Por Paula Carro

Twitter: Carro_PaulaM

El bochorno del hallazgo de errores de ortografía en los libros de matemáticas que el Ministerio de Educación y Ciencias (MEC) se alistaba a repartir en las escuelas y colegios públicos del país es una vergüenza por donde se lo mire, pero el abordaje que recibió el escándalo desde la cúpula del ministerio es una prepotencia e ignorancia inexcusables para las autoridades de una institución que tiene a su cargo nada menos que la conducción de políticas públicas en materia educativa.

No fueron pocos quienes en su momento dudaron de la idoneidad de Petta para el cargo de ministro de Educación. En esta ocasión, y después de que publicara un tuit a la 1:00 de ayer martes responsabilizando indirectamente al órgano financista de los errores en los libros, es decir, a la Unión Europea, más de uno estará dudando también de su cordura.

Eso sin contar que antes, siempre coherente con la ausencia de tacto que le caracteriza, dijo que los errores en los libros no serían enmendados y que los niños tendrían la “tarea” de corregirlos, sometiendo aún más a todo el sistema de educación pública a la burla.

Pero al tuit del ministro le habían precedido otros exabruptos igual de importantes. Como el del viceministro Roger Cano, quien en conferencia de prensa, consultado sobre el monto que se había invertido en los libros plagados de errores, no tuvo mejor idea que manifestar que esos materiales habían sido pagados con una donación de la Unión Europea y no con dinero del presupuesto público. Un argumento que falta a la verdad, pues no hay donación que no ingrese al presupuesto público, pero que además agrede a una institución amiga del Paraguay que con sus aportes suple el déficit del Estado en políticas públicas.

Solo en programas de educación, la Unión Europea invirtió en los últimos años 14 millones de dólares en Paraguay del dinero de los contribuyentes europeos, que fueron transferidos directamente al Ministerio de Hacienda.

Ahora bien, la prepotencia y la comunicación agresiva del ministro, que nos pueden provocar incluso un innecesario conflicto diplomático, no deberían desviarnos del tema principal: en medio de este bochorno puede verse la espantosa falta de pericia y control por parte del MEC en materiales que llegan a las aulas y, en contrapartida, el esfuerzo que se ha hecho desde la misma cartera estatal por diluir responsabilidades individuales y sobre todo privadas (como en el caso de la empresa que editó esos libros), al punto de llegar al absurdo de culpar a la cooperación internacional que financió la publicación.

El escándalo con libros plagados de errores y el abordaje que le dieron en el MEC a la cuestión nos pueden llevar a revisar que la falta de políticas públicas en temas específicos y prioritarios para el país no siempre es un problema de falta de recursos materiales, a veces el problema es la falta de materia gris y lo segundo es más difícil de corregir.