Es común que tengamos dentro de nuestras empresas a personas que continuamente se están quejando por cualquier minucia, convirtiéndolo ya casi en un hábito.

Como ejecutivo que eres, también está entre tus funciones tratar de entrenar a tu gente a que no se queje a menudo por cualquier cosa y que muestre la resiliencia necesaria ante diversas situaciones.

Muchas veces resulta difícil evitarlo. Es bueno adoptar como costumbre si te llegaren a traer a tu despacho algún problema que paralelamente también se acostumbren a traerte sugerencias de solución para el mismo.

Es sano hacer que la gente que trabaja cerca nuestro se acostumbre a pensar y que traiga entre manos alguna idea o alternativa de cómo se podrían solucionar los problemas que se van suscitando.

Es bueno acostumbrarse preguntarles: ¿Qué te gustaría que hiciéramos al respecto?

Una anécdota que había leído en un libro, decía: que el mejor director con el que habían trabajado llevaba estos temas aún más lejos y acostumbraba a pedirle a sus subordinados que les dijeran en primer lugar cuál creían que podría ser la solución y en base a ello que se los dejaran poder acertar de cuál se podría tratar el problema. Buena estrategia.

En muchas ocasiones este jefe logró evitar de que permanentemente los subordinados fueran a su oficina con un problema, pues los forzaba a que pudieran encontrar la solución alternativa, dado que aplicando la “ley del menor esfuerzo” nos encanta ir con problemas y más problemas sin hacer trabajar “al marote” y ver también nosotros que somos parte del equipo cual podría ser la solución y no dejar todo en manos del jefe a que sea al final él quien tenga que “elucubrar” la solución a todos los problemas.

Estos tipos de ejercicios mentales incluso ayudan a que todos puedan tener una participación más activa, pues saben que el jefe ante problemas que se presenten y que nunca faltan les solicitará qué solución alternativa ellos ven al tema.

En el siglo XX la gente estaba muy mal acostumbrada, limitándose a hacer el trabajo que les correspondía y no iban más allá buscando aportar a la organización un valor agregado que le permitiría ser partícipe de opiniones, sugerencias y recomendaciones sobre distintos temas, a sabiendas de que tiene un jefe o supervisor que les da participación activa, lo cual hoy día con los millenials y los jóvenes de la generación Z es “moneda corriente”, pues es lo que más les atrae dentro de sus trabajos, sintiéndose realizados cuando sienten que más allá de sus tareas rutinarias están dando un aporte adicional a la compañía, lo que hablaría muy bien de elles, ya que eso constituyen la actitud, aptitud y ductilidad de adaptación a diversas situaciones, lo que más se aprecian de los subordinados.