• Por Augusto dos Santos
  • Analista

Juan hubiera sido muy importante en este tiempo en el que nadie nos escucha sobre que al dengue se lo combate con una campaña cultural y no con ese show mediático inocuo de las mingas ambientales. Si yo tengo un perro con pulgas no elimino las pulgas con una jornada de 5 minutos de lavado del perro frente a las cámaras de televisión sino sanitándolo durante toda la vida. Juan lo hubiera explicado mejor.

Juan tenía, además de ciencia y sabiduría, la capacidad poco paraguaya de no escandalizarse desde la perorata sino desde la tibia ironía. Si Juan hubiera visto el video distribuido por el MSPBS en los últimos días sobre cómo combatir el dengue, sencillamente hubiera dicho: “No se burlen, es tan estúpido que puede llegar a gustar a un universo importante de estúpidos o por lo tanto, a una parte substancial de las autoridades”.

Juan tenía el superpoder que se necesita para estos tiempos: la capacidad de desconstruir conceptos. Un día trabajamos durante toda la jornada diseñando un proyecto de comunicación para pescadores de la zona de Yacyretá que necesitaban mejorar sus sistemas de mercadeo y librarse del abuso de sus intermediarios. Cuando terminó la jornada Juan tomó la palabra y dijo “el proyecto se ve muy bien, pero no sirve para nada. Trabajemos uno nuevo mañana”.

Falta Juan para que desde su autoridad explique que hace tres lustros estamos perdiendo tiempo en el abordaje de la lucha contra el dengue; que el dengue está ganando la guerra porque las políticas públicas están tan desatinadas que lejos de mitigar se encuentran potenciando. Y esto es muy fácil de explicar: el “combatir el dengue” con mingas ambientales en los meses críticos como única estrategia es como dormir con una mamba negra solo porque se tiene un antiofídico en la heladera. Hace 20 años no tenemos un solo plan estructural para acabar con el dengue, solo tenemos paliativos; peor aún, para los casos en que puedan ser efectivos.

Juan Díaz Bordenave (1926-2012) fue uno de los comunicólogos más importantes del continente y desde su legado lo sigue siendo.

Muy joven empezó con la Agronomía en Argentina y se consolidó con un Doctorado en Comunicación en los Estados Unidos. Desde los 60 se unió a una potente corriente que pensó la comunicación como herramienta de desarrollo de los pueblos (Comunicación para el desarrollo). Proclamaban que los ciudadanos debían formar parte de los procesos de cambio educativo para que se convirtieran en agentes de transformación. Justo lo que necesitamos hoy en esta coyuntura.

Todo empezó –metodológicamente– con políticas muy simples de los Estados Unidos de la posguerra donde se unió el extensionismo rural (estrategia para transferencia tecnológica) con la comunicación participativa (estrategia de apropiación). Curiosamente, pese al sitio donde se abrevaron teóricos de esta nueva forma de comunicar; ello cobró fuerza y relevancia posteriormente en las corrientes de pensamiento motorizadas por las teorías de Paulo Freire.

Hubiera sido importante que hoy Juan Díaz Bordenave nos cuente cómo se hace para involucrar a todos los que hoy miran por televisión el show de las mingas ambientales. A incorporarse de las butacas y a ser parte de la solución. Hubiera sido vital que nos explique que todos somos padres irresponsables de un mosquito que criamos con amor en nuestras casas y matamos con saña cuando un ministro de Salud anuncia que empezó la temporada de caza.

Falta Juan para que explique a estos que el dengue no se elimina matando mosquitos, sino fumigando una forma cultural de convivir de espaldas al medio ambiente.

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