• Por Augusto dos Santos
  • Analista.

Este país funcionaría mejor si tuviera en funcionamiento el ORDEREPEPOL, el “Organo regulador de peleas Políticas”. Si bien hubo causas relevantes en todo este tiempo, si uno se pone a considerar las motivaciones de las peleas de la clase política en el último decenio se encontraría con un volumen inconmensurable de vyroreíses que marcaron la agenda como, por ejemplo, que el día del tereré caiga en domingo o en día de semana o si la hora la cambiamos o la dejamos como está.

No está mal que los políticos vivan en pelea constante. Lo malo es que vivan en pelea constante por el vyrorei. Otra cuestión que nos debería tener bastante “rotos” es la ausencia absoluta de criterio en relación a los temas que merecen ocupar tiempo en el Congreso de la República y aquellos que los políticos podrían desarrollarlo únicamente en el escenario mediático.

¿Por qué es importante esto? Porque funciona bien en Dinamarca y otros países más serios. Se trata de un asunto que Arquímedes podría explicar mejor: cuando más se aloja de vyroreíses el debate parlamentario más se desaloja de cuestiones relevantes y estructurales. Pero definitivamente somos así (los latinoamericanos en general) y hemos resuelto resolver en el Senado o en Diputados un problema de sueldos del señor que arregla el jardín en el local partidario o cosas por el estilo.

Lo jodido es que si uno realiza un estudio serio sobre la performance del debate parlamentario en todos estos años se encontraría que no se sostuvo una hora de debate continuo sobre el futuro de la educación (por citar un ejemplo) sino –a lo sumo– se habló del presupuesto del MEC.

¿Cómo queremos cambiar el país si en su Congreso no hay tiempo para cuestiones que nos marcarán el futuro?

La razón es muy fácil de explicar: el Congreso es el garrote político que se encarga de dar un mazazo a cualquiera que quiera mover una pieza del “orden” que hace que las cosas funcionen sostenidamente mal.

Un ejemplo claro de esto es el arbitraje que se ejerce sobre los municipios: un municipio puede funcionar bien o mal dependiendo del volumen de simpatía que se tiene –en números– al interior del Congreso, solo por el interés que tienen las representaciones regionales en Diputados en defender a unos y enterrar a otros. Eso hace que el debate sobre los municipios ocupe un enorme tiempo –por no citar otros ejemplos similares– en señoras y señores que tendrían que estar centrando su debate en una agenda estructural en un país que pide a gritos el cambio.

¿Cuál agenda?

Una decena de diputados y senadores podrían ponerse de acuerdo y ocuparse de los temas cuya postergación nos entierra un poco más día a día. Por ejemplo: El cambio en la educación; la suerte de los pueblos indígenas; la Universidad; el narco y su agenda de violencia; el sistema penitenciario; el sistema de salud; el medio ambiente; las reformas necesarias en la gestión de los gobiernos locales y regionales; la inclusión social y económica; el futuro de la pequeña agricultura; el fortalecimiento de toda forma de expresión cultural; y podemos seguir citando el resto del día.

Un buen ejemplo es el debate sobre el financiamiento de Partidos Políticos. Sostener ese rango de preponderancia en la agenda parlamentaria quizás sea mucho pedir, pero valdría la pena el esfuerzo. Finalmente la gente en la calle sale a laborar todos los días para comer y educarse, para pagar la impagable salud y el transporte... y vestirse, si alcanza. Esta gente se merece que una porción de sus congresistas piense en su futuro.

Lo de ORDEREPEPOL es una joda, pero no estaría mal que alguna de las organizaciones de la civilidad o la Universidad produzca un estudio sobre la agenda de preocupación del Congreso vs los temas estructurales. Podría arrojar datos que nos ayuden a elegir mejor.

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