Seguimos teniendo un Estado que es un mal administrador. Se impone que podamos dar cuanto antes un “fuerte golpe de timón” a través de la reforma estructural del Estado y eliminación de toda esa cantidad de gastos superfluos que “carcomen” a nuestro PGN cada vez en mayor magnitud.

Ya se ha dado un pasito con la media sanción del proyecto de ley presentado por Sergio Godoy, faltando ahora Diputados, en donde es probable que su aprobación sea mucho más complicada y discutida, pues es la cámara de los políticos y politiqueros a nivel nacional y en donde cada uno defiende “su propio gallinero”.

La superpoblación de más de 300.000 funcionarios distribuidos en los diversos entes de los 3 poderes del Estado no se justifica para nada, pues es bien sabido que tenemos a muchísima gente sin una función específica, incluidos los planilleros o “ñoquis” como los denominan en la Argentina, y que habrá que depurarlo y disminuirlo a como dé lugar.

Estamos en plena era de la tecnología y resulta triste que muchos entes sigan manejando sus flujos de procesos en forma manual, cuando que muy bien ya el 100% podía haberlo sido a través de la tecnología, lo cual permitiría que se pueda hacer una reducción sustancial en la plantilla de personal(no menos de 100.000), con lo cual el fisco podría tener un buen “respiro financiero” y junto a la eliminación de los demás gastos superfluos, oxigenar de forma importante al PGN dentro del rubro de ingresos corrientes.

Nuestro país posee ingentes necesidades en materia de salud pública, calidad educativa y obras de infraestructura, pero debido a la deficiente administración de los recursos financieros y humanos seguimos recurriendo a emisiones de bonos soberanos o empréstitos de organismos financieros multilaterales para la cobertura del GAP o brecha deficitaria que se nos presenta.

Somos apenitas un poco más de 7 millones de habitantes, pero nos damos el lujo de contar en los 3 poderes del Estado con esa inmensa cantidad de funcionarios, que siguen “desangrando” al erario, pues aprox. G.90 de cada G.100 que se recauda en concepto de impuestos y otros tributos, deben ser provisionados mes a mes al pago de sueldos y otros beneficios a los funcionarios activos además de los jubilados y pensionados, quedando solo G. 10 para poder distribuir entre salud, educación y obras de infraestructura.

La palabra reingeniería en términos simples significa tirar abajo “todo lo que sea grasa”. Es lo que se espera, pero no se hace y seguimos mal.

Estamos en plena era digital y de tecnología a full en todos los sectores de actividad, pero sin embargo resulta triste y hasta frustrante ver entes del Estado en los que muchos flujos de procesos que podría llevarlo adelante 1 sola persona los siguen haciendo entre 4 o 5, “para justificar” seguramente su permanencia en el puesto, implicando mes a mes tener que desembolsar montos millonarios para pago de sueldos y otros beneficios y cuando nos acordamos de salud y educación nos damos cuenta que la plata no alcanza.

Cuando nos preguntamos por qué eso, simplemente porque parecería que a muchos les asusta escuchar la palabra REINGENIERÍA, REFORMA Y REESTRUCTURACIÓN y deciden seguir con el “establishment” que cada vez más va en perjuicio de los ingresos del fisco.

Si bien nuestros indicadores macroeconómicos se mantienen relativamente estables, en contrapartida en varios sectores de nuestra microeconomía el ansiado efecto “multiplicador o derrame” sigue ausente, haciendo que en el 2019 muchas empresas se vieran obligadas a reducir su plantilla de personal o, en el peor escenario, cerrar sus puertas sin que hasta ahora muchos pudieran ver “la luz al final del túnel” y con esta crisis sanitaria se agravó aún más dado que muchas empresas tuvieron que cerrar y otras han dejado cesantes a miles de funcionarios, por haber dejado de operar y de facturar no generando fuentes de ingreso/repago para sueldos y gastos fijos mensuales.

Las políticas salariales del Estado y los beneficios adicionales deben ser revisados, reestructurados, disminuidos e incluso anulados de ser necesario, pues somos apenas un país de economía emergente y, sin embargo, queremos vivir como uno de PRIMER MUNDO. Allí radica la urgente necesidad de realizar una REFORMA ESTRUCTURAL DEL ESTADO A LA MAYOR BREVEDAD POSIBLE.

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