- Por Dany Fleitas
- Editor de Política
Este año todos vamos a ir a las urnas para elegir a nuevas autoridades municipales. El primer round se dirimirá en las elecciones internas de los partidos políticos, en julio, para luego llegar a la gran pelea final, en noviembre. Muchas cosas están en juego en esta oportunidad como el gran desafío de observar el desempeño de las máquinas de votación que serán implementadas así como el desempeño de los protagonistas directos: los candidatos, los partidos y movimientos y los electores. Por añadidura, vamos a saber si la gente se inclina más hacia los colores o prefiere apostar a las figuras. El comportamiento de la clase política también va a ser medida en las urnas, principalmente de los dos partidos tradicionales.
El Partido Colorado, fiel a su tradición de agruparse ante desafíos supremos, inició un anticipado diálogo para lograr la unidad al menos en los municipios de mayor caudal electoral. Sus principales objetivos son Asunción, Encarnación y Ciudad del Este. Esta ofensiva de la Lista 1 es producto de la experiencia, de años de ejercicio en el poder. Desde luego que la unidad granítica y total, en los cerca de 260 municipios, será algo difícil de lograr, pero sus principales dirigentes se pusieron metas reales y alcanzables. Al menos eso es lo que se puede percibir.
Enrique Riera y Nicanor Duarte Frutos fueron las dos únicas voces disonantes en torno al diálogo de unidad. En el caso del primero su discurso de choque se comprende, pues al interior de la ANR se constituye en uno de los contendientes por la titularidad de la ANR. Desde la perspectiva del segundo, creo que salió a contramano porque en teoría pertenece al oficialista Colorado Añetete, cuyo líder está impulsando un acercamiento con el otro sector mayoritario, que es Honor Colorado. Se enfrentó innecesariamente la dirigencia colorada más antigua. Su actitud de llamar la atención es solo atendible si es que se encuentra preparando una plataforma política paralela con miras a otros desafíos electorales, que no me extrañaría. De todas maneras, con estas escaramuzas, la ANR se perfila como un gran protagonista en las elecciones camino a recuperar municipios.
Bajo las carpas liberales, los engranajes no están bien aceitados, pues el grave problema del PLRA es que le tiene a un impresentable al frente: Efraín Alegre. Este dirigente ha demostrado que es un espantavotos elecciones tras elecciones. Como cabeza de un partido centenario, que tiene una historia de lucha importante frente a los colorados, en vez de devolver la confianza a su afiliados, de hacerles creer en sus propias fuerzas y de que “sí se puede”, impulsa de nuevo gestiones para una alianza o concertación con otros partidos o movimientos pequeños. El “mensaje” es claro: vamos a pelear con los demás porque solos no podemos. Así, con cada nuevo desafío, el PLRA va perdiendo identidad y es absorbido por otros movimientos.
Las chances del PLRA en las municipales solo dependerán de las figuras que tengan, siendo un factor negativo para sus aspiraciones la paupérrima gestión que hicieron en este período 2015-2020 los que se están yendo. Me refiero a municipios de Central como Mariano Roque Alonso, Limpio, Lambaré, Villa Elisa, entre tantos otros. La corrupción y deficiencia van a pagar caro, pues la gente no se olvida. Habría que ver qué hacen el Frente Guasu (solo concejalías), el PPQ, PEN, Hagamos y demás, pues estos también se aferran a los liberales para sacar tajada de la estructura partidaria que pocos tienen. Va a ser un pulseada interesante con miras al 2023.