los muros cuando la ley promueve programas para rehabilitar a las personas privadas de su libertad?

¿Alguien puede explicar porqué es normal que la Policía dispare a niños y las autoridades encuentren justificación?

¿Alguien puede decir porqué es de público conocimiento que las causas en el Poder Judicial son injustas, siendo que este debería ser el pilar de la igualdad y del derecho para la sociedad?

¿Alguien es capaz de entender porqué durante décadas los miembros del Parlamento ganan tanto dinero y tienen privilegios que envidiarían las clases nobles, cuando que deberían ser verdaderos representantes del pueblo?

¿Alguien quiere intentar decir cómo es que teniendo tantas riquezas el país la gente se muera por la deficiente atención en salud pública?

¿Alguien fue capaz de silenciar las motosierras y de entender porqué destruyeron los bosques del país para beneficio de unos pocos?

¿Alguien puede negar que los ciudadanos son prisioneros de los funcionarios públicos corruptos y que es “vox populi”?

¿Alguien tiene la magia necesaria para revelar porqué luego de haber tenido ferrocarril, flota mercante y hasta una línea aérea, los ciudadanos deban viajar como ganado en chatarras o toda la economía depender del flujo de mercaderías a través de la vía fluvial?

¿Alguien podría adelantarse 50 años en el tiempo y ver cómo fueron las renegociaciones del tratado de Itaipú y asegurar que esos acuerdos no fueron para enriquecer a los gobernantes de turno?

¿Alguien puede negar que es común que las urnas tengan olor a pólvora y que luego desaparece con el aroma de los tratos que se hacen bajo la mesa?

En un mundo del revés, a 160 años de la guerra de Secesión, en EEUU las voces de “los negros” se unieron a las de los latinos, a las de los musulmanes, a las de las minorías y el presidente ordena usar la fuerza militar contra los civiles. ¿Para qué? ¿Con qué justificación o con qué derecho si el poder en la democracia pertence al pueblo? Para Trump y algunos militares, “para proteger al Estado”; para el hartazgo social y otros militares ese Estado no está a la altura de su investidura.

Llega la hora en que Dios y la Patria demandan a los gobernantes que se abroquelan en la excusa del “Estado” para no observar ni defender la Constitución y las leyes que juraron cumplir fielmente.

En el Norte unos 750.000 civiles dieron su sangre para que acabara la esclavitud y el mundo entero aplaude por las manifestaciones contra el racismo, sin embargo aquí, en Paraguay, el conflicto bélico contra Argentina, Brasil y Uruguay, fue “10 ó 20 veces más letal”, teniendo en cuenta que entonces murió el 90% de los hombres en edad militar.

Paraguay pagó con sangre un precio mucho más alto por dar a sus ciudadanos una vida digna y no de esclavos. Ese compromiso lo reafirmó en la guerra del Chaco con otro cheque de sangre de más de 30.000 soldados.

Pero el negocio de la esclavitud acá es muy fuerte y continúa, impune. Los esclavistas tienen diferentes nombres y como es costumbre rezan a Dios mientras que sus niños en la calle siguen mendigando, mientras que los “informales” apuestan a vivir un día más y “colaboradores” ganan un sueldo mínimo... con descuentos.

La esclavitud no ha desaparecido, sino que se ha modernizado. Los “negros” ya no trabajan a latigazos en los campos de algodón, sino que se convirtieron en criadas domésticas, en trabajadores con salarios ridículos, en consumidores tecnológicos, en reclutados militares que ciegos cumplen órdenes, en prostitución de mujeres y niños o en desplazados sociales por hambre o guerra. Todos son esclavos invisibles, así como las víctimas de las urnas, que en cada elección indefectiblemente son engañados.

Un revólver hace click antes de disparar y matar, una urna digital también hace click cuando el votante aprieta la tecla, pero también la conciencia colectiva hace click cuando los abusos son demasiados y la gente ya no está dispuesta a seguir tolerando y decide que es hora de un cambio.

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