EL PODER DE LA CONCIENCIA

Como lo habían vaticinado los expertos, el COVID-19 está por hacer estragos en América Latina. Algunos comparan la situación como la de un incendio descontrolado, que de China pasó a Europa y a los Estados Unidos, donde las llamas son más fuertes en este momento.

Aunque las informaciones acerca de la magnitud de la enfermedad en China se contradigan, el hecho es que en Asia la situación ya no está desbordada; en Europa, luego de ver su sistema sanitario rebasado y semanas de intenso dolor a causa de las muertes que se sumaban a un ritmo vertiginoso, los esfuerzos comienzan a dar sus frutos y en España, por ejemplo, por primera vez la cifra de curados en 24 horas supera a la de nuevos contagiados.

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Hoy, Estados Unidos es el que arde sin control y el fuego se extiende hacia el Sur, hacia nosotros. Con dos líderes regionales erráticos, Trump en el Norte y Bolsonaro aquí al lado, el panorama no se presenta muy bueno.

Sorpresivamente, sin embargo, el norteamericano, luego de minimizar los efectos de la pandemia, hace unas horas reprendió al gobernador de Georgia, Brian Kemp, por relajar las medidas para ralentizar la propagación de la enfermedad. Tal vez finalmente entendió que el nuevo coronavirus no es un juego y que por sus malas decisiones –cosa que él no reconoce– miles de sus compatriotas están como su política pregonaba “America first”, o sea, los estadounidenses primero... ¡pero en número de víctimas!

Bolsonaro, por el contrario, no aprende. Además de despedir a su ministro de Salud y hacer que su ministro de Justicia renuncie, también reprende a los gobernadores, pero a diferencia de Trump, el brasileño lo hace porque estos deciden seguir las recomendaciones de la OMS, y está obsesionado con su idea del comercio en “primer lugar”, al punto de que se enoja con sus vecinos porque todavía tienen cerradas sus fronteras.

En Argentina hablaron de “blindar” los límites con Brasil. Supongo que acá está presionando a su amigo Marito, quien todavía se mantiene firme, tal vez porque Mazzoleni se puede enojar si se reabren las fronteras.

Pero esas son especulaciones. La verdad es que en este momento la muerte espera con paciencia en la frontera con Brasil. Y las cifras son indiscutibles. El país vecino tiene más del doble de contagiados que el siguiente país latinoamericano con más infectados, Perú. Los brasileños cuentan más de 50.000 casos, en tanto que los incaicos suman unos 21.000.

Aunque Ecuador, que era el que presentaba peor panorama hace unas semanas, incluso con cadáveres por las calles de Guayaquil, casi iguala al número de fallecidos que Perú, unos 600, pero los ecuatorianos tienen menos de la mitad de contagiados: 12.000.

Comparando con Brasil, que casi registra 3.500 víctimas mortales, Chile y Argentina con poco más de 170, están casi “sanos”, aunque los transandinos tienen 12.000 infectados y los argentinos 3.500.

Paraguay lucha por priorizar la vida de sus ciudadanos, pero a un costo muy alto. Por un lado, están los “vulnerables” que siguen estoicos batallando contra el hambre, en parte debido a la deficiente gestión de Emergencia Nacional y por otra, por la inconsciencia de los avivados corruptos que roban los recursos que debían servir para salvar vidas.

Como en tiempos de guerra, cuando un soldado deserta, puede ser fusilado en el frente porque no hay tiempo ni contemplación para con los traidores, hoy los corruptos deben ser medidos con la misma vara. Al robar una mascarilla, al sobrefacturar equipos desprecian el esfuerzo colectivo y privan de oportunidades de vida a los demás.

¿Y por qué ser tan drásticos hoy si siempre hubo corruptos y ladrones en el país? Porque el rostro de este nuevo enemigo cambia constantemente y mata.

Hace unas semanas, la OMS reconocía que se había equivocado y que la tasa de mortalidad del nuevo coronavirus era mayor a la que inicialmente creía, y de 2,5% saltó a casi 10%. También mintió en cuanto al uso de las mascarillas; mientras los asiáticos –que ya tenían experiencia previa con cepas como las de SARS, gripe porcina o aviar– se sorprendían, porque los occidentales iban orondamente por las calles sin tapabocas, ellos los usaban sin excepciones. Nosotros las recomendábamos solo para los médicos... porque la cantidad con la que contábamos era insuficiente para todos.

También se creía que las mascotas eran inmunes; sin embargo, son varios los casos que contradicen esa teoría. Cualquier gato callejero que se cuele en nuestra cocina para llevarse la carne puede estar contagiado. Sí, la muerte tiene muchos rostros y puede entrar por la ventana cuando estamos durmiendo.

Y más, no solo debemos cuidar celosamente las ventanas, sino que la carne y todos los alimentos, puesto que la ONU advirtió sobre la hambruna de “proporciones bíblicas” que se aproxima y que podría matar a nada menos que 300.000 personas por día.

Pero lo peor, si puede serlo, es que hace apenas unos días la misma OMS también afirmó que solo entre el 2% y 3% de los contagiados desarrollan anticuerpos contra el COVID-19, lo que echa por tierra la teoría de “inmunización rebaño”.

Hasta que no haya una vacuna segura, siempre escucharemos la carcajada silenciosa y burlona del encapuchado que porta la guadaña. Espero que las personas tomen con responsabilidad la próxima cuarentena "inteligente” que anuncia el Gobierno, que es necesaria.

Y sobre todo, viendo la presión que viene desde los comerciantes del Este, no abrir las fronteras, porque esa debilidad será mortal.

Etiquetas: #Coronavirus

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