Paula Carro
Twitter: Carro_PaulaM
Cuando el reloj marcó las 8 de la noche de este lunes el deprimido tráfico de los últimos días se fue ralentizando aún más hasta su casi inexistencia. Cada tanto se veía pasar a alguna patrullera, pero nada más ¿Y los noticieros? Exhortaban a la gente a quedarse en la casa porque afuera, el enemigo invisible acechaba. ¿Quién podía anticiparlo? La gente dispuesta a empeñar su libertad en pleno año 2020 por no morir ni ser un vehiculo para que mueran los suyos.
La ficción de lo moderno e imparable de nuestras vidas tiene una fractura que hoy parece irreparable. Hacemos esfuerzos por contener la estructura tanto como podemos. Nos quedamos en nuestras casas para sostenerla entre todos con nuestras fragilísimas manos, pero el daño es incierto y a ratos, sobrestimulados con el exceso de información, nos parece irreversible. Y así tratamos de ganar tiempo, de “aplastar la curva”, frase que se ha puesto de moda, mientras tanto ni siquiera tenemos derecho a consolarnos con un abrazo, pues el peligro está en nosotros tanto como en los otros y nos impone el distanciamiento social para salvarles y salvarnos. Ayuda en momentos como este asumir y reasumir la temporalidad de las cosas.
¿Es el coronavirus la fractura? O, ¿es acaso el espejo de la fragilidad de nuestra ficción? Verdades que hemos asumido en Paraguay y en todo el mundo como absoluta, como la precarización de la salud y en contrapartida el despilfarro en cuestiones supérfluas (viáticos, combustible, sobresueldos para parlamentarios) cuya supresión del presupuesto público en los últimos días, hizo aún más evidente el manejo discrecional de los recursos genuinos de este Estado y también de otros en todo el globo.
Ahora bien, en medio de esta crisis, que nadie sabe en qué momento va a acabar, hasta ahora el gobierno paraguayo demostró un liderazgo inusitado y una capacidad de conducir el miedo ciudadano con firmeza hacia el consenso para decisiones drásticas, dolorosas, difíciles, pero necesarias y oportunas. Del otro lado, el de los ciudadanos, las medidas están siendo acompañadas con resignación y estoicismo, convencidos de que es la única manera, de salir librados más temprano que tarde de los efectos de la pandemia.
Naturalmente, los más golpeados con el distanciamiento social son los microemprendedores, y para ellos, las próximas semanas serán fundamentales en cuanto a las medidas dispuestas por el gobierno para sostenerles y sostener la economía en su conjunto, sostenida en una parte importante por las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) que emplean al 70 por ciento de la mano de obra del país. Este es uno de esos momentos en los que confiar en que así sea es casi la única salida, mientras se idean mecanismos creativos y nuevos modelos de negocios que les permitan sobrevivir.
Trabajo remoto, sustitución del comercio convencional por el e-commerce, y tantas otras alternativas que van aflorando en medio de la crisis. Algo es seguro la pandemia está haciendo cambiar el mundo en la forma como lo conocimos y todo lo que podemos hacer es adaptarnos. Lo hicimos antes como especie humana cuando reemplazamos la vida cazadora-recolectora con la revolución agrícola y más tarde lo hicimos en la revolución industrial. La crisis nos está llamando a hacerlo también en esta ocasión. Quizá no precisamente hoy, quizá en solo unas semanas. Por hoy quedémosnos en casa.