- Por el Dr. Juan Carlos Zárate Lázaro
- MBA
No podemos estar pensando continuamente solo en trabajar para poder vivir, pues sabemos que presenta mucha discontinuidad.
La gran mayoría de nosotros hemos empezado desde abajo en las empresas y paulatinamente en función a nuestras habilidades, actitudes y aptitudes que hemos mostrado a lo largo de nuestra carrera profesional hemos ido escalando peldaño a peldaño hasta llegar a posiciones directivas de relevancia.
Cuantos nos hemos iniciado laboralmente en alguna empresa trabajando como cajero, o como un auxiliar contable u en otra posición administrativa de relativa magnitud.
Cuantas veces también nos hemos sentido aburrido, efecto de la rutina del día a día, lo que en ocasiones nos ha tentado a holgazanear, y hasta “odiar” el trabajo que estábamos haciendo.
Cuando cada uno de nosotros en algún momento nos hemos puesto a reflexionar y tomar un café con nosotros mismos, es probable que pensando en voz alta hemos dicho:
Soy joven, estoy aún estudiando en la universidad la carrera que me gusta y si pongo de mi parte la mejor buena predisposición y contracción a lo que estoy haciendo pues en algún momento mis Jefes se darán cuenta y podría ser un trampolín para ir escalando posicionalmente dentro de la compañía
Muchos de nosotros hemos tenido la fortuna de ir creciendo paso a paso en lo personal y profesional hasta llegar a posiciones importantes dentro de las empresas en las que nos ha tocado trabajar, y tengo la cuasi plena seguridad que esos mismos sentimientos que los teníamos cuando estábamos posicionados en estratos inferiores dentro de la organización ya habrían dado un giro de casi 180 grados pues en la cima los días empiezan a ser diferentes.
Uno espera que se presente dramático, emocionante y desafiante pues estamos en un sitio en el que ahora tenemos a un equipo de trabajo a nuestro cargo y en el que tenemos que tomar decisiones en el día a día para la buena marcha de los trabajos bajo nuestra responsabilidad en función a los objetivos cuali/cuantitativos que de seguro nos asigna al principio de cada año la alta gerencia.
Y es allí cuando nos damos cuenta de que no todos los días pueden ser fantásticos, pues a pesar de la complejidad de tareas/responsabilidad que como directivos tenemos sobre nuestras espaldas, también habrán días relativamente aburridos, pero que serían excepciones pues es la adrenalina la que con casi seguridad se apodera de nosotros y tornan cada día en un nuevo desafío.
Como seres humanos que somos tenemos siempre que estar convenientemente preparados para el dolor y el placer.
Radica en cada uno ir ajustando nuestras expectativas de tal forma a que no nos entre el hastío, cuando nos sentimos aburridos y tampoco no explotar, sino tener el debido control de nuestra inteligencia emocional cuando se nos presentan situaciones complicadas en los que como directivos debemos de enfrentarlo con la necesaria asertividad y empatía pues vivimos en la diversidad de los seres humanos.
El aburrimiento es un estado mental superable, pues todo depende de que podamos ser proactivos, innovativos y creativos como para que nuestro día a día en lo personal y profesional se nos presente desafiante y en el que cada uno debe poner “la carne al asador” para demostrar lo que somos y lo que podemos ser y hacer como seres humanos y como profesionales.

