• Por Bernt Entschev
  • Fundador de The Bernt

El otro día cuando estaba yendo del hotel al aeropuerto después de haber visitado a un cliente. Cuando el taxista se detuvo en un semáforo, observé a través de la ventana un edificio muy hermoso con un letrero que era aún más hermoso, que decía “Secretaría Municipal de Apoyo a las Personas con Discapacidad”. Al dirigir la mirada a la acera que rodeaba el edificio vi que: no había en ningún lugar un bordillo rebajado o un acceso que permitiese que un usuario de silla de ruedas ingrese fácilmente a ese edificio.

La situación me llamó la atención debido al hecho de que la esencia de esa secretaría es ayudar a las personas que necesitan políticas públicas que les ayuden a insertarse en el contexto social. Mi conclusión, mirando desde afuera, la sensación que me dio es que, desafortunadamente, la entidad es solo otra más de las creadas para no funcionar en nuestro país.

Transportando esto al mundo corporativo, debemos pensar en este mismo contexto. ¿Mi empresa es inclusiva o es una “fachada y una valla publicitaria” bonita cuando se trata del tema? ¿Hasta qué punto es realmente inclusiva, es solo marketing social o es algo que está en sus valores?

El respeto por aquellos que son diferentes es la primera lección que las empresas que afirman ser inclusivas deben aprender. La inclusión en las organizaciones es muy amplia: necesita, por ejemplo, ofrecer un acceso adecuado a las personas en sus instalaciones, espacios internos adaptados a quienes tienen necesidades. Es necesario romper los prejuicios con respecto al color, la religión, el sexo, género y así sucesivamente.

Este proceso de inclusión debe provenir de la empresa, dando ejemplo a sus colaboradores y tratando de sensibilizarlos sobre el motivo de esa política aplicada. Si es algo verdadero, el público interno termina absorbiendo y viviendo ese contexto de forma natural.

En otra organización que estaba visitando en el norte de Brasil, a la hora del almuerzo noté que dos personas con discapacidad visual almorzaban con sus compañeros de trabajo sin problema. Se reían, contaban chistes y confraternizaban en la mesa, incluso esa mesa, en algunos momentos tenía algunas migajas del plato de esas dos personas. Los colegas que estaban con ellos no los ayudaban a limpiar el espacio, ya que sabían que esta no era la actitud más adecuada para ese contexto. Esto es un entendimiento experimentado por los empleados y que la empresa ciertamente ha logrado de alguna manera transmitir a su público.

El mercado valora efectivamente a las empresas con este perfil. Pero, sin duda, la mayor ganancia que se tiene al adoptar la inclusión dentro de las organizaciones es la satisfacción de los profesionales que vivirán este respeto y tenderán a ser defensores de la marca e incluso más productivos en sus actividades.

Llegó el año 2020 y con él innumerables posibilidades para llevar a cabo proyectos dentro de las organizaciones. ¿Qué tal poner el tema ‘inclusión’ como una meta para los próximos meses? ¡Queda el aviso!