- Por Eduardo “Pipó” Dios
- Columnista
El ciudadano común no entiende cómo ciertos personajes siguen siendo parte del Gobierno Nacional. Uno no entiende, por ejemplo, cómo Petta o Nicanor, máquinas de hacer cagadas, en el caso de Petta por propia torpeza, soberbia o inutilidad más que deshonestidad, y a la inversa en el otro caso, siguen en los cargos pese a los reclamos y las múltiples denuncias de todos los sectores ya sean sindicales, mediáticos y políticos.
La mejor explicación que siempre solemos encontrar es la falta de liderazgo del presidente de la República. Este problema quizás responda por la mayoría de los errores y fallas de este gobierno.
Uno se pregunta qué es lo que teme tanto Mario Abdo Benitez para evitar deshacerse de estos personajes nefastos.
Por ejemplo, Petta no tiene siquiera el apoyo de algún sector del Partido Colorado, al cual dice pertenecer en este momento, ya que el ciudadano en cuestión tiene una afición a cambiar de carpa permanentemente sin importarle ir traicionando a todo el mundo por el camino, lo cual también se ve reflejado en su torpe actuar como ministro de Educación. Entonces, si el problema de dejar a Petta fuera del ministerio es sumar un opositor fuerte a su gobierno, creo que Marito Abdo está terriblemente equivocado. Petta fuera del ministerio sería un paria que podría, como mucho, refugiarse en la oposición sin pena ni gloria.
El caso de Nicanor Duarte Frutos, si bien no hay duda de su pertenencia política al coloradismo, es bien sabida la resistencia que genera en gran parte de la dirigencia y las bases republicanas, por su propia forma de ser y por los descalabros que ya ha realizado en estos últimos años, eso sin contar que se lo considera el mariscal de la derrota por haber enviado al partido a la llanura después de 50 años.
Si bien Nicanor, luego de 10 años de llanura y con un poco de los recursos mal habidos logrados en su, poco transparente, paso por la administración pública, siendo generosos con lo de “poco”, haya logrado un puñado de votos para colarse en la lista del Senado del partido en el 2018, no representa un rival muy importante ni para Colorado Añetete ni mucho menos para Honor Colorado, quien además no lo recibiría ni de buena ni de mala gana por haberse prestado al juego del no juramento de los senadores, promovido por el gobierno entrante y la oposición, y su posterior persecución sistemática a todos los funcionarios de Yacyretá que le parecieran cartistas o simplemente no se rindieran a sus pies.
Es momento de que el presidente de la República, aunque sea, finja ser líder de su sector e imponga las líneas de acción a seguir por los miembros de su movimiento, aunque esto les cueste alguna fuga, más importante que las dos que citamos más arriba.
El presidente Abdo debe demostrar no solo dentro de su movimiento que él tiene la lapicera, sino también al país que no ve en él un líder con la capacidad de llevar el buque a buen puerto hasta el 2023.
Querer excusarse en un supuesto dialoguismo, como quieren hacerlo aparecer miembros de su equipo político, no convence a nadie, sobre todo después de 18 meses de magros resultados en todas las áreas, adjudicables en una gran parte a la deficiencia en su liderazgo.
Justamente en este momento se encuentra ante un punto de inflexión en el que debe jugarse por la unidad del partido de modo de poder obtener gobernabilidad, para lo cual debe negociar la Intendencia de Asunción y de otras localidades y la presidencia de la Junta de Gobierno de su partido. Esto le debe estar creando una presión terrible a nuestro indeciso presidente, que ya ha dejado entrever su deseo de patear el problema o al menos uno de ellos, la Junta de Gobierno, para más adelante.
Aquí se encontrará con la negativa de Honor Colorado de cederle hoy la candidatura a intendente de Asunción a su delfín a cambio de la promesa de que más adelante apoyaría a un candidato de ese sector en la presidencia de la Junta de Gobierno, puesto que los de Honor Colorado serían muy inocentes en volver a creer en las promesas de un presidente que tanto les ha mentido.