Rodolfo Vidal González murió en un accidente de tránsito en los Estados Unidos en el 2004, tras realizar una interesante tesis de doctorado para la Universidad de Salamanca sobre la acción propagandística de Walt Disney durante la Segunda Guerra Mundial. Dos años después, la universidad publica su obra que contiene un recorrido interesante sobre el rol de la comunicación en los procesos más conmovedores de la civilización.

Con la misma tinta china con la que dibujaban a Mickey Mouse, o el Pato Donald o Blanca Nieves, Walt Disney trabajó para los intereses políticos y militares de los Estados Unidos durante y después de la Segunda Guerra Mundial.

Pero no solo la mano que trazaba al Pato Donald se puso a dibujar aviones de guerra enseñando a las tropas cómo usar las innovaciones aeronáuticas o al gran público sobre los riesgos del nazismo, sino llegó aun más lejos, incluyó –invirtió se diría– el prestigio de sus personajes como el inefable Pato para que forme parte de las más de 1.400 producciones vinculadas a tales fines en menos de un lustro.

Así por ejemplo, en The New Spirit pone a todos sus personajes a enseñar al pueblo norteamericano cómo pagar sus impuestos para sostener la defensa de la nación; en Der Fuehrer Faces, Donald sueña que trabaja en una fábrica de armas de Alemania hasta que despierta feliz sintiendo que aquello fue una pesadilla; no importa, el mensaje sobre la escalada armamentística en el Eje, ya estaba instalado en los americanos con mucha más precisión y sentimiento que en una película documental.

No era fácil contraponerse al genio de Joseph Goebbels que había desplegado, ya bastante antes, una portentosa maquinaria propagandística destinada a visibilizar la preeminencia de la raza aria y los riesgos del sionismo que situaban, tanto en el terreno de la propaganda como la acción, como los enemigos de adentro con los que se debía empezar la tarea.

En rigor, la propaganda nazi era más amplia, estaba basada también en el anticomunismo, en la prédica sobre un estado social mucho más benefactor que el resto de las naciones, en la exaltación del poder militar y en el cuestionamiento al imperio británico.

Para contrarrestar a Disney, cuenta Rodolfo Vidal González, Goebbels visibiliza claramente que la animación norteamericana no tiene competencia posible en el campo de la producción de sentidos. Que así como los nazis se reconocían como los mejores propagandistas cívicos desde el discurso político y otras artes, en materia de animación el modelo Disney era insuperable.

El líder propagandista de Hitler buscó el camino más sencillo: reclutó a cien dibujantes y animadores publicitarios de aquel tiempo en Alemania, los encerró bajo las órdenes de un comisario artístico Karl Neumann y los puso a producir “El Pobre Hansi”. ¿Quién era Hansi? Pues, era un canario alemán que era perseguido por aves rapaces judías con idéntica estética Disney.

He releído el librito de Vidal González por estos días, porque se me ocurre que los que nos animemos a mirar la comunicación de las potencias desde el microscopio, así, con la misma pasión de los que buscan el nuevo meteorito desde el telescopio, veremos movimientos muy interesantes de cara al futuro.

China y los Estados Unidos aparecen como los jugadores nítidos, pero son muchos más y el ruido de la alineación sonará fuerte desde diferentes factores, esencialmente los económicos y financieros.

Afirmando esta teoría en una fuente confiable: el sábado último, la BBC de Londres publica un artículo que describe la tarea global de China por instalar “su verdad” de la mano del gurú del propagandismo oriental, Lijian Zhao, el joven portavoz de Asuntos Exteriores de China, a quien conocen como “El lobo”, refiriendo a una serie bélica popular en la potencia asiática que emula la ferocidad y el sentido patriótico de Rambo. https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-52671311#.

Se alinean las potencias para un futuro inmediato en el que unas y otras saldrán a pelear la hegemonía que les permita liderar en un mundo convaleciente y con los huesos doloridos por el encierro. Esa guerra sorda ya empezó, y es estruendosa y en uno y otro rincón ya empezaron a operar para vendernos su propia historia, porque de lo que no se duda es que la gran arma será la guerra comunicacional.

Será tiempo para leer el mundo con perspectiva crítica que no impedirá la pasión de ver cómo desde la comunicación –hace ya muchas décadas– se reemplazó el viejo rol de ablande que tenían la aviación y la artillería. Empezaremos a ver una película de lucha por la preeminencia. No es cualquier cosa. Será mucho más potente que el covid. Es seguro que sí.

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